blogeditor · 21 de abril de 2015
El 28 de marzo pasado se celebraron los 500 años del nacimiento de una de las personas que más admiro, Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, más conocida como santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila. En 1515 nació en Ávila y murió en Alba de Torre el 4 de octubre de 1582. Tenía 67 años. En 1970, Paulo VI la nombró, junto con santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia.
Santa Teresa fue una religiosa que reformó a la Orden del Carmelo y fundó las Carmelitas Descalzas, pero también poeta, mística, escritora, feminista y visionaria. Los biógrafos la describen como apasionada, de portentoso talento literario y una verdadera intelectual, pero sobre todo como alguien que vivió una intensa y profunda experiencia de Dios que después pudo expresar en su obra místico-poética.
[contextly_sidebar id=”zi2IYpXPhhoJtAMCHpfFnRPd2fEZcAlf”]Ella forma parte de ese grupo de escritores y poetas que dan lugar a lo que en España se conoce como el Siglo de Oro. Es contemporánea de fray Luis de León (1528-1591), de san Juan de la Cruz (1542-1591) y fray Luis de Granada (1505-1588). Los cuatro son exponentes fundamentales de la poesía religiosa y mística del siglo XVI. El tema central que desarrollan es la unidad del alma con la divinidad.
En 1533, a los 18 años, entra al convento de la Encarnación en Ávila y al año siguiente profesa. Pasa un tiempo con problemas de salud, pero en 1539 se recupera. A partir de 1557, a los 42 años, empieza a sentir “grandes favores espirituales” y en 1558 tiene su primera visión o rapto místico. En 1561, por mandato de su confesor escribe su autobiografía, que reescribe en 1566. Es el primero de sus libros que preocupa a la Inquisición.
El primer monasterio reformado lo abre en 1562 en Ávila y a partir de entonces imprime una enorme fuerza a su tarea reformadora con la apertura de los nuevos conventos de las carmelitas descalzas, y con San Juan de la Cruz emprende también la reforma de la rama masculina de la Orden del Carmelo. En vida fundó una veintena de conventos.
Por su obra, santa Teresa fue perseguida por la Inquisición. Alguno de sus críticos la calificaba de «fémina inquieta y andariega». En Meditaciones sobre los Cantares, ofrece una interpretación muy personal sobre este texto de las Escrituras en un tiempo en que la Iglesia sólo admitía la versión de la Vulgata, estaba prohibida la versión en lenguas romances, y las mujeres no podían comentar el texto bíblico. Se le ordena quemar el libro, pero se salva por las copias que había en algunos conventos. Otras obras de carácter poético-místico son Camino de perfección, Conceptos del amor de Dios y El castillo interior (o Las moradas).
En septiembre de 2014, junto con mi amigo Carlos Garza, visité Ávila, en peregrinaje a la tierra de santa Teresa, para orar en la basílica que lleva su nombre, construida sobre el solar de la que fue la casa paterna, y también recorrer el museo que le está dedicado donde hay manuscritos originales y cartas de la santa. Se conoce la existencia de 409 cartas de su puño y letra. En ese viaje pudimos también ver algunos de los conventos fundados por ella.