blogeditor · 2 de noviembre de 2016
Llevo más de un cuarto de siglo escuchando que la PGR está sumida en el desastre. Realicé ahí diversas funciones de investigación académica y asesoría durante la primera mitad de los noventa; fui testigo de que a varios de sus titulares les presentaron diagnósticos internos y en más de una ocasión la recomendación principal fue nada menos que reconstruir completamente la institución. Uno de los ejercicios de auto evaluación incluyó la entrevista a cientos de mandos superiores y el estudio encontró el caos en la gestión de procesos y recursos de todo tipo.
Eso sucedió hace más de 20 años. En el 2012 el entonces procurador Jesús Murillo Karam habló de una institución “desmantelada”; dos años después él mismo la describió como “pulverizada”, explicando que a la PGR “le habían quitado toda la capacidad investigadora que tenía” y “le habían eliminado incluso la capacidad ministerial”. El pasado miércoles 26 de octubre, el ahora procurador Raúl Cervantes Andrade afirmó: “no tenemos ni hemos tenido capacidades reales de investigación del delito, técnica, profesionalmente hablando, científicamente hablando; no hay protocolos suficientes para los delitos que más agravian”.
Solo unos días antes, el 16 de octubre, centenas de personas y organizaciones de la sociedad civil dimos a conocer un comunicado dirigido a los presidente de la República, del Senado y de la Cámara de Diputados, proponiendo un diálogo nacional para construir una Fiscalía General de la República que verdaderamente sirva, evitando transferir a ella los vicios acumulados de la PGR. En específico enfatizamos la necesidad de poner a discusión la selección del capital humano y el desarrollo del perfil claro para el titular”.
Ahora lo sabemos, en realidad el presidente Peña y el Senado ya tenían sus planes hechos. En menos de 24 horas ambas instancias designaron y ratificaron a Raúl Cervantes. Por lo demás, la lectura de la versión estenográfica de su comparecencia del 26 de octubre ante la Comisión de Justicia del propio Senado, no deja lugar a dudas: ha sido designado para diseñar y encabezar la Fiscalía General de la República.
Son estos momentos los que nos recuerdan de qué está hecho el arreglo político en México. Mientras la sociedad civil y la academia llaman al diálogo al poder público, movidos por la esperanza de alguna vez construir un Estado de derecho en México, los planes en realidad ya están hechos. Bordados en un tejido de acuerdos que ni siquiera imaginamos, los pactos se cocinan lejos, muy lejos de nuestras miradas y a contrapelo de nuestra esperanza. Nos ahoga nuestra propia ingenuidad. Parece que no entendemos que no entendemos.