blogeditor · 25 de agosto de 2015
No sé bien cómo contarte lo que te quiero contar, llevo muchos días queriendo escribirlo y había pensado hacerlo de distintas formas sin saber cuál era la mejor manera de sacar el pedazo de metal que se me clavó en el pecho cuando supe que te habían matado. Primero pensé escribirle a los que las mataron a ustedes, a Alejandra, Mile, Yesenia y a Rubén, ya hasta había pensado en el título: “A ustedes, que nos están matando”, pero me di cuenta que hacerlo así sería concederles parte de lo que buscan, que les hablemos a ellos y no a nosotros, que nos soltemos las manos ante el miedo y busquemos justicia sin caminar juntas, pero no.
Ellos, los que nos están matando, no saben que juntos encontramos que es imposible no sentir miedo al entender que su manera de resolver las cosas y conducir el país es a través del horror, la violencia, la corrupción y la impunidad, pero que podemos usar ese miedo que es imposible ignorar, como combustible, que al mirarnos juntas y unidas decidimos hacer de ese miedo un motor que, junto con la indignación, evita que nos detengamos y que hace que sigamos con más determinación y fuerza. Que el umbral de ir hasta las últimas consecuencias lo cruzamos hace rato, y que lo que hacen sólo sirve para sumar cuentas sobre las que vamos a dejar la vida para cobrar.
[contextly_sidebar id=”WLUWhCGkUpUGx0sUaXeqBERmA7dCweUN”]Tampoco entienden, los que te mataron a ti, a Regina, a Goyo y a muchas y muchos más que ni siquiera podemos nombrar, que al hacerles lo que les hicieron, nos lo hicieron también a nosotros. Ellos no comprenden que además de entregar un mensaje, nos estaban dañando de forma directa, ni saben que la forma de pensarnos entre nosotros no es individual, sino colectiva, que nos entendemos desde la responsabilidad y la cooperación, y no desde la separación del egoísmo y el miedo individualista.
No puedo dejar de repetirme que debimos cuidarlas mejor. ¿Sabes que platiqué con Rubén semanas antes de que lo mataran? Debimos saber que estaban así de cerca y abrazarnos más fuerte, unirnos más, multiplicarnos, porque sólo así podíamos defendernos de ellos. Claro que es injusto decir que nos mataron a todos un poco ese día. Aunque sea cierto, yo estoy aquí escribiéndote y tú estás, pero de una forma que no debería ser. Te mataron a ti y no a mí, fue tu familia la que tuvo que ir a llorar tu cuerpo, no la mía, pero yo pude haber sido tú y podría haber sido mi familia la que llorara. Pudo haber sido Carlos o Sofía, pero fuiste tú y Rubén, Ale, Mile y Yesenia.
Aunque yo no te conocí en persona, estuvimos conectados y fuimos parte de lo mismo, y por eso nos debíamos hermandad y responsabilidad. Muchas personas aún no lo creen así, siguen vencidas por el miedo y encerradas esperando que “no les toque a ellas”, y yo las entiendo perfectamente. Pero al mismo tiempo, cada vez más llevamos la luz que nos dejaron, y pintamos sus caras en bardas y contamos sus historias, porque encontramos formas que no pueden matar, construimos su inmortalidad en la memoria de un país destrozado que sueña con cambiar la dirección de su historia, para reescribirse usando su luz.
No importa detrás de cuántas instituciones estatales quieran esconderse, nosotros no vamos a parar hasta encontrarlos. Por eso este sábado 29 de agosto nos encontraremos en la Estela de Luz desde las 6pm (DF), para iluminarnos juntas, para encontrarnos en colectivo, para responder su mensaje con otro, el que les dice que no nos vamos a abandonar, que no pararemos y que no podrán matar la verdad. Tú entendías bien que la rebeldía es vida, como decías, y en esa rebeldía te llevaremos siempre. Sabías que construir desde el amor donde nosotros nos paramos es más duro, pero que es más fuerte que su terror. Seguiremos encontrándonos, Nadia Luz.