Jorge Avila · 19 de marzo de 2026
Martha es mamá de Charly y Dylan. Viven en la microcuenca de Juluchuca, en la costa de Guerrero. Un día, Martha pasó por el patio donde otras mujeres procesaban cúrcuma y preguntó: ¿qué están haciendo?, ¿por qué lo hacen?, ¿tienen ganancias? En ese momento, ella se dedicaba exclusivamente al cuidado de sus hijos, uno que va al preescolar y el otro, que aún es bebé y que requiere atención constante.
Para ella fue sorprendente ver cómo otras mujeres tienen tiempo para trabajar en la siembra a pesar de tener hijas o hijos. Martha, como muchas otras mujeres, es la que mayor tiempo dedica a la crianza de sus niños, pues su esposo sale de la casa para trabajar en el campo. Y esa sobrecarga hace muy difícil que ella pueda acceder a un empleo con salario o a participar en espacios de formación para el trabajo.
Días después, las mujeres la invitaron a pasar algunas horas con ellas para conocer el proceso de siembra y ver la posibilidad de integrarse al grupo. Durante ese tiempo, su mamá llevó a Charly a la escuela y se encargó de cuidar al bebé. Así, Martha se unió a la colectiva Mujeres de la Tierra, uno de los proyectos regenerativos de la microcuenca.
Ahora Martha trabaja procesando la cúrcuma, la jamaica y la moringa en tés y los vende en EcoTianguis, lo que le permite generar sus propios ingresos económicos y organizar sus tiempos para llevar a las niñas y los niños a la escuela, ir a las juntas escolares, apoyar en las tareas de la escuela, preparar alimentos, participar en labores comunitarias o atender a sus hijas o hijos cuando están enfermos. Pueden parecer actividades sencillas, pero en realidad sostienen gran parte de la vida cotidiana. En México el 73% del valor económico del trabajo de cuidados lo realizan las mujeres, frente a 27% de los hombres. (INEGI, 2025).
La historia de Martha muestra que, gracias al trabajo colectivo entre mujeres, fue posible acceder a estas oportunidades. Pero ¿qué pasa con las otras muchas mujeres que viven situaciones similares y que no cuentan con redes de apoyo? ¿qué condiciones hacen falta para que los cuidados no limiten las oportunidades de trabajo y formación de las mujeres?
Parte de la respuesta está en construir un sistema de cuidados como señala Laura Pautassi (2023). Se trata del conjunto de políticas, servicios y acciones que permiten equilibrar la oferta y la demanda de cuidados a partir de una corresponsabilidad social entre distintos actores: los hogares, el mercado, el Estado y la comunidad.
También, es urgente promover la corresponsabilidad, es decir, el reparto equilibrado de las tareas domésticas y de las responsabilidades familiares, tales como su organización, el cuidado, la educación de las infancias, con el fin de distribuir de manera justa los tiempos de vida de mujeres y hombres. Sin estas condiciones, la desigualdad del trabajo de cuidados seguirá recayendo en las mujeres y limitando su acceso a derechos como a aprender, al empleo o a la salud, lo que reproduce desigualdades de género.
En la microcuenca de Juluchuca, las Mujeres de la Tierra muestran, a través de sus cultivos de cúrcuma o jamaica, que el trabajo colectivo es una forma de sostenerse frente a la falta de un sistema de cuidados. Su experiencia también muestra que hace falta impulsar políticas con perspectiva de género para avanzar hacia condiciones más justas que reconozcan y redistribuyan el trabajo de cuidados. Desde Mexicanos Primero, acompañar y visibilizar estas redes de mujeres es también una forma de “Cuidar para Aprender, Aprender para Cuidar.”
Viviana Rodríguez Lorenzo es coordinadora de Monitoreo de Políticas Educativas en Mexicanos Primero