A propósito del Día Internacional sobre el Multilateralismo y la Diplomacia para La Paz

Redacción Animal Político · 16 de abril de 2025

A propósito del Día Internacional sobre el Multilateralismo y la Diplomacia para La Paz

Cada 24 de abril se conmemora el Día Internacional sobre el Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz, una fecha que en el actual contexto internacional adquiere una relevancia inesperada. Lejos de ser una efeméride meramente protocolaria, este día nos invita a reflexionar sobre el lugar que aún ocupa —o ha dejado de ocupar— la cooperación internacional en un mundo atravesado por tensiones geopolíticas, conflictos armados persistentes y el resurgimiento de liderazgos autoritarios que erosionan desde dentro las instituciones democráticas.

Hoy, el multilateralismo no es una conquista consolidada, sino una apuesta frágil. La idea de que los grandes problemas globales —la guerra, el cambio climático, las migraciones forzadas, la desigualdad— sólo pueden enfrentarse mediante la colaboración entre Estados, se enfrenta a un momento de repliegue. Gobiernos que antes proclamaban su compromiso con el derecho internacional optan ahora por la unilateralidad; líderes que debieran sostener el diálogo apuestan por el antagonismo y, en muchas regiones, la soberanía nacional se convierte en pretexto para desentenderse del sufrimiento ajeno.

Este giro se ha producido de la mano de un fenómeno más amplio: el desgaste del espacio público como lugar de deliberación democrática. En numerosos países —México incluido— se ha vuelto habitual ver cómo se cierran espacios de participación, se deslegitima a la sociedad civil, se reducen las garantías para el ejercicio de derechos y se normaliza la presencia de los militares en tareas civiles. A medida que el autoritarismo se presenta como solución eficaz frente al caos, los valores que sostienen al multilateralismo —la corresponsabilidad, la igualdad jurídica entre naciones, la solución pacífica de los conflictos— pierden terreno.

En este panorama, la situación de México resulta especialmente preocupante. Aun cuando el país ha mantenido históricamente una tradición diplomática que reivindica la no intervención, la autodeterminación y la solución pacífica de controversias, hoy enfrenta una severa crisis de derechos humanos que desmiente cualquier discurso de paz. Las desapariciones forzadas, los ataques contra periodistas y defensores, la impunidad estructural y la expansión de las violencias —no sólo del crimen organizado, sino también del Estado— revelan una realidad lacerante. A ello se suma la creciente desarticulación de mecanismos de diálogo con la sociedad civil y una política exterior que, en lugar de abanderar los derechos humanos a nivel internacional, tiende a una neutralidad opaca. Frente a este panorama, es urgente pensar el multilateralismo no únicamente como una herramienta de los Estados, sino como un horizonte ético de las sociedades. La paz no puede ser entendida como ausencia de guerra entre naciones, sino como una construcción activa que implica combatir las múltiples formas de violencia que atraviesan lo cotidiano.

Conmemorar este día no significa idealizar el pasado ni negar las tensiones que atraviesan el sistema internacional. Significa, más bien, reconocer que la paz es una tarea inconclusa y que el multilateralismo, más que una realidad, es hoy un desafío que debemos defender. Para pensar hacia afuera México necesita, primero, mirarse hacia adentro: resolver una crisis de derechos humanos que se recrudece día con día, recuperar el espacio público como lugar de construcción colectiva y devolverle a las instituciones su papel como garantes de derechos. En este momento, el acceso a los derechos está severamente limitado por una reducción drástica de lo público, por un vaciamiento simbólico e institucional del Estado, y por graves transgresiones a la división de poderes, como lo muestra la reforma judicial recientemente impulsada. Sin un Estado que defienda la legalidad, sin instituciones sólidas, sin un espacio público vibrante, cualquier aspiración a proyectar una política exterior basada en principios de paz y cooperación será, irremediablemente, retórica vacía.

* Pablo Andrade Martínez (@PabloAnd89) es coordinador de la Causa de Construcción de Paz en Nosotrxs.