Mr. Bullying

blogeditor · 19 de mayo de 2014

Mr. Bullying

Miré nerviosamente el reloj que llevaba en mi muñeca izquierda. Estaba en la clase de Música y por una vez no quería que sonara la campana del timbre anunciando el final no sólo de la clase sino del día. Pero como digo, no quería que eso fuera así, deseaba con todas mis fuerzas que el reloj se detuviera y que no sonara la maldita campana. Me encontraba nerviosa viendo que de un segundo a otro la clase se terminaría. ¿Pero por qué estaba tan nerviosa y por qué no quería salir de clase llegado el momento de volver a casa? La respuesta era que tenía que pasar por la puerta de la salida y no me quería cruzar con lo que me esperaba ahí, o mejor dicho, con quienes me encontraría ahí. ¿Pero qué había pasado? ¿Acaso importa? Pues lo de siempre, que me había tocado en suerte un estupendo boleto con derecho a recibir algunos empujones e insultos.

Tres de las niñas más “populares” de la escuela se habían aburrido al parecer aquel día y se habían decidido a molestarme; la cuestión, según mi profesora de ética, era “no hacerles caso”. Bueno, fin del asunto. ERROR. ¿Fin del asunto?

El que la hace la paga, seguramente pensaron al unísono las tres compañeras que ya antes de terminar la clase me dijeron el temible “al terminar las clases te esperamos en la puerta y ni si te ocurra decir nada”. Y yo como niña dulce y nada agresiva obedecí ante esta amenaza. Así que durante la clase de música me la pasé rezando para que no llegara el fin, el temido sonido del timbre.

Pero….. RRRIIIIIINNNNNGGG.

Sonó finalmente el timbre. Salí temerosa mirando hacia todas partes y sin comprender por qué estas barbies me habían amenazado de esa forma. Decidí perder tiempo en el salón recogiendo pausadamente mis cosas y después me fui por el camino más largo, ya que creía que el tiempo que había perdido no era el suficiente para que se hubiesen ido aquellas tres; me metí al baño y por supuesto que tardé más de lo que mi cuerpecito pedía.

Total que cuando decidí que razonablemente era un tiempo que había tardado bastante y que nadie en su juicio estaría esperando tanto tiempo, me encaminé hacia fuera y cuál fue mi sorpresa al ver que se había formado un enorme tapón de alumnas y que aquello iba para rato. Miré hacia delante para comprobar que nadie me esperaba a un lado de la salida, pero con semejante tapón no vi a nadie. Esperé pacientemente a que el gran flujo de compañeras saliera (algunos no eran tan pacientes como yo y empujaban). Por fin salí por aquellas puertas de hierro y lo primero que hice fue mirar en rededor para asegurarme que no existía peligro alguno. Uuuff.

[contextly_sidebar id=”81948cd9ea69be0e786e26c8ccd3f600″]No había ni rastro de las tres. Caminé tranquilamente y con la seguridad que te confiere el saber que el peligro había pasado. Estaba tan ensimismada que no vi como de alguna parte dos de las tres niñas se dirigían sin prisas hacía mí. Una de las dos se detuvo para tomar una piedra y me la lanzó, por poco estuvo a punto de darme. Ahí sí que me di cuenta de la presencia poco tranquilizadora de aquellas dos, aunque la tercera niña no se le veía por ninguna parte. Empecé a correr y ellas detrás de mí. Empecé a meterme entre la gente sin importarme si empujaba o lastimaba a alguien. Lo importante era llegar al autobús y ojalá que éste tuviera las puertas abiertas y nadie en la entrada. Me pesaba una barbaridad la mochila, pero tenía que seguir corriendo. Mis ojos no se volvieron hacía atrás para ver donde estarían esas dos, que estarían corriendo detrás de mí, rabiosas y llenas de furia por aquel insecto que yo representaba para ellas. Estaba a punto de llegar al autobús cuando la mala suerte o la rueda de la fortuna hicieron que me tropezara y cayera al suelo. Apenas pude levantarme cuando sentí que alguien tiraba de mi mochila y me hacía otra vez caer al sucio asfalto. Acto seguido empezaron a caer los puntapiés y algún golpe brutal dirigido a mi cabeza. Fue algo exprés y contundente.

La vida puede ser un espejo de ilusiones. Es un pensamiento o una idea que siempre he tenido en mi mente. Muchas veces lo que creemos real, lo que creemos eterno o lo que creemos que es bueno, se transforma en un abrir y cerrar de ojos en un espejismo que se ha desvanecido, viendo entonces la cruda realidad. Una cruda realidad que siempre ha estado ahí, salvo que nosotros no la hemos visto hasta entonces.

El olvido es un mal que suele acompañar al hombre como lo hace un perro o un gato. El olvido de algunos males hace que éstos no desaparezcan, sino que es la semilla para que vuelvan una y otra vez a repetirse. Esto mismo pasa con el acoso escolar. La sociedad se espanta al descubrir un caso especialmente sangrante de acoso escolar, es comentario entre las madres de la escuela de tu hijo y todas opinan, todas señalan y juzgan y ¿luego? Pues luego el viento del olvido arrastra esos hechos lejos del recuerdo.

Es responsabilidad de todos (nuestra) que no caiga en el olvido. El bullying es muy grave. Que no nos dé miedo reconocer que existe en nuestro país, así como en muchos otros sitios del globo terráqueo esta enfermedad cancerígena llamada acoso escolar.

Es hasta que como padres sufrimos al ver la ansiedad que causa a nuestros hijos enfrentar el maltrato y burlas de un compañero y la impotencia por no ir de tras de ese niño y enfrentarlo como si fuera un adulto.

¿Qué hacer?

¿Qué pueden hacer los padres para combatir el acoso escolar que sus hijos puedan sufrir? La respuesta a esta pregunta tendría varias fases:

  • Hablar con el profesor encargado de la clase del menor y averiguar si los acosadores de nuestro hijo son de esa clase. En el caso afirmativo el profesor debería actuar para solucionar el asunto. ¿Qué puede hacer el profesor? Bueno generalmente haría un seguimiento del asunto y llamaría la atención a los menores acosadores y los sancionaría o llamar a los padres del menor para plantearles el asunto, si éste llega a extremos peligrosos.
  • ¿Qué sucedería si el profesor de nuestro hijo no hace nada? ¿Qué hacer? Habría que saltarse al profesor y recurrir al director plateándole el problema, éste tendría que presentar el caso a la dirección del colegio si el acoso está resultando especialmente alarmante. Entonces las medidas que tomaría el colegio serían más duras contra los acosadores.
  • ¿Pero qué sucede si planteamos el problema a las autoridades competentes del colegio y fallan a la hora de atajar el problema o miran para otro lado? Por desgracia esta última pregunta se da a menudo, ya que la escuela intenta no mancharse las manos e intenta no dar publicidad del asunto y hacer como que eso pasa en otros centros escolares.

Y es que ésa es en muchos casos la triste, tristísima realidad de nuestros centros educativos en este país llamado México. Se escurre el bulto en el centro, la situación se agrava, los padres de la víctima son ninguneados y se les ocultan la verdad en muchos casos. ¿Y qué sucede con los padres de los menores que agreden? Pues generalmente respaldan ciegamente a sus hijos y nunca se plantean aunque se les dé pruebas del acoso.

Además existe la tan desgastada expresión de “son cosas de niños“. Son cosas de niños las bromas, las peleas entre uno contra uno por tonterías, los enfados con los amigos por tonterías infantiles, PERO NO, REPITO, PERO NO son cosas de niños constantemente agredir a otro igual, escupirle, empujarlo, agredirle con objetos contundentes o las llamadas armas blancas, amenazarle de muerte no un día ni dos, sino todos los días.

No son cosas de niños agredir psicológicamente con frases como: no sirves ni para ser un saco de boxeo, eres menos que un gusano. No son cosas de niños y no son normales el amenazar de muerte a un compañero. Podría decir cientos de frases que no son propias de niños, pero creo que a estas alturas todos tenemos idea o deberíamos tener las cosas claras. Pero parece que no. Se justifica lo injustificable y se justifica constantemente con “son cosas de niños” o son demasiado jóvenes para tener idea que están haciendo.

Nada, ni nadie puede justificar el acoso escolar. Repito NADIE PUEDE JUSTIFICAR EL ACOSO ESCOLAR. UN GOLPE DIARIO O EMPUJÓN O INSULTO NO ES UNA SIMPLE PELEA, como algunos quieren hacer creer. Tampoco quiero hacer con esto una demostración falsa que todos los que acosan son monstruos o fanáticos psicópatas (que los hay). Son niños o jóvenes, sí, con problemas como todos los chicos de su edad, pero resuelven sus problemas volcando todo lo malsano y podrido del ser humano sobre otros.

Así pues antes de hacer vanas y absurdas declaraciones sobre el acoso escolar intentando justificarlo, analicen todos aquellos la situación de manera objetiva, porque la objetividad, amigos, no es restar importancia a las cosas sino enterarse bien sobre el asunto.

Y es de auténtica vergüenza, repito de AUTÉNTICA VERGUENZA CÓMO EL PROFESORADO Y LAS DUEÑOS DE LAS ESCUELAS LLEGAN A TRATAR DE MINIMIZAR LOS ACONTECIMIENTOS CON TAL DE NO PERDER UN ALUMNO QUE SIGNIFICA UNA CUOTA DE COLEGIATURA, o en el caso de una escuela de gobierno, cómo es que se evita la mala publicidad para el colegio.

Si esto falla hay que seguir luchando con todo lo que tengamos a nuestra mano. ¿Si todo esto falla qué pueden hacer los padres de la víctima? ¿Tomarse la justicia por su mano? Tampoco.

Pero como padres es nuestra responsabilidad proteger a nuestros hijos, pero sobre todo cuestionarnos qué pasaría si nosotros estuviéramos en el lugar del acosado.

Este video circula esta semana por nuestras redes sociales. Mr. Bullying… Hasta la próxima.

 

 

@maricelarosales