Mugabismo transnacional y Matonocracia

blogeditor · 27 de octubre de 2014

Mugabismo transnacional y Matonocracia

Mandela, no. Mugabe

¿Qué tan lejos estaríamos, si no fuera por nuestra vecindad con los Estados Unidos, de convertirnos en un país como Zimbabue? Robert Gabriel Mugabe nació el 21 de febrero de 1924. Es, desde 1975, el líder indiscutido de ZANU-PF (Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico) y presidente de la República que sustituyó a la antigua Rodesia del Norte desde 1980.

Preso político del gobierno racista durante una década -de 1964 al 74- y ganador de las elecciones seis años después, este anglófilo de finos modales, astuto y despiadado, dirige los destinos de un gobierno inoperante que a trompicones, pero con mano firme del nonagenario y su camarilla, sigue funcionando.

El viejo revolucionario asumió el poder catorce años antes de que lo hiciera Nelson Mandela en Sudáfrica. Desde entonces, y a diferencia de Madiba -quien gobernó durante un solo periodo para dejar el puesto que asumiría Thabo Mbeki en 1999- Mugabe criticó duramente su vocación democrática, y ha sido durante 34 años ininterrumpidos el Hombre Fuerte e Inamovible de su feudo nacional.

Mugabe y Margaret Thatcher. Como con Pinochet, la primera ministro británica no pareció conocer a dictadores que no fueran de su agrado. Foto vía HuffPost.
Mugabe y Margaret Thatcher. Como con Pinochet, la primera ministro británica no pareció conocer a dictadores que no fueran de su agrado. Foto vía HuffPost.

Consecuencia directa del bandolerismo imperialista de Cecil Rhodes (1853-1902), empresario insaciable que dio su nombre al traspatio victoriano que llevó su nombre hasta los años sesenta del siglo pasado, Zimbabue únicamente cambió -en apariencia y con el tiempo- de dueño. La minoría blanca y racista que gobernaba la antigua Rodesia del Sur en la persona del nefasto Ian Smith (1919-2007) -la otra Rodesia, del Norte, se había convertido en la República de Zambia en 1964- declaró unilateralmente su independencia del Reino Unido en 1965. Nunca fue aceptada como tal en el concierto de las naciones. Sufrió guerras civiles hasta finales de los setenta. En 1980, tras las elecciones pactadas entre las partes en pugna, Robert Mugabe se convirtió en el primer y único líder en su existencia. Zimbabue se ha convertido en territorio que, para efectos prácticos, le pertence a él y a su familia: una de los peores estados fallidos en el mundo de acuerdo a publicaciones especializadas. Un Estado depredador en toda la extensión de la palabra.

 Bob Marley canta Zimbabwe. El músico jamaiquino ofreció un concierto en la toma de posesión de Mugabe, en abril de 1980.

Mugabe recurrió al asesinato masivo de rivales -reales o aparentes- para establecer su dominio abrumador. Invitó a militares norcoreanos para que éstos adiestraran a un siniestro grupo de asesinos: la Quinta Brigada o Fifth Brigade, que asoló la región de Matabeleland, bastión de su rival Joshua Nkomo en la campaña del Gukurahundi (eufemismo cuya traducción aproximada sería ‘lluvia tempranera que limpia la paja antes de los diluviosde primavera’). Una mortífera Brigada Blanca en su versión zimbabuense.

Masacres en Matabeleland. Mugabe se sirvió de Emmerson Mnangagwa (en ese entonces, ministro de Seguridad Nacional; hoy titular de la cartera de Justicia y posible sucesor suyo) y el militar Perence Shiri (actual comandante supremo de la fuerza aérea de Zimbabue) para perpetrar las matanzas de miles de civiles arrojados a fosas clandestinas y en muchos casos, aún sin identificar. Hoy, Mnangagwa es uno de los candidatos más aventajados para sucederlo y Shiri, como hace treinta años, emblema de impunidad.

El Hombre Indispensable de Zimbabue se ha enriquecido con el tráfico de diamantes, oro y su propia línea de ropa.

Su régimen, que utiliza el terror y su control sobre la mayoría de los medios para mantener desmovilizada a la sociedad junto con oposiciones que no supieron o tuvieron oportunidad de aprovechar las coyunturas históricas, parece estar condenado a recapitular, con algún allegado cercano, los errores de Mugabe después de su eventual deceso.

Lo supieron su eterno contrincante Joshua Nkomo (1917-99), del partido ZAPU, vicepresidente de 1987 hasta su muerte, responsable del derribo de dos aviones civiles durante el conflicto.

Lo sabe Grace Mugabe, su ex secretaria y primera dama de Zimbabue. Sus amoríos con servidores públicos y distintos empresarios adictos al régimen les ha valido a ellos el exilio, el ostracismo oficial o la muerte en sospechosas circunstancias.

Zimbabue es una cleptocracia clásica con una economía moribunda, desempleo, inflación, infraestructura y servicios de educación y salud en ruinas, y amplios sectoresque viven al margen de la hambruna. Señorío privado que sólo favorece a aquellos estratos que se benefician de la abyecta complicidad con el poder omnímodo de Mugabe.

En el juego de sillas musicales, ¿quién se quedará en el lugar del Líder Necesario y Padre de la Patria, asumiendo que éste no viva tanto como el Patriarca ficticio de Gabriel García Márquez?

El partido de Mugabe obtuvo, en los comicios presidenciales del año pasado, casi las dos terceras partes del voto. Ryot
El partido de Mugabe obtuvo, en los comicios presidenciales del año pasado, casi las dos terceras partes del voto. Ryot

Las antiguas propiedades de la población blanca fueron confiscadas en una versión africana de La Piñata sandinista, al término del primer gobierno de Daniel Ortega en 1990, cuando el Mugabe nicaraguense perdió los comicios y tuvo que entregar el poder a la opositora Violeta Chamorro. Así se crearon inmensas fortunas en Zimbabue, al amparo de Mugabe y sus allegados. (Cosas de la vida. La oportuna metamorfosis de Ortega lo han convertido en el Señor Presidente a perpetuidad, pero ésa es harina de otro costal).

Mugabe enfrentó su mayor reto electoral en 2008, cuando el Movimiento por el Cambio Democrático (MDC, por sus siglas en inglés) estuvo a punto de desbancarlo. Los muertes y disturbios que se produjeron entonces lo obligaron a nombrar al candidato perdedor, Morgan Tsvangirai, primer ministro para el periodo 2009-13. Con la incorporación de este último al gabinete, se consumó la simulación que mantiene a Zimbabwe en los últimos lugares de desarrollo económico y bienestar social, pero que mantiene a un sector de la oposición contenta y enriquecida.

Foto: African Voice Online
Foto: African Voice Online

Para la oposición existente, pan o palo. Mugabe con Morgan Tsvangirai, quien fuerasu primer ministro hasta el año pasado. Como en el caso de Joshua Nkomo, muchos partidarios de Tsvangirai en el MDC han muerto a manos de cuadros de ZANU-PF a lo largo de su historia. El ZAPU que comandaba Nkomo terminó fusionándose con el partido oficial. 

Parece que Zimbabue seguirá funcionando en el limbo de la indefinición democrática algunos años más,a pesar de la impunidad y corrupción rampantes.

Mugabe domesticó a la oposición que estuvo a punto de ganar las elecciones hace seis años. En 2013 ZANU-PF obtuvo, por las buenas o las malas, 61 por ciento de los sufragios y Tsvangirai no fue incluido en el nuevo gobierno; incluso se ha vuelto una figura irrelevante e incómoda para el déspota. A cinco años de haber estado a punto de arrebatarle la presidencia al partido dominante, el Movimiento para el Cambio Democrático pasó a un segundo plano. (¿Como el PAN y el PRD acá en nuestro país, después de la hecatombe electoral de 2012 y la firma del Pacto por México?)

En el ocaso de su vida, la transición en Zimbabue se resolverá (¿Como en México, según los cálculos priístas?) dentro del círculo de sus parientes y allegados.

[contextly_sidebar id=”VPXFlvTPTWsJVu0ljOpBDMUP4oW5rQ4i”]Todo indica que Grace, la segunda esposa de Mugabe (Sally Hayfron, con quien había contraído nupcias en 1961, murió en 1992) quiere heredar el puesto. Asumió el liderazgo de las mujeres en el partido oficial en agosto, y en la actualidad protagoniza giras y eventos donde opaca a posibles rivales insinuando que está ella más calificada, dada su cercanía con Mugabe, para asumir la jefatura de estado.

Las elecciones internas para los cuadros de ZANU-PF serán, precisamente, en el mes de diciembre. Una nueva correlación de fuerzas podría hacer factible su ascenso a la presidencia -o en su defecto, inclinar la balanza a favor de alguno de sus favoritos.

Grace posee rasgos de un grotesco pintoresquismo que no nos es del todo ajeno. En 2009 en Singapur, la consorte presidencial cuarenta y un años más joven que su esposo -que inició su vida política fungiendo como su secretaria- golpeó con el aparatoso anillo que portaba en la cara a un paparazzo que buscó fotografiarla haciendo compras en una de las ciudades favoritas de Mugabe (donde suele asistir al Gran Premio de Fórmula Uno). Le iban a fincar cargos, pero el gobierno expidió una visa diplomática y así obtuvo la anhelada inmunidad. Consiguió en septiembre de 2014 un doctorado exprés, con apenas tres meses de ‘intensiva’ labor universitaria. Como lo mencionamos antes, sus presuntos amoríos con empresarios y políticos del entorno de su esposo, les han costado a ellos la muerte, el exilio o el ostracismo oficial y desempleo.

Grace en plena campaña junto con su marido. Nótese la ropa que llevan puesta, que incluye fotos estampadas de Mugabe. Wikipedia
Grace en plena campaña junto con su marido. Nótese la ropa que llevan puesta, que incluye fotos estampadas de Mugabe. Wikipedia

Grace Mugabe tendrá que ponerse de acuerdo con al menos, dos grupos internos de ZANU que comparten sus ambiciones: la del ministro de Justicia Mnangagwa, íntimo deMugabe desde los tiempos de lucha armada, y otra que impulsa a Joice Mujuru, viuda de otro militar aliado del presidente de Zimbabue que murió en circunstancias extrañísimas en 2011, durante un incendio en su casa.

En Zimbabue medran oposiciones dóciles y mafias que fomentan la represión, y esperan un reparto más equitativo del pastel presupuestal -y privatizador- para acallar conciencias.

Es muy probable que entre el represor Mnangagwa y Joice Mujuru, actual vicepresidenta en funciones, se defina el futuro; a menos que la esposa de Mugabe amarre compromisos suficientes como para volverse la Hillary Clinton de Zimbabue.

Sería exagerado establecer demasiadas equivalencias entre el caso de Zimbabue y las actuales circunstancias en México, pero las instituciones atrofiadas y el apego enfermizo a la impunidad apuntan hacia una acelerada mugabización de nuestro país.

Kitsch con jiribilla, 2013. Hombre Chimurengao peleonero. Video de Robert Mugabe ‘en familia’, del programa sudafricano People of the South que conduce Dali Tambo (hijo de uno de los líderes indiscutibles de la emancipación sudafricana). La emisión causó revuelo en Sudáfrica; a Tambo se le acusó de haber sido harto indulgente con el déspota.

Zimbabue se ubica en el lugar 157 de un total de 177 países que se incluyen en el índice de Transparencia Internacional. Abundan miseria y opacidad, sin control alguno de la corrupción y con ramas judiciales maniatadas por completo a la voluntad de Mugabe y su camarilla.

Con sus obvias diferencias, en México opera un mugabismo sistémico no muy diferente del que se practica hoy día en el feudo de la familia que es dueña de Zimbabue. Bien haríamos en empezar a desmarcarnos de esas prácticas que envenenan la convivencia social, y apuntan al colapso administrado por políticos y empresarios similares a los del país africano. O quizá, más aventajados que sus pares de Zimbabue.

Atrabiliario y homofóbico, como lo son por desgracia la mayoría de los líderes en el continente africano y otros lugares del planeta, Robert Gabriel Mugabe es -en la recta final de su reinado: en este 2014- un adelantado más de la Matonocracia (Thugocracy), tal y como define el término en Huffington Post el politólogo etíope Alemayehu Mariam.

¿Estaremos aquí y ahora mismo, siguiendo sus pasos?

 

 

@alconsumidor