Ni modo

blogeditor · 8 de octubre de 2021

Ni modo

Llorarlo todo, pero llorarlo bien.

Oliverio Girondo

 

2021 ha sido un año duro. Quizá tenga algo que ver que entre más años tengo, mayor es mi convicción de sentir sin resistirme. Estos meses he llorado más que nunca y he llorado bien. He llorado de felicidad y de gratitud, pero también he llorado de tristeza y he llorado consolándome durante el día y la noche, con una vulnerabilidad infantil y sin ninguna pretensión salvo la de hacerme saber que estoy conmigo. A lo mejor ser adulta significa saber llorar como niña.

Estoy cansada de perder. He tenido que aprender a perder de todas las maneras posibles. Y he tenido que aprender a abrazar y a despedirme, al mismo tiempo, de lo que la vida me da, porque no tengo ninguna certeza sobre el tiempo que permanezcan a mi lado las personas que amo, ni el tiempo que duren las situaciones que me hacen feliz.

A veces la permanencia no tiene que ver con las decisiones que tomamos, sino con las circunstancias que nos rodean. A veces las circunstancias son mucho más grandes que nosotros y que nuestro deseo. Y entre más grande es la felicidad, más grande es el dolor cuando se está del otro lado.

“Ni modo”, me repito constantemente porque, aunque sé que esto va a pasar, en este momento me parece importante rendirme y resignarme. Estar a cargo, supongo, también es saber arrodillarse y llorar. Llorar, como escribió Girondo, a lágrima viva.

Pero, con todo y todo, me rehúso a refugiarme donde no me alcance el dolor. Siempre preferiré que se me pulverice el corazón a que se me paralice. Sigo estando dispuesta a perder, con tal de ganar. Aunque sea por tiempo limitado. 

Ni modo, me digo. Y me suelto. Y me pongo. Me le pongo a la vida porque me gusta estar viva, esa es una diferencia brutal que se cocinó con los años porque antes, ante la tristeza o el dolor, me invadía la renuncia y ahora me invade la curiosidad de descubrir hasta dónde me alcanza ser yo.

Quién diría que la tristeza y la más profunda de las alegrías se podrían conjugar de tal forma que, aunque lo que deseamos deje de estar a nuestro lado, permanece una estela de gratitud y satisfacción por haber vivido lo vivido. Las puertas por donde sale aquello que se va son las mismas puertas por donde entran las posibilidades de ser feliz, por eso es mejor dejarlas abiertas.

Desde aquí, entre lágrima y lágrima, deseo que el mundo corra con la misma fortuna que yo de encontrar lo mejor de esta vida, aunque dure solo un instante.

 

@barbarahoyo