Redacción Animal Político · 24 de abril de 2025
Últimamente, me he encontrado en varias discusiones y foros defendiendo la oportunidad de México para manufacturar paneles solares. La crítica principal que recibo ronda sobre México no pudiendo competir ni en precio ni en avance tecnológico contra los paneles solares chinos. Eso es cierto, pero hay factores más importantes. A continuación, enlisto mis argumentos sobre por qué México –y el mundo– no debería importar paneles chinos en su transición energética.
En mi hogar, como en muchos otros, compramos huevos de gallina libre. Las marcas de ropa que utilizamos tienen estándares laborares y no emplean, por ejemplo, niños. En ambos casos, pagamos más por esos productos y lo hacemos con gusto. En un libro publicado hace unos años, dos autoras demuestran que toda compañía china involucrada en la cadena de valor de paneles solares utiliza trabajo forzado en algún segmento. Esta forma de esclavitud moderna se enfoca sobre la comunidad uigur y otras minorías musulmanas bajo detenciones arbitrarias y prácticas consideradas como crímenes a la humanidad por organismos internacionales. A través de estas detenciones y del trabajo forzado, se busca la asimilación y eliminación de su identidad cultural y religiosa. Efectivamente, los paneles solares chinos son muy baratos. Pero ningún hogar ni país debería apoyar esta práctica.
El carbón juega un papel fundamental en la industria china. El carbón es también una de las fuentes de energía más sucias. Así, e irónicamente, un panel solar cuyo objetivo es generar electricidad verde es, de hecho, sucio si se manufactura en una industria basada en carbón. El cambio climático es un problema global, por lo que emisiones en China o en México tienen el mismo impacto. La industria mexicana está basada en gas natural, que es mucho más limpio que el carbón. Por lo tanto, trasladar la producción de paneles hoy a México tendría impactos positivos en la lucha contra el cambio climático. Pero el verdadero potencial de México está en explotar sus recursos renovables para producir tecnologías verdes a través de fuentes verdaderamente limpias.
Los paneles chinos son muy baratos y fáciles de importar e instalar. Sin embargo, existen casos alrededor del mundo donde, ante fallas, resulta imposible contactar y/o responsabilizar al productor chino. Asimismo, los paneles chinos son tan baratos que son imposibles de desensamblar para reciclar. Esto será un problema en el futuro. Los paneles solares tienen una vida estimada de 25 años e importar la opción barata china nos dejaría con toneladas de “basura” solar en algunos años. En cambio, si se manufacturaran localmente, el proveedor puede garantizar su correcto funcionamiento, reparación y reciclaje.
La tecnología solar fotovoltaica a base de silicón fue popularizada en los años 50 por científicos en el laboratorio estadunidense Bell Labs. Si bien los chinos han reducido los costos dramáticamente y mejorado su eficiencia, es una tecnología madura y no fuera de alcance. Es más, si Plan México pretende producir satélites, la manufactura de paneles solares debe ser factible.
Los paneles solares chinos son primordialmente de silicón. Dominan el mercado por su bajo costo y mayor eficiencia a comparación de otras tecnologías. Dicho eso, paneles solares de película delgada, cuya tecnología es liderada por empresas estadunidenses, son más fáciles de manufacturar, a pesar de tener eficiencias menores. Dado el vasto recurso solar que tenemos en México, valdría la pena sacrificar esa eficiencia por la facilidad en manufacturarlos nacionalmente.
Sobre el último punto, la dosis de realismo que añado es la siguiente. Por múltiples razones, nuestro principal socio comercial siempre será Estados Unidos. Con ellos hay que explorar mecanismos de desarrollo que le permitan a México romper con dependencias tecnológicas y financieras en beneficio de ambos países. La transferencia de tecnología de paneles de película delgada como alternativa a importaciones de paneles chinos en ambos países sería un instrumento dentro de estos mecanismos.
En resumen, por cuestiones éticas, de cambio climático, sustentabilidad, innovación, adaptabilidad y relaciones comerciales, México no debe importar paneles solares chinos. Al contrario, su manufactura en el país es una oportunidad para promover industrialización enfocada en segmentos de alto valor agregado.
El otro argumento a favor de los paneles chinos que escucho frecuentemente es que, en la lucha contra el cambio climático, tecnologías limpias deben desplegarse lo más rápido y baratamente posible. Como ya argumenté, un panel solar chino no es “limpio”. En cuanto a la rapidez, México no ha cumplido con sus compromisos climáticos internacionales en más de una década, pero no creo que sea el momento para apresurarlo, sobre todo considerando que son los países ricos y últimamente China e India los principales responsables. Al contrario, es momento de tomarnos el tiempo para diseñar y aprovechar esta oportunidad de industrialización. Sobre el argumento del costo, simplemente les respondo: una transición justa e incluyente no puede ni debe ser barata.
* Carlos Guadarrama es un experto internacional en política energética y beneficios socioeconómicos. Se especializa en el diseño y análisis de políticas para energías renovables y para transiciones energéticas justas e inclusivas. Ha enfocado su trabajo en África, Asia y Latinoamérica, desde organizaciones internacionales como el Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA). Es egresado del ITAM, de Harvard y está cursando el doctorado en Oxford. Su opinión no refleja la de los organismos donde ha trabajado ni la de las instituciones donde ha estudiado.