blogeditor · 6 de mayo de 2014
Para festejar el día del niño, el pasado 30 de abril en la escuela de mis hijas les permitieron ir sin uniforme. Me tocó darle aventón a un adolescente en pijama y ver a sus compañeras en sus mejores outfits pubertos: leggins, skinny jeans, tirantitos, alguna que otra transparencia y coquetos escotes.
Ardió Troya.
El de pijama fue regresado a su casa y las dueñas de transparencias y escotes fueron reconvenidas por ir vestidas así. Que qué falta de respeto. Que a ver cuándo vuelven a relajar las reglas para que abusen de la confianza depositada. Que si lo hacen a propósito para provocar a la autoridad. Y a sus compañeros, ya entrados en gastos. L@s chic@s se defendieron y defendieron sus hormonas y su sentido del humor. Su adolescencia, pues.
A mí me gusta el uniforme porque limito el ritual de las adolescentes sobre el no tengo qué ponerme a los fines de semana. Punto. Me ahorro dinero, gritos y sombrerazos. La escuela igual ha de creer que se está ahorrando problemas, pero no piensan en los que están perpetuando. Como en el caso de la mamá y las maestras de Wadjda, protagonista de La bicicleta verde, el mensaje que transmiten a su alumnado es una ausencia total de sentido del humor y la cantaleta eterna de que las mujeres no debemos provocar a los hombres. Y si no sabemos vestirnos y comportarnos con propiedad, entonces atengámonos a las consecuencias.
Si no que le pregunten a la podóloga del caso La Volpe, cuyo nombre, foto y motivos inconfesables (según sus enjuiciadores) ya se encargaron de difundir N cantidad de medios. Que si además de arreglarles los pies a los jugadores de Chivas les daba otro tipo de servicios. Que si salía con ellos por qué no lo iba a hacer con el entrenador. Que si éste llegó a solicitar sus servicios únicamente en toalla, según la denuncia de hechos, que por qué no le puso un alto en ese momento, que por qué no lo corrió de su consultorio, que por qué no lo denunció inmediatamente. Que si al día siguiente, cuando La Volpe se dio cuenta del escándalo que se avecinaba y le pidió perdón y le ofreció cubrir lo que ella necesitara, que por qué no aceptó negociar. Que por qué no se arreglaron en corto. Que qué mala mujer. Aprovechada. Porque de que las hay las hay.
[contextly_sidebar id=”4a083731fe19bace07c46fe9eb93ced0″]Y de que hay hombres mensos, también, eh. Mira que poner en riesgo tu carrera, tu prestigio, tu matrimonio y tu familia por una mujer que no es Bar Rafaeli. Seguro a la modelo le ha de encantar que un hombre cualquiera –y más algún jefe o figura de autoridad- la acosara sexualmente. No puede decir que no, ¿verdad? Seguro no le queda más que aceptar si va por la vida con semejante físico y semejantes escotes. Porque el hombre es hombre, ¿cierto? Y la evolución y el desarrollo y la cultura y la educación y el respeto no cuentan cuando a algunos hombres se les despierta el instinto de poseer a una mujer. Pos pa qué van por la vida de ofrecidas, que se tapen como en los países árabes, que ahí sí la mujer conoce su lugar. Que la mujer le diga que sí a varios entonces es un sí para todos, ¿qué no? Eso de abstenerse cuando y donde no son requeridos no va con estos hombres #FaltabaMás.
Porque además, si se trata de darle el beneficio de la duda a alguien, es a La Volpe. Bueno, es que tomen en cuenta que intervino el dueño de las Chivas, Jorge Vergara, y ya ven que el señor no da paso sin huarache. Seguro está usando a la chica para correr al argentino por los malos resultados deportivos del equipo, seguro. Incluso por ahí alguien ya hizo una encuesta donde el respetable se pronunció: que la denuncia es falsa y algún plan trae Vergara.
Que el incidente en la escuela se presentara justo en la misma semana de ventilado el caso La Volpe y estrenada La bicicleta verde para mí es más que significativo. Independientemente de si procede la denuncia o no, que para ello se realiza una investigación, tenemos que enseñar a nuestros hijos desde niños que no significa no. Que las mujeres no existen para cumplir caprichos ni deseos ni mucho menos para ser violentadas, y que siempre se les tiene que pedir consentimiento. En todo momento. Y enseñemos a nuestras hijas a decir un no fuerte y claro cuando así lo decidan. Para que no haya lugar a dudas y los hombres que lo requieran aprendan, de una vez por todas, cuál es su lugar en esto del respeto al otro. Ya verán cómo dejaremos de debatir que haya aprovechadas, cuando deje de haber señores que se presenten en toalla a exigir lo que ellos creen que les corresponde.