No hay lugar que no haya dañado el ciclón Idai

blogeditor · 2 de mayo de 2019

No hay lugar que no haya dañado el ciclón Idai

La enfermera mexicana Sandra Platas está en Mozambique atendiendo a la población que quedó afectada por el paso del Ciclón Idai, hace casi dos meses. En esta entrevista nos comparte la atención que presta Médicos Sin Fronteras (MSF), su trabajo en el terreno con la comunidad y la situación actual de las personas que fueron víctimas de este desastre, que se cobró la vida de al menos 602 personas y borró los hogares de casi 240 mil.  

¿Cuál es tu rol dentro del proyecto de MSF que atiende la emergencia en Mozambique? 

El 10 de abril aterricé en Beira, una de las ciudades más grandes de Mozambique y de las más afectadas por el ciclón Idai. Los primeros días trabajé con un equipo de médicos, enfermeros, logísticas y expertos en agua en el centro de cólera que se abrió en Beira, apoyando y supervisando las actividades de los enfermeros en el centro de tratamiento de cólera. Cuando los casos de cólera comenzaron a disminuir, partí al distrito de Buzi para trabajar en las clínicas móviles junto con otros médicos y enfermeros, brindando atención médica en los diferentes poblados: Guara, Inharingue y Chindo. En esto lugares la población se encuentra desplazada, viviendo en casas de campaña, sin acceso a servicios sanitarios y a atención médica.

¿Cómo es tu día a día allá? 

Comienza a las 6 de la mañana. Me levanto, preparo una taza de café mientras Richard (el otro enfermero) y yo, organizamos el material y los medicamentos para las clínicas. Actualmente somos dos equipos llevando las clínicas móviles y nos rotamos para visitar los diferentes poblados, viendo alrededor de 140 pacientes al día.

A las 7:00 a.m. salimos hacia la comunidad. Algunas veces tomamos un bote cuando hay que cruzar río, y otras veces, vamos en coche. El camino suele ser bastante complicado entre toneladas de lodo y estancamientos de agua.

A partir de las 8:00 a.m. nos instalamos en el lugar donde montamos la clínica: una unidad de triage (evaluación de primer contacto), sala de espera, observación, consultorio medico y farmacia. A partir de las 8:30 comenzamos consulta. También trabajamos con equipos nacionales que nos apoyan en farmacia, promoción de la salud, y también con traductores.

¿Cómo ves a la población y sus afectaciones?

Están intentando salir adelante, pero el camino va ser largo y difícil. No hay lugar que no haya sido dañado por el ciclón. Escuelas, hospitales, casas, negocios, han quedado en ruinas, o completamente destruidos. Es necesario el apoyo para la reconstrucción de la infraestructura, para que los servicios hospitalarios y educativos vuelvan a seguir funcionando. Las limitaciones de no tener acceso a agua potable y alimento dibujan un panorama todavía más difícil, sin embargo, se está trabajando para que las personas tengan las necesidades básicas cubiertas y el equipo de MSF se encuentra apoyando la reparación del techo del Hospital de Buzi.

A pesar de que Mozambique ha recibido ayuda por parte de múltiples actores y se están tratando de cubrir las necesidades de manera inmediata, la desesperación, la tristeza de quienes han perdido sus tierras, su casa y su familia es un proceso que le llevará tiempo a la población.

¿Cómo es tu trabajo con la comunidad?

Es bastante cercano, y eso es algo que me gusta muchísimo. A diario estoy en contacto con la gente y es gratificante ver cómo a pesar de las diferencias de idioma y de cultura, una sonrisa, una mirada de empatía es significativa para crear un vínculo de confianza, poder escucharlos y atender sus necesidades.

Foto: Médicos Sin Fronteras.

¿Tienes alguna historia que nos quieras compartir?

Si, hace unos días tuvimos una pequeña paciente que llegó porque se había caído y su madre se quejaba de que no podía caminar, aparte tenía fiebre. En cuanto la revisamos la niña tenía malaria y una probable fractura de rodilla, por lo que decidimos trasladarla junto con su madre para que pudieran realizarle radiografías y darle la atención necesaria. Durante el viaje en el coche la pequeña iba con una cara de miedo y lloraba. No quería despegar sus ojos de ella. Al llegar a tomar el bote para cruzar el río, uno de mis compañeros le regaló una paleta y en cuanto se la dimos su cara cambió de inmediato, se encontraba feliz, y ya no nos veía asustada.

Al final de una larga jornada estos pequeños momentos nos alegran el día, nos motivan a seguir haciendo el trabajo con el corazón para quienes más lo necesitan.

Esta esta misión es muy especial porque es la primera como integrante de MSF. La he encontrado llena de retos, pero a la vez con la confianza y satisfacción de que estoy comenzando mi labor donde quiero estar.

@MSF_Mexico