Niñas rebeldes, niñas de la guerra

blogeditor · 20 de junio de 2017

Niñas rebeldes, niñas de la guerra

No puedo dejar de pensar en esas mujeres que participaron en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial y a quienes el régimen les prohibió dar su testimonio o decir algo que pusiera en duda la imagen de la “mujer soviética”. Svetlana Alexiévich da voz en su libro La guerra no tiene rostro de mujer a las miles de mujeres (fueron más de un millón) que como francotiradoras, partisanas, enfermeras, choferes y muchos otros oficios, pusieron en riesgo su vida y combatieron por la Patria y por Stalin, y a quienes al finalizar la guerra y regresar a su hogar -si es que quedó en pie- se les ignoró y  se les prohibió contar una historia distinta a la oficial. Alexiévich pone en el papel el dolor, las lágrimas, las dudas de esas niñas, muchas de 16 años, que una noche se quedaron con la cabeza llena de canas por las experiencias vividas.

Me encuentro, por otro lado, con el libro de Elena Favila y Francesca Cavallo, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, que con una sencillez y una gran profundidad, presentan las historias de 100 mujeres extraordinarias. Un libro de cuentos para que niñas de todas las edades, chicas y cincuentenarias, nos deleitemos con las vidas de esas congéneres que hicieron una diferencia en la historia de la humanidad.  Se trata de esos libros que me hubiera encantado leer de niña y seguramente me hubiera causado muchos desvelos para enterarme de los detalles de todas esas historias.

Ambos libros me llevan a una intersección: esa en la que es urgente que rescatemos el valor de la experiencia vivida y los pasos andados por miles de mujeres que nos precedieron, que dejaron huella y que fueron ignoradas por la historia, por los libros, por el imaginario colectivo.  Se trata de esa intersección en la que las grandes hazañas sólo la llevaron a cabo hombres y las mujeres de sus historias se dedicaron a esperarlos pasivamente. Es esa intersección que minimiza el poder y la valentía de las mujeres que “no hicieron nada, sólo parieron críos y cuidaron sus hogares¨. Es esa intersección en la que sólo hay superhéroes en las películas y las heroínas son la excepción. Es esa intersección en la que un niño jamás se imagina que los Reyes Magos le puedan regalar una cocinita y una plancha y en la que por ningún motivo espera que en una situación peligrosa una mujer lo pueda rescatar, también esa en la que a una niña le prohiben subirse a un árbol en falda y sueña con que un príncipe la rescate dándole un beso.

Este es el  punto en el que nos encontramos, en el que la historia de la mitad de la población del planeta se ha ignorado, minimizado y ha sido contada por los hombres. Estamos también en un momento único, en el que podemos rescatar esas voces silenciadas e ignoradas, en que podemos validar la experiencia de todas las mujeres y en el que podemos escribir una historia nueva.

Podemos hoy contar a las niñas y los niños cuentos diferentes en las noches antes de dormir, en donde ambos tengan modelos que seguir de grandes, sin importar el sexo. Podemos reescribir la historia que conocemos, en la que se hable del rostro femenino de la guerra, ese rostro que se ha ignorado. En la guerra sólo se ha contado la historia del armamento, los números de muertes y las estrategias militares, pero hasta que Alexiévich les dio voz, no se había narrado la historia de la Segunda Guerra vista, vivida y respirada por las rusas que participaron en ella. Ojalá, de hecho, que lleguemos a contar una historia sin guerras y sin violencia.

Mis respetos y admiración para esas tres autoras, Alexiévich, Favila y Cavallo, que pusieron en blanco y negro (y de muchos colores) las experiencias, las palabras, las dudas, las lágrimas, las inquietudes y las aportaciones de infinidad de voces femeninas.  Aprovechemos esta gran ventana de oportunidad que hoy se presenta para que la igualdad se respire en todas las casas, para que padres  y madres lean a sus hijas e hijos cuentos de heroínas y héroes. Hagamos visible en todos los foros en los que no se visualice la igualdad que se está omitiendo y en las historias cotidianas en las que se minimice a cualquier mujer, hagámoslo evidente. Hagamos que la desigualdad y la misoginia tengan un costo para quien lo promueva, ya sea por acción o por omisión.

Tenemos la posibilidad de que las niñas de hoy, que serán las líderes del mañana, crezcan creyendo en su voz y sean capaces de contar historias de diversidad y pluralidad, en las que ser hombre o mujer tenga la misma importancia y en donde las niñas tengan ejemplos femeninos a los que aspirar cuando sean grandes.

Es hora de contar nuevas historias.

Nos toca.

 

@LaClau