blogeditor · 23 de octubre de 2012
A Andrés Lajous,
por sus eficaces provocaciones a la reflexión
para tener mejores realidades en México.
“¿No sería más progresista preguntar dónde vamos a seguir,
en vez de dónde vamos a parar?”
Mafalda.
Muchas veces no es un objetivo trascendente lo que da sentido a la vida sino los modos cotidianos de cómo la vivimos.
Nuestras identidades y personalidad para resolver retos cotidianos, transforman realidades gracias a la creatividad aplicada para tomar decisiones y encontrar la forma de accidentar lo menos posible el “ser para tener o el tener para ser” dentro de los ecosistemas existenciales de lo posible y lo imposible.
Esa habilidad individual para hacer valer nuestra identidad, se va volviendo una tendencia colectiva cuando se identifican afinidades y hábitos de vida complejos que intentan resolver los dilemas de lo cotidiano.
La creatividad con la que hoy podemos transmitirnos experiencias en esta era digital, nos permite ir resolviendo esos dilemas locales gracias a soluciones que se comparten virtualmente, alineando desde la diversidad geográfica, creatividad compartida que alineada a una vocación y liderazgo de los gobiernos, puede terminar convirtiéndose en tecnología aplicada.
Si en algún lugar, por razones económicas o sociales, puede hacerse visible ese fenómeno inicial de diversidad entre muchas metrópolis, es la Ciudad de México y su genética de nacionalidades creativas con las que cuenta, formando accidentalmente -hasta hoy-, una especie de capital humano singular gracias a la necesidad imperiosa de satisfacer demandas básicas de supervivencia.
Los gobiernos en turno en México, se han aprovechado de las urgencias y carencias sociales para darle paso a una supuesta competitividad que afronte la apertura comercial; la estrategia y la apuesta económica han sido la vinculación hacia afuera vía la exportación de manufacturas, a través de una liberalización comercial llevándonos a un modelo de manufactura de mero ensamble.
En efecto, mucho de nuestra apuesta nacional ha sido una economía ensambladora con mano de obra, en lugar de una creativa con capital humano.
Por otro lado ha sido tal la ortodoxia ineficaz económica, que el modelo macro estabilizador ha basado su mantra en controlar la inflación usando los instrumentos de política monetaria, fiscal, cambiaría y salarial provocando estabilidad sin crecimiento y un aumento considerable de los monopolios locales, justificando para ello el irónico discurso de la liberalización comercial.
Las reformas estructurales fiscal, energética y laboral afectan obviamente la eficiencia de la economía pero no son la causa del estancamiento productivo del país. El gran problema de la falta de funcionamiento actual del modelo económico en México se debe, en gran parte, a ese sistema de apertura macro estabilizador y de un Estado que entendió erróneamente que la facilitación y el desmantelamiento del poder hacer del Estado, no significa abdicar a las fuerzas del mercado. (La baja capacidad de inversión pública 4.5% del PIB y de inversión en Ciencia y tecnología menos del 0.4%).
Haciendo uso de la mano de obra barata para exportar y a la liberalización comercial para interactuar, se ha usado la tendencia de la propensión marginal a importar, reduciendo el multiplicador de la exportación e inversión. Ello ha dado como resultado que el modelo de manufactura de ensamble tenga muy poca articulación interna.
En esa tremenda falta de visión y decisión de un modelo temporal de desarrollo que lo han querido convertir en permanente y que el mundo de hoy seduce para seguirlo usando, la necesidad de contar con una nueva visión económica y una nueva reindustrialización nos lleva a la imperiosa necesidad de desarrollar gran talento y atraer tecnología aplicada para crear una nueva etapa de industrialización del conocimiento, un neocapitalismo creativo, como el que puede desarrollarse en la Ciudad de México.
Mientras todo ello ocurre a nivel nacional, son las economías urbanas, como la de la capital mexicana, las que van a poder -si tienen visión-, atraer, formar y sobretodo reconocer el talento y capital humano con el que se cuenta para transitar a un modelo económico del conocimiento, desarrollando así nacionalidades creativas que atraigan valor e inversiones del exterior.
El gran reto económico de las ciudades, incluida la de la capital mexicana, no está primordialmente en la planeación urbana ni el desarrollo de infraestructura; lo que transforma y evoluciona una urbe es la articulación del talento local para detonar actividades productivas y de vida; el reconocimiento a la genética de sus suburbios y el impulso creativo de la gente en conglomerados productivos que desarrollen signos distintivos y ventajas competitivas.
Así nacen lo que llamo las nacionalidades creativas urbanas.
Hoy, ante un escenario donde más del 50% de la población mundial vive en ciudades, el desarrollo económico es el resultado de crear una ciudad donde SU gente, donde esas nacionalidades desean y tienen la capacidad de vivir.
Esas nacionalidades creativas se desenvuelven cuando el estado activa vocaciones temáticas, cuando el gobierno reconoce y entiende que mucho de una planeación urbana inteligente se debe al respeto por la afinidad social: la gente quiere estar con gente similar, emprendedores quieren estar con emprendedores, creativos con creativos no sólo para desarrollar una convivencia en un espacio o código postal similar, sino por la inspiración que la cercanía provoca para desarrollar oportunidades profesionales por la similitud.
Mick Cornett, alcalde de Oklahoma, comenta “somos una ciudad que proactiva; hemos tomado cuidado de nuestras propias necesidades de infraestructura y financiamiento sin esperar el apoyo o la ayuda al gobierno federal para resolver nuestros problemas. Nos hemos preocupado por traer lo mejor del capital humano para provocar que la gente quiera vivir en nuestra ciudad”.
Ya durante su campaña, Miguel Ángel Mancera propuso impulsar el desarrollo económico de la Ciudad hacia una economía del conocimiento, reconociendo las industrias creativas que la capital produce y que hoy son movidas por inercias de fuerzas del mercado y de aspectos fácticos, pero no por la rectoría ni la visión del gobierno en turno.
Los tiempos que vivimos exigen visión de progreso. Los resultados logrados en la urbanización de los últimos 200 años serán alcanzados a la velocidad de los siguientes 50, según afirman muchos urbanistas.
Ante tal reto, hoy las ciudades pueden crear un neocapitalismo que pueda enfrentar con éxito a la competencia internacional en una economía abierta, desarrollando vocaciones económicas e industriales definidas de manera sistemática, de tal suerte que la especialización saque a flote a esas nacionalidades creativas para que puedan articularse con los innumerables ejemplos de talentos silenciados y silenciosos, para así detonar la economía con su creatividad usando una vocación rectora por un gobierno.
En efecto, parece venir un neocapitalismo chilango para transitar a una ciudad inteligente y una economía del conocimiento, que habrá de provocar un fuerte encadenamiento y un sistema urbano de innovación local conectado al entorno internacional, alejándose así de la tendencia nacional de las ventajas temporales de la mano de obra barata y de los procesos de maquila.
El neocapitalismo chilango puede y debe encaminarse a la articulación y desarrollo de motivos de vida atractivos para que florezcan nacionalidades creativas encaminadas a una reindustrialización eficaz y con más valor que ser sólo un traspatio de manufacturas como hoy lo es el país.
Ese neocapitalismo puede materializar y hacer digerible la economía del conocimiento desarrollando la participación ciudadana en el uso de las tecnologías de la información, sistemas digitales que mapeen la vida y los recursos, biotecnología e incluso la robótica.
Con estas industrias y vocaciones industriales de nueva generación, el neocapitalismo chilango será alimentado por una nacionalidad de creativos, donde las ventajas comparativas ya no provendrán de la mano de obra industrial sino de las ventajas competitivas del talento y la mano de obra calificada (del costo de un Ipad, sólo 33 dólares corresponden al costo laboral de manufactura).
Para que este neocapitalismo chilango pueda surgir, ante todo deben aterrizarse tecnologías y creatividad aplicada que transformen el concepto a un modo de vida verde, y por ende, en estrategias aplicadas de ciudad compacta.
Es necesario también hacer uso de la banca de desarrollo, de las asociaciones público-privadas, y de proyectos de infraestructura ancla para la atracción de inversión extranjera y nacional.
Desarrollar la reindustrialización creativa, y generar políticas públicas para atraer lo mejor del conocimiento global, podrá potenciar el desarrollo de la creatividad local haciendo que sean los puestos de trabajo quienes busquen a las personas y no las personas se desesperen por encontrar trabajo.
La inmigración también es esencial para el éxito urbano. El crecimiento de Singapur, Shanghai, Nueva York y Chicago en estas dos décadas ha sido en gran parte gracias a los cientos de miles de inmigrantes que han ido a esas ciudades. Las ciudades son buenas para los inmigrantes y los inmigrantes son buenos para las ciudades.
Así pues, apostar por la creatividad y por el desarrollo de talento son variables que permiten pensar en que la calidad de vida no sea una quimera frente a la velocidad de las grandes urbes, pero sobre todo empezar a desarrollar una ciudad que aporte un modelo de vida y de visión económica a un país aletargado y perdido por dogmas de otros tiempos.