blogeditor · 10 de noviembre de 2019
No acabarán mis flores,
no cesarán mis cantos.
Yo cantor los elevo,
se reparten, se esparcen.
Aún cuando las flores
se marchitan y amarillecen,
serán llevadas allá,
al interior de la casa
del ave de plumas de oro.
Nezahualcóyotl
Las y los periodistas no venimos esta vez, otra vez, a protestar por nuestros muertos, nuestros colegas, amigas y amigos periodistas asesinados.
Estamos aquí para honrar sus vidas, que fueron las nuestras. Que pudieron ser las nuestras.
Sus familias, sus compañeras y compañeros, sus amistades, viven día a día con sus ausencias.
La sociedad vive sin su nota del día, su nombre impreso, sus voces en la radio, sus columnas, su lente y su pluma, el periodismo que hacían en Morelos, Sonora, Tabasco, Guerrero, Quintana Roo, Baja California Sur, Nayarit, Veracruz, y Estado de México.
Para nosotros no son un número, ni una carpeta de investigación archivada o ignorada.
Muchos, es cierto, no conocimos sus rostros en vida hasta que supimos de sus muertes, de sus asesinatos, y tuvimos que publicar la noticia y encontrar sus fotos y sumarlos a esa lista ignominiosa de crímenes impunes, censura impune, miedo impune, silencio impune.
Por sus vidas, por sus muertes, por sus desapariciones, su destierro o su silencio obligado bajo todo tipo de amenazas, las y los periodistas hemos salido a las calles a protestar, a hacer activismo, a gestionar leyes y mecanismos y medidas de protección y fiscalías, y hablar en foros y congresos y embajadas y ante gobernantes y diputados, muchas veces frente a un interlocutor -el Estado- beligerante, paralizado, sordo, o peor aún, un interlocutor sin rostro o embozado, pero con el mismo poder silenciador en una guerra que no es nuestra y que, como el otro, nos cree enemigos y trasciende colores, rostros, trienios y sexenios. Los rostros cambian pero los agravios son los mismos.
Por eso, necesitamos que la sociedad nos conozca vivas y vivos, que conozca nuestros rostros, palabra escrita, voz, mirada. Porque necesitamos a la sociedad y porque nos necesita para informar y para estar informada, que son derechos de todos y de todas.
Hemos hecho mucho y a veces ya no sabemos qué más hacer. Pero siempre nos queda seguir haciendo periodismo, periodismo libre, el mejor periodismo, porque este país lo necesita más que nunca.
Poner fin a la impunidad es obligación del Estado.
El silencio no es opción.
En memoria de los periodistas asesinados por su labor en 2019: Rafael Murúa, Samir Flores, Santiago Barroso, Telésforo Santiago Enríquez, Francisco Romero, Norma Sarabia, Rogelia Barragán, Edgar Alberto Nava, Jorge Celestino Ruiz y Nevith Condés.
* Este texto es un discurso de Verónica Espinosa, periodista de Guanajuato, para un acto celebrado el 6 de noviembre en el Lugar de las Palabras en Común, donde se colocó una ofrenda en memoria de los periodistas asesinados este año en México. En el acto se contó con la presencia de Jan Jarab, exrepresentante en México de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos (ONU-DH), e integrantes de la Misión Internacional por la Libertad de Expresión.