Claudia Ramos · 12 de febrero de 2026
En el marco del llamado Año Mundialista, la Ciudad de México se encamina a enfrentar retos relevantes en materia de infraestructura urbana y transporte, entre los que destaca la anunciada remodelación de la Línea 3 del Metro. Se trata de una línea que transporta anualmente 173,346,316 personas, según datos obtenidos por solicitud de información con folio 090173726000031 a la Secretaría de Transporte Colectivo (metro). Para la primera fase del proyecto se han asignado 5 mil millones de pesos del presupuesto aprobado para el Metro en 2026, con un inicio de obras previsto pocos meses después de la conclusión del Mundial.
Dicho proyecto no es aislado, surge en el contexto de obras como la construcción de la ciclovía La Gran Tenochtitlan, la Línea 14 del Trolebús entre Ciudad Universitaria y Huipulco, la adecuación de la Terminal Taxqueña del Tren Ligero, la instalación de nueva tubería de drenaje alrededor de Circuito Azteca, renovación de banquetas e iluminación en Acoxpa, entre otras.
Si bien las obras repercuten en la movilidad de toda la Ciudad, lo cierto es que impactan principalmente en las zonas cercanas al Estadio Banorte, lugar en el que se jugarán 5 partidos del Mundial. La concentración simultánea de estas intervenciones han ocasionado severas afectaciones tales como incremento exponencial de tráfico, la obstaculización de vialidades por la maquinaria empleada y los escombros de las obras, la obstrucción del tránsito peatonal y la presencia excesiva de polvo (cuya inhalación puede resultar perjudicial).
Pensemos en un caso en concreto. Liliana vive en una de las casas ubicadas en Circuito Azteca y trabaja en una oficina ubicada en Polanco. Desde que comenzaron las obras, Liliana demora hasta 1 hora más en su trayecto diario. El Tren Ligero que anteriormente tomaba no llega hasta la terminal Tasqueña por lo que debe abordar un RTP que transita por la también intervenida y congestionada Calzada de Tlalpan.
En búsqueda de otras rutas, Liliana ha optado por tomar vagonetas de la Ruta 95; no obstante, debido al cierre de diversas vialidades, las mismas realizan recorridos alternos que agregan hasta 20 minutos en su transporte. Como resultado, Liliana pasa hasta 4 horas diarias movilizándose. Varias veces no ha logrado llegar a tiempo a su trabajo, por lo que le han descontado el día e incluso la han amenazado con despedirla.
Así como Liliana, cientos de personas actualmente se ven afectadas por las obras del mundial, las cuales no tienen una fecha cierta para su conclusión.




La falta de planeación urbana resulta especialmente grave si se considera que las zonas principalmente afectadas son Santa Úrsula y Coapa, áreas de carácter mayoritariamente residencial. Esto implica que miles de personas que viven ahí dependen diariamente del transporte público para salir de la zona, ya sea para trabajar, estudiar o realizar sus actividades cotidianas. Ignorar estas dinámicas convierte al Mundial en un proyecto que se construye sobre el tiempo, el esfuerzo y la paciencia de quienes sostienen la ciudad todos los días.
En este contexto caótico es importante exigir que el nuevo proyecto de la Línea 3 atienda al derecho a la movilidad que tenemos todos los ciudadanos, pero ¿qué implica este derecho?
El derecho a la movilidad implica que las personas podamos elegir libremente la forma de trasladarnos, en y entre los distintos centros de población, a fin de acceder a los diferentes bienes, servicios y oportunidades que otorgan éstos.
En este sentido, todas las personas debemos disponer de un sistema integral de movilidad el cual debe encontrarse en buen estado, en constante mantenimiento y que el servicio sea prestado por personas capacitadas. Debe ser libre de afectaciones a nuestra integridad física, asegurar que nadie quede excluido de los espacios y mecanismos de movilidad, buscar que las personas puedan desplazarse de un lugar a otro del modo más eficiente posible y tiene que permitir el acceso físico y económico a todos los grupos que conforman nuestra sociedad.
A pesar de lo anterior, se prevé que el derecho a la movilidad se vea nuevamente afectado con la remodelación de la Línea 3. La experiencia reciente de la Línea 1, cuya intervención comenzó en 2022, estuvo marcada por retrasos significativos que extendieron las obras por más de tres años y elevaron su costo total a 37 mil millones de pesos.1 Este antecedente subraya la necesidad de una planeación adecuada que evite afectaciones desproporcionadas a la vida cotidiana de la ciudadanía y garantice un uso eficiente de los recursos públicos.
Pese a la magnitud del proyecto de la Línea 3, hasta el momento no existe información pública sobre las medidas para mitigar las afectaciones derivadas de las obras. Mediante solicitudes de acceso a la información presentadas en enero de 2026 (folios 90163026000065 y 090173726000031), tanto la Secretaría de Movilidad como el Sistema de Transporte Colectivo Metro señalaron no contar con documentación oficial sobre rutas alternas ni con estudios de impacto ambiental y social relacionados con este proyecto.



La ausencia de información técnica y operativa, a pocos meses del inicio de los trabajos en la línea 3, sugiere el riesgo de reproducir los problemas observados en la remodelación de la Línea 1. En este contexto, el derecho a la movilidad no se garantiza únicamente mediante la asignación presupuestal, sino rindiendo cuentas que permitan a la ciudadanía conocer, anticipar y evaluar las medidas para enfrentar el cierre de una de las principales arterias del transporte público en la capital.
Los problemas de movilidad en la Ciudad de México no inician ni terminan con las obras realizadas para el Mundial. Una correcta planeación urbana dependerá de que las autoridades elaboren y ejecuten una estrategia de movilidad clara, concreta y pública. Es importante recordar que el derecho a la movilidad no implica el mero traslado de un punto a otro, sino que el mismo sea en condiciones de calidad, seguridad, higiene, eficacia, accesibilidad e igualdad.