Narrativas Humanitarias, espacio urgente sobre las crisis actuales

blogeditor · 6 de junio de 2019

Narrativas Humanitarias, espacio urgente sobre las crisis actuales

Por: Patsy Areli Franco Noriega

Nuestras clínicas móviles están conformadas por equipos multidisciplinarios que realizan recorridos en diversas comunidades de Guerrero afectadas por la violencia, para cubrir las necesidades básicas en salud, brindando tanto asistencia médica como psicológica.

Como agente de Información, Educación y Comunicación (IEC) mi trabajo consiste en dar una orientación a la población sobre los servicios que ofrecemos pero también se trata de sentarme a escuchar sus problemas, brindarles primeros auxilios psicológicos, detectar casos que requieran una atención por parte de las psicólogas clínicas y orientar a otros miembros de la comunidad, como líderes comunitarios o profesores de escuelas, en temas de detección de casos de violencia y de violencia sexual.

Ser parte de MSF como agente IEC consiste en llevar a cabo un trabajo comunitario desde la educación sanitaria, sensibilizando a la comunidad sobre los efectos de la violencia en la salud mental, en lugares donde las afectaciones emocionales son visibles. En comunidades que se están quedando vacías, donde el tejido social se está fragmentando.

El impacto de la violencia en las comunidades es bastante destructivo. Para mí, llegar a una comunidad y ver las casas vacías, las escuelas abandonadas, las marcas de balas en las paredes, en las puertas, niños sin nada que hacer en las calles, me lleva a pensar en que la violencia se ha convertido en un problema de salud. La gente se acerca para pedirnos un remedio, algo que los alivie en ese momento, porque no saben si vamos a volver ni cuándo van a poder recibir atención otra vez.

Es fácil percibir el temor y la desconfianza. La primera impresión cuando llegamos es que han dejado de sentir dolor ajeno porque quieren una solución que no tienen y es poco el apoyo. Las personas se sienten olvidadas.

Mi trabajo con la comunidad consiste en escuchar y tratar de aliviar un poco toda esa carga que tienen, explicar que debemos sentirnos bien primero nosotros para que poco a poco podamos sobrellevar las presiones normales de la vida y que la violencia que ellos viven no es normal.

Cada comunidad es diferente, cada contexto en Guerrero es diferente. Hay poblaciones de lengua indígena, donde no se habla español, y entonces tenemos que adaptar nuestras estrategias de atención. También trabajamos con los maestros y las maestras sobre educación psicoemocional, que es algo que forma parte del Plan de la Secretaria de Educación de México, más que ir a enseñarles, les proporcionamos herramientas y buscamos un trabajo conjunto para que se sientan apoyados, ya que ellos, al ser miembros de la comunidad, también están siendo afectados.

Siempre que llegamos a una nueva población buscamos tener una aceptación compartiendo con ellos nuestros objetivos, nuestros principios como organización, explicándoles que no formamos parte de ningún grupo, que tenemos la independencia para ir a las comunidades a donde queremos llevar nuestra ayuda y que buscamos atender a todo aquel que lo necesite. Lo más importante para mí es lograr una empatía con ellos, que se sientan acompañados. Cuando llegas y les dices que tú los entiendes, que entiendes lo que están pasando, es la mejor forma de establecer una confianza mutua.

Me gusta explicar en los grupos comunitarios con los que trabajo que la violencia es como un desastre natural, estamos conscientes de que puede ocurrir pero no sabemos cuándo va a suceder. Un enfrentamiento entre algún grupo es similar, no podemos saber cuándo ocurrirá pero podemos estar preparados para resguardar nuestra vida y para que una vez que haya sucedido estemos preparados a nivel emocional y no dejar que todas las emociones que les causó representen un riesgo de vivir una afectación más severa. Sobre todo porque son comunidades que no cuentan con médicos y mucho menos con psicólogos. Es por eso que tratamos de reforzar los mecanismos de afrontamiento que ellos tienen ante esas situaciones.

La normalización de la violencia es quizás el obstáculo más grande de mi trabajo. Acompañar y brindar herramientas para atender y prevenir la violencia cuando ésta se presenta de muchas formas y está en todos lados: en la música, en las noticias, en las calles. Los niños ven normal el uso de las armas, los usos y costumbres en relación a la violencia sexual, como la venta de menores, la explotación sexual, las agresiones intrafamiliares, etc. Todo esto representa un reto para mí, es como luchar contra la corriente cuando lo que se busca es romper con todo eso. Sin embargo, al estar tan cerca, te das cuenta que sí se pueden romper estigmas y paradigmas para construir.

Mi vocación es el trabajo con la gente. Cuando tenemos casos de éxito, cuando alguien se me acerca para contarme sus problemas y cuando ves el impacto positivo de tu trabajo, en su vida, sabes que ese esfuerzo valió la pena.

* Patsy Areli Franco Noriega es Agente de Información, Educación y Comunicación de MSF en Guerrero.