Mujeres y ¿el derecho al cuidado?

Redacción Animal Político · 14 de marzo de 2024

Desde siempre, las mujeres hemos participado en actividades que han aportado a la “reproducción” de la vida aunque sea poco reconocido. Actividades como la cosecha, la cría de animales, el cuidado de la tierra, el comercio de alimentos, aunado al trabajo asalariado y las labores del hogar, exponen que históricamente hemos cargado con dobles y hasta triples jornadas de trabajo. Es decir, que las labores domésticas y de cuidados dentro de los hogares se han normalizado bajo la condición de género. En mi familia, como en muchas otras, somos las mujeres quienes hemos tenido que asumir el trabajo doméstico, de cuidados y crianza dentro  del hogar; labores diarias que en nuestro día a día exponen dicotomías como hombres-mujeres, público-privado, trabajo asalariado-trabajo no remunerado.

De acuerdo a con la directora de Oxfam México, Alexandra Haas, en México “hay millones de mujeres que trabajan en la informalidad, no por deseo o decisión, sino por falta de oportunidades y por sobrecarga de cuidados. Ellas dedican 50 horas al trabajo del hogar, 2.5 veces más que los hombres”. Es así, como se minimiza el trabajo dentro de los hogares, pues elementos asignados por “naturaleza” a las mujeres como lo son las labores domésticas y los cuidados, continúan aportando a la economía del hogar. A pesar de que el cuidado es un derecho y forma parte de los pactos y tratados internacionales, ha sido nuestro cuerpo-territorio el que ha resentido estas desigualdades sociales en la cotidianidad somos las mujeres quienes asumimos los costos que esto conlleva.

Gracias a la lucha de las mujeres y a la Red de Cuidados en México, se ha dialogado al respecto con el Estado mexicano sobre el derecho al cuidado para generar políticas públicas, poniendo sobre la mesa diversos cuestionamientos: ¿existen los mecanismos y espacios para garantizar el derecho al cuidado? ¿Qué consecuencias enfrentan las mujeres cuidadoras a largo plazo?

Recordemos que el derecho al cuidado se divide en 3 dimensiones: Cuidar, ser cuidado y cuidar de sí. En este sentido Oxfam (2021) señala que “Ya no hay duda de su importancia fundamental para preservar la vida y el bienestar […]. Una sociedad más justa e igualitaria requiere reconocer que los cuidados nos benefician a todas las personas, y que somos capaces de detonar los cambios que se requieren para lograr mejores servicios y políticas de protección social, y una sociedad en donde hombres y mujeres compartamos las mismas responsabilidades, sin desequilibrios ni violencias”.  Lo que hace hincapié en la interrelación de este derecho con otros, tal como el derecho al trabajo, a la educación, a la salud integral o al ocio.

Ciertamente, el sistema capitalista y patriarcal en que vivimos no da cabida para que el derecho al cuidado sea una realidad palpable, mucho menos para que todas las personas participen en ello. Hablamos de una romantización, precarización, invisibilización, institucionalización y explotación estructural sobre las mujeres al obligarnos socialmente a ser responsables de actividades que deberían ser redistribuidas. Entonces, no sólo se trata de tomar medidas legislativas y presupuestales para garantizar el derecho al cuidado, sino retomar las propuestas y caminos recorridos de grupos y mujeres cuidadoras desde los sentires y saberes alternativos, incluyentes además, para la construcción de paz y la noviolencia. Esto desde el principio de interdependencia, una perspectiva que hace énfasis en superar la diferencia entre  cuidadora-persona cuidada y convertirla en un binomio relacional entendiendo que todos necesitamos de todos.

Recientemente, la Red Yo Cuido Latinoamérica, que la componen la Asociación Yo Cuido Chile, Yo Cuido Perú, Asociación Civil de Cuidados y Apoyos Múltiples en Red (Micelio), y Yo Cuido México, presentaron una solicitud de opinión consultiva ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acerca de “El contenido y el alcance del derecho al cuidado y su interrelación con otros derechos”. Con base en sus experiencias al cuidar familiares con discapacidad, enfermedades poco frecuentes, diagnósticos crónicos, y de la tercera edad, señalan que “todas nosotras somos o hemos sido cuidadoras 24/7 (nos hacemos cargo 365 días al año, 24 horas al día, de una persona o más que requieren cuidados intensos, extensos y especializados debido a la edad, enfermedad o discapacidad), hemos abandonado nuestro proyecto de vida (escolar, laboral o personal) por la falta de servicios y políticas públicas del estado que nos asume como un medio (gratuito y feminizado) para ocuparse de lo que históricamente no ha querido atender: los cuidados”.

En la misma solicitud y, de acuerdo a un estudio de la CEPAL en 2022, al menos en 10 regiones de América Latina y el Caribe “cuantifican que este tipo de trabajo tiene un valor de entre un 15,9 % y un 27,6 % del PIB, y que en promedio, el 74 % de este aporte lo realizan las mujeres”. De allí la exigencia por la protección de sus derechos y la redistribución de las responsabilidades del cuidado. A pesar de esto, las experiencias de las compañeras de la Red resaltan la importancia del apoyo mutuo entre otras mujeres cuidadoras y aunque no son actividades remuneradas, ellas mismas distinguen lo valioso de su labor.

Es necesario cuestionar nuestras rutinas diarias, espacios y actitudes, así como situar las condiciones y realidades que viven las mujeres al momento de convertirse en cuidadoras, el desequilibrio relacional entre cuidar y ser cuidadas, además de la falta de tiempo para lograr el autocuidado utópico. Si bien existe el sesgo del género, las vulneraciones y opresiones pueden variar, incluso aumentar. Hay quienes nos encontramos más expuestas a las violencias por ser indígenas, rurales, afrodescendientes, con neuro divergencias, pertenecientes a la comunidad LGBTIQ o a grupos en situación de movilidad. Entonces, ¿qué necesitamos para asumir los cuidados más allá de una obligación del Estado, tomando en cuenta nuestras interseccionalidades y nuestro género? El derecho al cuidado nos concierne a todas las personas, para que las mujeres en sus diversas latitudes, puedan gozar de una vida digna y libre de violencias.

* Esnayder González (@AliciaEsnayder) es colaboradora del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria A. C. (@CDHVitoria).