Una guerra en el olvido: la violencia está traumatizando a miles en Cabo Delgado, Mozambique

Redacción Animal Político · 9 de marzo de 2024

Pemba, Mozambique.- Seis años después del inicio del violento conflicto en el norte de Mozambique, la gente de Cabo Delgado todavía vive con miedo. Sólo en 2024, más de 80,000 personas tuvieron que huir tras los ataques de grupos armados. Las familias desplazadas necesitan urgentemente alimentos, refugio, artículos de socorro, atención médica y también atención de salud mental.

Las personas desplazadas a menudo han quedado muy traumatizadas por la violencia”, dice Esperança Chinhanja, psicóloga de MSF en Macomia, uno de los distritos más afectados de Cabo Delgado. “Algunas personas experimentan ansiedad, ataques de pánico, insomnio, aislamiento y tienen pensamientos recurrentes. Algunos comparten que perdieron el sentido de la vida y mencionan pensamientos suicidas”.

Desde 2017, las familias han sido desplazadas varias veces. La mayoría ha experimentado o ha sido testigo de violencia extrema, incluidos asesinatos, violencia sexual, secuestros, extorsión y quema de aldeas. Muchos vieron cómo asesinaban, decapitaban o mataban a sus familiares y vecinos a tiros. Algunos han perdido a toda su familia.

La violencia no disminuye y la gente tiene que huir repetidamente. En enero de 2024, había unas 76,000 personas viviendo en Macomia que habían sido desplazadas en los últimos años. En febrero, unas 3,600 personas se vieron desplazadas recientemente tras múltiples ataques en el distrito. Sus historias son desgarradoras.

Joaquim*, de 42 años, está desplazado desde 2022 y ahora es el responsable de registrar las nuevas personas que llegan a un campamento para familias desplazadas en Macomia. Registra los nombres de todos los recién llegados y transmite sus historias, experiencias, necesidades y frustraciones. “Por la noche, muchas personas no pueden dormir porque todavía tienen miedo. Varios prefieren permanecer despiertos para asegurarse de que todo esté bien y que no pase nada malo”, comparte Joaquim al tiempo que subraya que la comida es la necesidad más urgente para las familias desplazadas.

Amade*, un agricultor de 60 años, se vio obligado a huir de su aldea en Pangane en febrero. Actualmente se encuentra alojado en un campamento en el pueblo de Macomia, a unos 45 kilómetros de su ciudad natal. Mientras visitaba una clínica de MSF, compartió: “Cuando escuchamos disparos, comenzamos a correr. Esta fue la cuarta vez que huimos de los ataques en mi aldea desde 2020. No tenemos comida y dependemos de la generosidad de otros para comer. He perdido tanto peso que ni siquiera reconozco mi cuerpo: se me caen los pantalones porque ya no me quedan. Por las noches no puedo dormir entre el hambre y la angustia por los recuerdos de los ataques”.

Al igual que Amade, Ernestina Jeremías, una partera de 32 años, también fue desplazada en febrero de Chai y actualmente se encuentra en la aldea de Macomia, a unos 40 kilómetros de su zona de origen. “Los ataques destruyeron todo lo que teníamos, incluidas nuestras vidas. Esta es la tercera vez que huyo de Chai. Los últimos ataques fueron los más brutales, ya que ocurrieron repetidamente durante dos semanas. He estado en un centro de desplazados desde que llegué a Macomia. Aquí brindo apoyo a mujeres embarazadas de mi comunidad que también huyeron de los ataques, y remito los casos más graves a las clínicas de MSF. Esto es lo que me mantiene en marcha”, dice Ernestina.

Atija, una madre de 28 años, compartió lo siguiente mientras acompañaba a sus dos hijos a la clínica de MSF en Nanga: “Estaba embarazada cuando nuestra aldea fue atacada en el distrito de Meluco en 2022. Vi cómo quemaban mi casa, lo perdimos todo ese día. Mi familia y yo huimos al monte y caminamos durante dos días. Desde entonces, nunca he vuelto a ser la misma y sigo luchando contra ataques de pánico, insomnio y quiero estar sola la mayor parte del tiempo. Encuentro mi fuerza para seguir viviendo de mis hijos y tratando de encontrar comida para nosotros. Estoy trabajando en campos de otras personas y a cambio me dan yuca seca”.

El conflicto sigue teniendo un impacto significativo en los servicios públicos, particularmente con la destrucción de instalaciones de salud, lo que plantea serias limitaciones para el acceso a la atención médica básica. En Macomia, de los siete centros de salud existentes gestionados por el Ministerio de Salud antes del conflicto, sólo uno está funcionando. MSF apoya tres clínicas en el pueblo de Macomia y brinda asistencia vital y atención médica a quienes fueron desplazados anterior o recientemente.

La situación de seguridad sigue siendo volátil en Cabo Delgado y es prematuro hablar de estabilización y de que la vida vuelva a la normalidad. En diciembre de 2023, más de 540,000 personas seguían desplazadas y 600,000 regresaban a sus aldeas. En varias ocasiones, quienes regresan a sus lugares de origen aún viven con miedo por el trauma vivido y el riesgo de verse desplazados nuevamente por nuevos ataques.

MSF trabaja en Cabo Delgado desde 2019. Actualmente trabajamos en los distritos de Macomia, Mocimboa da Praia, Mueda, Muidumbe, Nangade y Palma brindando asistencia médica y humanitaria independiente, imparcial y neutral a las comunidades desplazadas y a quienes regresan a zonas de origen. En 2023, MSF llegó a más de 85.000 personas en actividades grupales de salud mental y brindó 5.000 sesiones individuales de salud mental en Cabo Delgado.

* Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de los entrevistados.