blogeditor · 12 de abril de 2016
Tanta violencia me ha tenido muda. Me impacta la complicidad cotidiana ante el abuso y la violencia contra las niñas y mujeres. Se ha normalizado, se habla de ella como se habla de cualquier cosa. Los chistes sexistas se observan como anecdóticos, sin comprender que detrás de ellos hay una profunda denigración de las mujeres y una complicidad social y colectiva hacia el abuso como forma de relación.
Parece que toda demanda, señalamiento u observación es una exageración de las “feministas trasnochadas” y que el mundo como está es perfecto. Nada hay que cambiar en él.
¿Las cuotas? Son una exageración, que compitan “las viejas” con talento.
¿Paridad? Es un exceso, le falta capacidad y capacitación a las mujeres.
¿Acciones afirmativas? Son discriminatorias.
¿Un panel de puros hombres? No había mujeres para hablar del tema.
¿Perspectiva de género en las políticas? Rellenen con mujeres el evento y denles chamba en puestos que no sean de toma de decisiones.
[contextly_sidebar id=”YEOXsbMuJYaQxi3rZMVD66wFvrAZI9bq”]Cuando existan las condiciones que garanticen la igualdad de trato hacia las mujeres en los centros de trabajo, en la calle, en cualquier lugar –incluido internet como el nuevo espacio público de nuestro tiempo- que desaparezcan las acciones afirmativas. Mientras tanto, es necesario construir condiciones que establezcan un piso parejo para la participación igualitaria.
A esto hay que sumar esta violencia sutil, cotidiana y lacerante que respira en nuestras calles y que permea las miradas que desnudan a mujeres y niñas en todo espacio público y que se esconde en todos los rincones para que nadie la vea y ante la que las autoridades responsables de garantizar justicia y seguridad voltean la cara para no hacer nada.
(Nota: no he puesto nombres por una sencilla razón… hoy cada caso podría llevar el nombre de miles de mujeres y hombres y son hechos simbólicos que sólo ponen en evidencia las muchas historias cotidianas de miles de mujeres y niñas.)
La impunidad como pegamento que aglutina a esta sociedad. La impunidad como cómplice de la violencia y el acoso. La impunidad como forma de vida. La impunidad como el pan nuestro de cada día. La impunidad como esa piedra en el zapato que lastima e incomoda, pero con la que ya nos acostumbramos a caminar.
Me niego a decir “Ni modo, como soy mujer tengo que aguantarlo”. Me niego a que las niñas de hoy y mujeres del mañana tengan que caminar por su vida lamentando ser del sexo femenino y que salgan a la calle con miedo. Me niego a que tengan que pensar cómo vestirse para no “provocar” a los hombres. Me niego a que tengan que callarse cuando deberían denunciar porque las autoridades y la sociedad las señalan a ellas como culpables del comportamiento de sus acosadores o violadores. Me niego a que los medios de comunicación sigan ignorando la agenda de las mujeres y la importancia que la mitad de la población tiene y que sigan invisibilizando la violencia hacia ellas o presentándola como algo excepcional y aislado.
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Aplaudo a Animal Político por visibilizar esta realidad y prestar su voz a quienes no la tienen.
#NosQueremosVivas Salgamos el 24 de abril a las calles y digamos ¡Basta! La violencia NO es normal y no hay futuro posible cuando en el presente se ha normalizado.