Necroderecho y criminalización del color de la piel

Redacción Animal Político · 24 de enero de 2024

Necroderecho y criminalización del color de la piel

Actualmente los afroamericanos y los migrantes representan 60 % de la población carcelaria en Estados Unidos. En estas líneas nos proponemos analizar las leyes y políticas públicas que han contribuido a la criminalización de los afroamericanos como un ejercicio de necroderecho. 1 Esto se debe a que la política de la muerte (necropolítica) se ha instaurado a través de un aparato legal que justifica la disposición de la vida de los otros (necroderecho), aquellos que pertenecen a grupos vulnerables.

La inspiración para realizar este análisis viene del documental Enmienda XIII (2016) dirigido por Ava DuVernay. 2 Si bien el trabajo forzado está prohibido por la enmienda XIII (excepto cuando sea consecuencia de un castigo o la condena por algún delito; es decir, que la persona condenada —sobre todo migrantes y afroamericanos— se convierte en homo sacer 3 y es factible disponer de su cuerpo) es necesario destacar que los afroamericanos son criminalizados constantemente —basta recordar el caso de George Floyd—. Son una comunidad segregada que carece de recursos para pagar un proceso justo, lo que los conduce a firmar acuerdos de culpabilidad, aunque no haya suficientes pruebas.

En Estados Unidos, con Bill Clinton como presidente, aumentó el número de delitos que pueden ser castigados con pena de muerte: las penas por delitos relacionados con las drogas, la prohibición de cambio de la pena en delitos graves y cadena perpetua a partir de la tercera pena por delito grave (tree strikes). Además, promovió la iniciativa del “fiel cumplimiento de las sentencias” (los presos deben cumplir 85 % de la sentencia antes de acceder a la remisión); elaboró proyectos con recursos federales para que fueran destinados al sistema penitenciario privado, y puso en marcha el plan que elimina de las listas de programas de asistencia social los nombres de exreclusos que recibían la ayuda. En aquel país son pocas las prisiones estatales y federales, el resto son administradas por empresas privadas con recursos públicos; el gobierno firma convenios para que las prisiones privadas provean el servicio de encarcelamiento. “El complejo industrial carcelario, de manera general, es un conjunto de disposiciones e intereses políticos, económicos y burocráticos que corporativizan el castigo”, señala Davis en su libro Democracia de la abolición: prisiones, racismo y violencia. 4

Las prisiones cobran entre 40 y 60 dólares al día por cada preso y el Estado se obliga a mantener un número mínimo de prisioneros; es decir, que el régimen contractual exige que las cárceles cuenten siempre con una población carcelaria, por concepto de las cuotas mínimas de operación. Muchas de las empresas que proveen los servicios de encarcelamiento cotizan en la bolsa por lo que cuentan con una gran rentabilidad como negocio y los bancos han invertido en dichas empresas.

Estas empresas tienden a ahorrar en gastos de mantenimiento y de personal, en consecuencia, trabajan en condiciones mínimas y con el máximo número de prisioneros. El personal tiene que lidiar con las olas de violencia y en otros casos se ejerce violencia innecesaria. La regla es tener el mínimo de guardias para custodiar y el máximo número de prisioneros. 5

Los prisioneros trabajan por 25 centavos como mínimo y hasta por dos dólares la hora; las jornadas abarcan un máximo de seis horas; ganan alrededor de 20 dólares al mes. Algunos de los trabajos que realizan consisten en coser pantalones y camisas; reservar vuelos para la Trans World Airlines (TWA); empaquetar productos para Microsoft y Starbucks; 80 % de los prisioneros trabajan para el centro penitenciario como personal de limpieza, cocineros, electricistas y plomeros, percibiendo de uno a dos dólares la hora.

El encarcelamiento masivo tiene como consecuencia el hacinamiento con sus respectivas consecuencias psicológicas; los exconvictos tienen un menor número de oportunidades laborales; en algunos estados les niegan licencias para trabajar en plomería, servicios de comidas y peluquería, y pierden el derecho al voto. Los condenados por delitos graves pierden pensiones por discapacidad o por ser veteranos; no son elegidos para vivienda pública, préstamos estudiantiles, cupones de comida y otras formas de asistencia social. 6

El necroderecho y la necropolítica son una constante en Estados Unidos porque, como bien señala Mbembe, “el devenir negro” es el concepto con el cual se autoriza la sujeción y control de los afroamericanos, porque su cuerpo y su existencia son encarcelados, criminalizados, discriminados, mutilados, destrozados y reprendidos”. Podemos decir que el “devenir negro” es la obsesión que vive Estados Unidos por reprimir y castigar la sombra, el lado oscuro, y esa sombra se proyecta en los afroamericanos para convertirlos en homo sacer.

El cuerpo y la libertad de los afroamericanos son sacrificados para que el sistema penitenciario subsista; para que el corporativismo tenga a su disposición mano de obra barata y engrosar aún más sus ganancias. El orden jurídico legitima su exclusión, privándolos de derechos humanos básicos como el acceso a la justicia y la no discriminación; derechos sociales como el derecho a la personalidad jurídica, ya que perder la libertad, prácticamente, es el decreto de una muerte civil (homo sacer). Encarcelar personas por el color de su piel sin pruebas suficientes es una forma de esclavitud moderna, auspiciada por un sistema legal que justifica un Estado gerencial sujeto a los intereses de los corporativos que se rigen por la oferta y la demanda, y el adelgazamiento de las políticas públicas en detrimento de la dignidad de las personas.

* Aida del Carmen San Vicente Parada (@Aida_SanVicente) es doctora en Derecho por la UNAM, con mención honorífica; recipiendaria de la Medalla Alfonso Caso; maestra fundadora de la especialidad en Derecho Sanitario de la UNAM y la maestría en Inclusión de la Universidad Westhill. Contacto: [email protected].

 

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1 Narváez Hernández, J. R. (2017). Necroderecho. México: Libitium.

2 DuVernay, A. (dir.). (2016). Enmienda XIII [película].

3 Agamben, G. (2003). Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre-Textos.

4 Davis, A. (2016). Democracia de la abolición: prisiones, racismo y violencia. Madrid: Trotta.

5 Faus, J. “El sucio negocio de las cárceles privadas en Estados Unidos”. El País. 22 de enero de 2014.

6 Academies, T. N. (2014). El aumento del encarcelamiento, exploración de las causas y consecuencias. Estados Unidos: The National Academies.