Murallas chinas y la geoafinidad

Simón Levy · 30 de enero de 2012

Murallas chinas y la geoafinidad

¡Alto! Un fantasma recorre el mundo del Internet.

Se va acercando al mundo de las redes sociales que se van expandiendo. Presencia y atestigua cómo islas perdidas de información generan -para algunos- continentes de caos y -para otros- conocimiento en expansión.

El fantasma se detiene.

Se da cuenta del frenesí provocado por nuestro modo de comunicación, donde no es necesariamente la velocidad o facilidad con la que la tecnología hace hoy fluir los datos, sino la necesidad de coparticipar en la creación y comunicación de información y experiencias como forma de hacerse presente ante una atractiva masa virtual de followers que reaniman al ego o la afinidad de una interacción que la distancia no impide; todo lo contrario, la acentúa.

Observa el creciente deseo inherente del ser humano de compartir y compartirse con lo que es similar a uno. Sea lo atractivo de la popularidad o la necesidad de contacto, resulta seductor y fácil utilizar la distancia como medio hacia lo que la realidad impide acercar.

Se intimida ante ello.

Entiende que la seducción se realza, porque -para muchos- las redes están provocando una sensación de hacerse sentir más importante para un desconocido a la distancia de una cuadra o de un continente, provocados por una mejor comunicación, sobre los seres que supuestamente conviven entre sí bajo el mismo techo o con quien les une el sentimiento de un lazo físico o un interés material.

Por ello, desde hace tiempo, se vienen modificando las actitudes de los seres humanos en la emergente realidad del Internet como una plataforma inicial para obtener información y luego crear un inframundo del que somos sus cocreadores. Se realza, pues, ante esta atractiva actividad, el patrón humano que hace muchas veces de la tecnología de la comunicación, un factor que nos acerca a lo lejano y nos aleja de lo cercano.

De la expresión de la palabra, al mensaje por chat enviado. Del gesto facial a la simpleza precisa de las caritas digitales del BlackBerry Messenger. De la llamada telefónica al DM, el direct message de Twitter.

Hacernos conscientes y no indiferentes al menos al planteamiento, nos conduce a pensar que las actitudes temporales crean en nuestra personalidad, patrones de conducta permanentes que modifican nuestra realidad.

Pero ¿son ésas, en verdad las razones del por qué está resultando tan atractivo el performance de lo virtual para muchos, sobre la existencia de lo real?

Entonces ante la pregunta, sólo entonces, aparece el fantasma de la censura.

La antropología, se está enfrentando a la amenaza del totalitarismo y la teledirección digital, causados no por el flujo de información de las redes sociales, sino por el caos generado por la posible irresponsabilidad o ligereza del anonimato de un dato virtual que puede tambalear y poner en jaque la realidad. En efecto, si algo estamos atestiguando es que el espacio social de Internet, es una plataforma de datos que se convierte en un factor que dinamiza y modifica el mundo físico o puede ser la selva que entroniza el sentimiento popular creando en segundos tendencias de voluntad que obligan a tomar medidas reales.

Si en el mundo real uno va en la búsqueda del objeto y la información, en el mundo virtual de las redes sociales y del Internet, los objetos y la información vienen a nuestro encuentro. Pero la información no es sólo el factor que está volviendo a la distancia en una utopía; también la enorme facilidad de acceso a lo antes inexplorado de otras latitudes; al deseo de una mayor sensibilidad del ánimo conquistador de lo diverso.

Para acentuar mas esta tendencia, el talento no necesita casi ser encontrado, éste es capaz de encontrarnos a nosotros si nos es afín. Lo que el transporte impide, por falta de recursos, el ánimo y los costos de acceso a la facilidad de la tecnología lo están propiciando.

Por ello, sugiero ser sensible a la idea que el concepto de la competitividad pasa mucho de capacidades técnicas locales al ingenio creativo que proviene de horizontes geográficos perdidos capaz de crear su fuerza por saberse adaptar a la diversidad.

Por todo ello, no será la mano del hombre lo que logrará una censura eficaz del flujo de datos o mensajes, sino la afinidad o la indiferencia de las legiones y las tribunas sociales hacia ellos. Lo sugiero porque la geografía física ha perdido certeza; ha sido trastocada por un fenómeno que pone en jaque cualquier estabilidad. Ya no es sólo la migración física lo que genera murallas chinas reales, sino que el flujo de pensamientos y emociones en diferentes territorios están orillando a muchos gobiernos a los firewalls virtuales.

Muchas generaciones vivieron una era donde las fronteras eran delimitadas por la estática y la astucia  de la diplomacia; hoy éstas se enfrentan al reto de imponerse sobre la elasticidad de las semejanzas y la enorme necesidad humana de compartir como forma de hacerse ver y de sentirse vivo.

Las fronteras de las redes sociales rebasaron a las fronteras físicas. Internet y las redes sociales han creado clanes virtuales, con un fuerte sentimiento de pertenencia por la semejanza y la cercanía virtual promovida como paliativo de la distancia física.

Así pues, la muralla china del siglo XXI migra de las piedras y ladrillos a los firewalls y corsarios cibernéticos que impiden el flujo de información y tendencias en el mundo.

Analizar la geografía del mundo de Internet, parte de la necesidad de entender que las similitudes y semejanzas crean la geoafinidad, un espacio virtual que se expande y se contrae por la experiencia  del compartir y del ser similar formando tribus o nacionalidades emocionales conectadas al flujo de experiencias como forma de crear modos de vida y conocimiento.

¿Será ésta una era donde las nacionalidades abdican a la pertenencia de comunidades?

Para ello, basta ver que el mundo del blog es la plataforma virtual dónde no sólo se divulga información sino se crea y se expande conocimiento a través de la colaboración.

China con sus 500 millones de usuarios de Internet es un gran ejemplo de ello. La legión de micro blogueros que se expande rápidamente en ese país, superó los esfuerzos del gobierno por supervisar, incidir y censurar la información que circula en Internet. El hecho se hizo evidente tras un aparatoso accidente de tren de la ciudad de Wenzhou, que desató una ola de indignación y dolor en el país.

Dos trenes de alta velocidad chocaron en esa ciudad de la oriental provincia de Zhejiang, dejando 40 personas muertas y casi 200 heridas, hizo que desataran el dolor y la ira de la gente. Lo más mortificante para muchos chinos fueron las imágenes de los restos de maquinaria incendiada antes de que terminara la investigación.

Esa reacción se diseminó por los llamados weibos, ejércitos virtuales de personas que se vuelven fuentes de información cada vez más populares y espacios para el debate público cuyo contenido varía de cuestiones mundanas al humor y, cada vez, asuntos políticos a los cuales se encuentran frente a la ira y censura del gobierno.

Esto demostró al gobierno el poder de los micros blogs y, por extensión, de la ciudadanía conectada a Internet. Era el germen de un Tiananmen reloaded. En cinco días hubo 26 millones de mensajes sobre la tragedia en los microblogs. La gente cuestionó la respuesta del gobierno y hubo quienes llegaron a preguntarse si las autoridades no sacrificaban a la población para preservar el crecimiento económico.

En respuesta a ello, la prensa oficial se concentró en relatos de bebés rescatados y luego informó sobre el malestar de la población. También, desplegaron un pequeño ejército de comentaristas encubiertos para difundir la línea oficial operando de forma anónima.

Los “relacionistas públicos” suelen ser estudiantes que desean aumentar sus ingresos y mejorar las posibilidades de ingresar al Partido Comunista. Otros son funcionarios públicos o jubilados que lo hacen porque entienden que es un deber patriótico. Son unas decenas de miles de personas, según las últimas versiones de prensa.

¿Qué tan efectiva puede ser esa teledirección de conciencias?

Las democracias políticas se están enfrentando a los trend topics como espejo de la expresión colectiva, cuyo performance no se basa en plantones físicos ni en conquistar plazas públicas, sino en la velocidad y precisión de expresión con lo que se forman legiones y ejércitos virtuales que al adherirse a la precisión de un hashtag crean y agrupan patrones de opinión en segundos.

Movimientos sin contacto físico inicial, pero con resultados tangibles que trastocan desde cualquier posición geográfica a cualquier persona o gobierno. Lo que estamos presenciando, es que las tendencias de las redes sociales no detienen automóviles en las calles con indiferencia, detienen lectores afines que captan su atención.

La definición de un nuevo orden mundial ya no puede darse sin entender al inframundo virtual, ahí donde se crea la afinidad efectiva y real. Es momento de dejar ir las viejas ideas de cómo funciona el mundo y entender cómo los ciudadanos están utilizando la libertad y el libertinaje de la comunicación.

¿Seremos entonces, gobernados en lo cotidiano, por incógnitos líderes desconocidos que se vuelven tribuna de autoridad al conectar el interés de millones de humanos con una vocería de afinidad, que al no encontrar en la realidad un peso efectivo y la experiencia de sentirse útiles y vivos, abdicaron a ella trasladándose a la seducción que les otorga el mundo virtual?

 

Steve Mccurry “Instantes”