Redacción Animal Político · 24 de diciembre de 2018
No nos ponemos de acuerdo exactamente en el año y la fecha pero por aquel tiempo un día como hoy, el trending topic fue un niño llamado Jesús #AdoradAlNiñoQueHaNacidoYa que nació en un establo y que dormía plácidamente en un pesebre acompañado de su madre María, de José, de un buey y una mula.
Un ángel tuiteó el acontecimiento y todos los habitantes de Belén corrieron a conocer al niño.
Una estrella que leyó el tuit del ángel hizo un RT que llegó al TL de los Reyes Magos de Oriente y éstos se pusieron en marcha para llevarle presentes al niño.
Mientras, desde la fortaleza romana, Herodes a través de sus redes sociales intentaba decifrar el lugar del nacimiento stalkeando a cuanto pastor tuiteaba. Ahora sabemos que el desdichado Herodes resultó todo un troll empoderado.
¡Ay la Navidad!
La verdad es que para la mayoría de nosotros la Navidad es muy bonita, contiene unos valores muy entrañables y tiernos… paz, amor, familia, buenas intenciones y mejores propósitos…
Todo genial pero, seamos francos, la Navidad también despierta lo peor de nosotros, nuestros más bajos instintos. ¡Es que varios de nosotros somos capaces de cometer los siete pecados capitales!
Y todo comienza con los dichosos adornos navideños…parece una competencia en Instagram, que se note que estamos en estas fiestas… Y ya empiezas a poner el árbol de Navidad y el nacimiento, y las series de foquitos, que cada vez están más espectaculares…
Hay gente que pone tal cantidad de luces, que sus casas parecen aeropuertos o antros de la zona rosa.
Y bueno que me dices, un día llegas a casa de trabajar, deseando estar tranquilito, viendo cuanta serie se te ponga por enfrente de Netflix. Pero he aquí, que cuando te vas aproximando a la puerta, escuchas multitud de voces que no reconoces… Y te entra el pánico. En un principio piensas que quizá son los fantasmas de las navidades pasadas. Pero cuando abres la puerta, te das cuenta que la realidad es aún más terrorífica, son… ¡familiares!
-“¡Mira, Rosales, quién han venido! ¡Los primos de Tuxpan!”
Y tú: -”Ah, qué alegría más grande. Estoy… ¡qué no quepo en mí!”.
Y eso es lo que te duele, que “estás”.
Y luego viene tu tía y te dice:
-“¡Oooy mi vidaaaa, pero cuánto has adelgazado! ¡Si estás a punto de desaparecer!”
Y tú estás por decirle:
-“Es que soy tan activa que quemo muchas calorías, ¿tú no haces nada de deporte?”
Y llega el momento de la cena de Navidad…
Aquí cometemos otro pecado y con gusto, nunca mejor dicho, la gula.
Porque digo yo, en las cenas de Navidad. ¿Por qué tenemos que comer tantas cosas? Que la rosca hojaldrada de romeritos, que la Sopa de Calabaza de Castilla con mandarina y avellanas tostadas, que el Quiche Lorraine, que el Costillar de Cerdo con salsa agridulce de tejocote y chipotle que el Puré de papa con tocino crujiente.
Y ya para colmo, después de ponerte 6 kilos arriba de tu peso actual, llega el turno de las tartas, los minifruit y las galletas de gengibre.
Aquí hay que hacer una parada obligatoria. Porque dices bueno, voy a comer algunos. Pero cuando menos te das cuenta ya te comiste 8 de cada uno y te estás saboreando el ponche pa´rematar.
“Come esta Navidad con moderación, es tu responsabilidad”. “Nosotros no podemos comer por ti”. MORENA 4TA TRANSFORMACIÓN.
Pero es demasiado tarde, puesto que en ese instante actúa el denominado “Efecto esponja”: va absorbiendo todo lo que encuentra a su paso… ¡hasta las huellas dactilares! En ese instante entiendes perfectamente a lo que se refieren de estar poseído por el espíritu navideño.
¡Es que la Navidad te altera el comportamiento!
Y luego, claro está, sigue la sobremesa y comienza la sección “No te rías que es peor”. Siempre está el familiar que se encarga de amenizar la fiesta, contando chistes malísimos, ataviado con un gorro de Santa Claus, pero ya para este momento todos se encuentran concentrados en sus celulares mandando fotos de lo que se comieron y selfies con sonrisa de oreja a oreja.
Pero no se preocupen queridos amigos que ya después todo vuelve a la normalidad. Y te das cuenta que fue bonito mientras duró, que aunque más dura sea la caída, siempre estarás deseando que llegue otra vez la Navidad, para vivir toda esta locura, pero con la misma ilusión que un niño. De eso se trata ¿no?
Tengan una hermosa noche y una Feliz Navidad.