Joel Aguirre · 16 de julio de 2026
Por Mercedes de la Maza*
¿Qué tienen en común Jude Bellingham, Erling Haaland y una persona joven que busca su primer empleo en México? A primera vista, muy poco. Unos compiten en los escenarios deportivos más exigentes del mundo y la otra intenta abrirse paso en un mercado laboral que cambia con rapidez.
Sin embargo, detrás de esas historias existe un elemento compartido: el talento, por sí solo, nunca ha sido suficiente. Lo que marca la diferencia es la mentalidad con la que se enfrentan los retos, la disposición para aprender continuamente, la capacidad para trabajar con otros y la resiliencia para volver a intentarlo después de un error.
En el futbol nadie llega a un Mundial únicamente por su talento. Detrás de cada gran jugador hay entrenamiento, disciplina, capacidad de adaptación y un equipo que lo impulsa a mejorar todos los días. Lo mismo ocurre con el empleo. Conseguir un trabajo es apenas el silbatazo inicial; el verdadero desafío es construir una trayectoria laboral que permita crecer, reinventarse y mantenerse vigente en un mercado que cambia constantemente.
De acuerdo con Perspectivas del Empleo de la OCDE 2026, México mantiene una de las tasas de desempleo más bajas entre los países pertenecientes a esa organización global, con 2.7 %. Sin embargo, ese indicador, por sí solo, no refleja la calidad del empleo ni las oportunidades de desarrollo para las personas jóvenes. De hecho, entre la población de 18 a 29 años, la tasa de desempleo es casi el doble de la registrada a nivel nacional, lo que evidencia las barreras que este grupo aún enfrenta para incorporarse y mantenerse en el mercado laboral.
Basta mirar otros indicadores. Según la organización “México ¿Cómo Vamos?”, en el primer trimestre de 2026 la informalidad laboral alcanzó 54.8 %, mientras que alrededor de 40.3 millones de personas viven en situación de pobreza laboral. Además, seis de cada diez mexicanas y mexicanos no generan ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. Estos datos nos recuerdan que el reto no es únicamente abrir más vacantes, sino generar oportunidades que permitan construir proyectos de vida.
Durante décadas se asumió que obtener un título universitario era, por sí mismo, el camino hacia un mejor empleo. La educación superior sigue siendo una herramienta fundamental para el desarrollo de las personas y del país, pero el mercado laboral ha cambiado a una velocidad sin precedentes. Hoy las empresas no solo buscan conocimientos técnicos; también valoran la capacidad de aprender continuamente, adaptarse al cambio, resolver problemas, colaborar con otros y desenvolverse en entornos cada vez más digitales. La discusión, entonces, no es universidad o formación para el trabajo. Es cómo ambas pueden complementarse para preparar a las personas jóvenes para construir trayectorias laborales sólidas en un entorno que evoluciona constantemente.
Organizaciones como Generation México aportan evidencia en esa dirección. Su modelo combina la capacitación técnica con el desarrollo de Behavioral Skills & Mindsets (BSM), un enfoque que fortalece capacidades como la adaptabilidad, la perseverancia, la comunicación, la colaboración y la mentalidad de crecimiento. No se trata únicamente de enseñar una habilidad para responder a la demanda actual del mercado, sino de preparar a las personas para enfrentar los desafíos que vendrán.
Los resultados respaldan este enfoque: de acuerdo con su Informe Anual 2025, el 95 % de las personas jóvenes egresadas consiguió empleo durante los primeros seis meses posteriores a su formación y sus ingresos aumentaron, en promedio, 2.45 veces respecto a los que tenían antes de ingresar al programa.
Hoy las empresas buscan perfiles que combinen tres dimensiones: conocimientos técnicos para responder a las necesidades del puesto, habilidades digitales para desenvolverse en un entorno cada vez más tecnológico y una mentalidad que les permita aprender, adaptarse y colaborar a lo largo de su carrera. Es justamente en esa combinación donde la educación formal y modelos de formación como los bootcamps pueden complementarse, en lugar de competir.
Pero, así como ningún jugador gana un Mundial por sí solo, ninguna organización puede transformar por sí misma el futuro laboral de las juventudes. Construir trabajo digno requiere sumar capacidades: empresas que abran oportunidades, organizaciones que desarrollen modelos innovadores de formación, instituciones académicas que respondan a las nuevas necesidades del mercado, gobiernos que impulsen mejores políticas públicas y centros de investigación que aporten evidencia para orientar las decisiones.
Ese es el valor de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno. Más que reunir organizaciones, articula esfuerzos para construir una agenda común que coloque a las personas jóvenes en el centro de la conversación. Compartir aprendizajes, generar evidencia e impulsar soluciones colectivas permite avanzar mucho más que cualquier iniciativa aislada.
En un año mundialista hablaremos de goles, asistencias y campeones. Sin embargo, las victorias comienzan mucho antes del partido. Se construyen con preparación, disciplina y trabajo en equipo. El futuro laboral de las juventudes mexicanas también. Porque el trabajo digno no empieza cuando alguien consigue un empleo; comienza cuando existen las condiciones para que ese primer paso se convierta en una trayectoria con oportunidades de crecimiento, estabilidad y desarrollo.♦
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*Mercedes de la Maza es CEO de Generation México.