Ni azar ni mandato, maternidades diversas y habitables

blogeditor · 10 de mayo de 2022

Ni azar ni mandato, maternidades diversas y habitables

A mi hija, por acompañarme a conocer la madre que deseo ser

 

Brindar lactancia exclusiva a libre demanda tanto tiempo como la criatura necesite y procurar que los primeros años sea cuidada únicamente en el hogar, hacer colecho y estimulación temprana, garantizar una dieta saludable libre de alimentos procesados, enfrentarse a escuelas que buscan hacer comunidad con las familias y solicitan un sinfín de actividades no tanto a las familias como a las madres, destinar una cantidad enorme de tiempo a las crías pero asegurando que, además, sea tiempo “de calidad” que no les traumatice o genere inseguridades…

En todas las épocas y culturas existen modelos dominantes de maternidad ideal que invisibilizan y desconocen la multiplicidad de contextos y desigualdades que viven las mujeres, así como los efectos que producen en ellas, su desarrollo y bienestar personal, pero que igualmente calan profundo en el imaginario colectivo. El modelo actual es más exigente que nunca, pues se espera que el maternaje abarque, como antaño, los cuidados corporales y afectivos, pero también la escrupulosa atención al desarrollo psicológico, social e intelectual de hijos, hijas e hijes, mismo que se enuncia como determinante para el bienestar en la adultez y la armonía social. 1

Altos estándares, muchas exigencias

Gracias a la lucha histórica de los movimientos feministas, para muchas mujeres la maternidad ha dejado de ser un destino obligado, una evidencia natural, y ha pasado a ser una opción más entre otras. Si bien es cierto que aún no todas las mujeres del país pueden acceder a información, métodos, servicios de salud sexual y reproductivos o interrupción legal del embarazo, es innegable que ha habido avances que hacen que la maternidad sea menos el resultado del azar o un mandato, y más una decisión libremente adoptada. Pareciera entonces que, por tratarse de una elección, los “estándares de la buena maternidad” han subido considerablemente y las tareas maternales son cada vez más ambiciosas. Asegurar “crías perfectas” para contribuir al cambio social se vuelve entonces una opción moralmente incuestionable que subterráneamente satisface el narcisismo de las madres e incluso el imperativo de las sociedades de consumo: la familia ideal como algo más que se puede “tener”, presumir y que brinda cierto status.

Pretender cumplir este ideal representa para las mujeres un mayor confinamiento a las tareas del hogar y desdibuja el rol de los hombres así como del Estado y el mercado en los cuidados. Es inaccesible para las que no tienen ciertos privilegios y no deseable para muchas otras que los tienen. Elisabeth Badinter (2010), sostiene que pese a los esfuerzos de toda una generación de feministas por asegurar que las mujeres ocupen el espacio público, la ideología natural-maternalista ha encontrado adeptas en una nueva generación de mujeres que, en nombre de la maternidad radical, reivindican el cuidado exclusivo de sus hijas, hijos e hijes no ya como un deber sino como un derecho.

Ni buenas, ni malas madres, urgentes corresponsabilidades

Es terreno pantanoso meterse con los deseos de las personas, especialmente cuando hablamos de las mujeres a quienes históricamente nos han tutelado los deseos. Las luchas feministas procuran regresar la potestad de las mujeres sobre sus propios deseos y generar las condiciones para que puedan realizarlos. Sin dudas existen muchas que encuentran plena realización al dedicarse exclusiva e intensivamente a la crianza. Para muchas otras este estilo de maternar resulta imposible, agobiante y culposo. Más aún si se considera a quienes eligen habitar la esfera pública, donde se diversifican las exigencias: al modelo de buena madre se suman el de profesional ejemplar, el de ciudadana comprometida, tomadora de decisiones, transformadora, etc.

Es necesario problematizar y pensar críticamente los deseos, puesto que no se configuran en el vacío, sino que están moldeados social y culturalmente. Este modelo de buena madre que se presenta como versión progresista y moderna, en el fondo reproduce los estereotipos más tradicionales de roles y división sexual del trabajo que los movimientos feministas han procurado ampliar desde hace décadas. Exige a las madres disponibilidad completa y quita a otros actores de la ecuación, principalmente a los padres. Pero a diferencia de otras épocas, el modelo se impone menos por coacciones exteriores y se asume de manera voluntaria, reivindicado desde el deseo.

No hay una sola manera ideal de vivir la maternidad sino infinidad. Maternar en condiciones más felices y óptimas implica cuestionar el imaginario colectivo y avanzar a transformaciones sociales, políticas, empresariales y familiares que consideren esa diversidad y redistribuyan las responsabilidades de los cuidados.

* Eugenia Likar (@ISBeauvoir) es subdirectora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir.

 

1 Michelle Stanworth (1987) Reproductive technologies: gender, motherhood and medicine en Badinter (2010) La mujer y la madre.