blogeditor · 3 de septiembre de 2021
Estamos en la época de las estridencias. De un lado, unos quieren censurar y cancelar cualquier contenido que tenga algún viso de violencia, racismo, misoginia, discriminación, etc. Por el otro, los que vociferan en contra la “cultura de la cancelación” acusando a quienes la promueven de intolerantes y mojigatos.
Mientras se libra esa batalla en donde ambos bandos se descalifican, lo que está ocurriendo es que se deja de discutir el contenido en disputa.
Pongamos como ejemplo el caso reciente de la controversia que generó “Pepe le Pew”, la caricatura animada de la Warner Bros. Se trata de una animación de 1945 que retrata a un zorrillo (Pepe) con acento francés, que representa el estereotipo del “francés galante y apasionado”. La anécdota gira en torno a la búsqueda de amor y afecto por parte de Pepe, quien se percibe a sí mismo como un romántico, pero “Penélope Pussycat” -la gatita que es objeto de sus avances- lo encuentra insoportable. Pepe es incapaz de contener su espíritu apasionado lo que lo lleva a abrazar y a besar a la fuerza a Penélope, quien, horrorizada, huye cada vez que se lo topa. Parte de la comicidad de la situación se debe a que, en todas las ocasiones, Pepe confunde a Penélope con alguien de su especie, es decir, un zorrillo, porque la gatita invariablemente pasa por donde hay pintura fresca y se mancha el lomo de blanco. Esto último complejiza la historia, ya que aparentemente el rechazo de Penélope hacia Pepe es porque es de una especie distinta y no soporta su olor, característico de los zorrillos. ¿Si Pepe fuera un gato sería rechazado? Nunca lo sabremos.
La historia que en el Siglo XX era considerada cómica e incluso despertaba simpatía hacia el personaje, en el Siglo XXI se ve como una agresión machista que normaliza y justifica la violencia sexual. Evidentemente los marcos de referencia han cambiado y un objeto cultural debe juzgarse en función de los valores de la época en la que fue creado, no para minimizar su efecto pernicioso, sino para comprender su origen y discutir su impacto en la sociedad.
Es por ello que, en lugar de “cancelar” la caricatura y al personaje, valdría la pena rescatarlo y usarlo, por ejemplo, en las escuelas, para abrir la discusión sobre los estereotipos y la importancia del consenso sexual. Si lo que buscamos es desarrollar el pensamiento crítico en los niños y jóvenes, no podemos simplemente censurar los contenidos que consideramos negativos, hay que abrirlos a la discusión y hacer preguntas: ¿por qué crees que Pepe persigue a Penélope? ¿Está bien que la abrace y la bese en contra de su voluntad? ¿Es romántico forzar un beso? ¿Crees que es cierto que los franceses son más apasionados que los hombres de otras culturas? ¿Es válido hacer un estereotipo de todas las personas que forman parte de una misma cultura? ¿Penélope es responsable de alguna manera de la conducta de Pepe? ¿Por qué?
Al invitar a la audiencia a hacerse estas preguntas respecto a una obra controversial, se están construyendo una serie de reflexiones mucho más útiles para señalar las conductas nocivas que se retratan y ejercer una mirada crítica sobre ellas, en lugar de simplemente censurar un producto cultural que refleja las ideas y valores de otra época.
El mismo criterio debería aplicarse a todas las obras de arte que reflejan valores negativos, censurarlas no va a eliminar las conductas que se critican, en todo caso, es posible que contribuya a afianzarlas. Hay que discutir las razones por las que esos valores ya no se consideran moralmente aceptables y, a través de esa discusión, construir nuevas formas de concebir una sociedad más igualitaria, justa y respetuosa.
* Sophie Anaya (@sophieanaya) es Licenciada en periodismo (EPCSG) y maestra en comunicación (Ibero). En el sector educativo los últimos 12 años.