blogeditor · 12 de enero de 2016
“El Acuerdo de Paris abre el camino para avanzar hacia el fin de la pobreza, reforzar la paz y asegurar una vida digna y con oportunidades para todos el mundo“.
Ban Ki-Moon, Secretario General de Naciones Unidas
Ante mucha expectativa y negociaciones intensas, el sábado 12 de diciembre 196 países aprobaron el Acuerdo de París, el cual representa un avance para la humanidad en la lucha contra el cambio climático, ya que busca mantener la temperatura del planeta por debajo de 2° y, si es posible, no sobrepasar los 1.5° a fin de evitar consecuencias catastróficas.
Aunque no es el acuerdo perfecto y su entrada en vigor será hasta el 2020, hay varias cosas importantes de mencionar y, sobre todo, entender qué es lo que plantea y cuáles son las oportunidades para lograr estos objetivos y, en este contexto, cuál es el papel de la movilidad urbana.
Desde hace dos años, la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático invitó a todos los países a establecer compromisos voluntarios (INDC por su siglas en inglés) para no sobrepasar los niveles de temperatura promedio y reducir los impactos de cambio climático en zonas vulnerables. De esta manera cada país estableció medidas generales en materia de mitigación y adaptación. Hasta el momento se han presentado 160 contribuciones, las cuales no alcanzan para cumplir con la meta de los 2°, es decir, falta subir el nivel de ambición de estas contribuciones.
El Acuerdo establece una revisión cada 5 años de los compromisos voluntarios presentados, lo cuales deben permitir a largo plazo avanzar hacia una descarbonización del planeta y lograr “neutralidad” de emisiones a partir de la segunda mitad del siglo.
[contextly_sidebar id=”8sWDFYgEtLRBml6mpf6xJ4wuEdzbVCXf”]En este contexto, el transporte juega un papel central para la reducción de emisiones y otros beneficios. Actualmente del 23% de las emisiones relacionadas con energía, 50% provienen del transporte urbano y se espera que al 2050 haya un incremento del 140% de CO2 en el sector transporte, principalmente en los países en desarrollo. De las contribuciones presentadas por los países, 75% tienen alguna acción relacionada con el transporte, sin embargo, están enfocadas mayoritariamente en temas de eficiencia energética, disminuyendo las posibilidades de reducción de emisiones mediante caminar, andar en bici o la ampliación del transporte público masivo. Según datos de ITDP, un cambio modal alto que incluya bicicleta pública y transporte público podría ayudar a reducir un 50% de las emisiones al 2050.
En términos del financiamiento para lograr lo anterior, el Acuerdo de París establece que los flujos de financiamiento climático deben enfocarse hacia un desarrollo bajo en emisiones de gases de efecto invernadero y resiliente al clima. 100 mil millones de dólares, anteriormente prometidos, serán la base del apoyo financiero a partir del 2020, sin embargo, la naturaleza de los recursos financieros aún no está clara.
En materia de transparencia se establece que los países en desarrollo deben proporcionar información tanto sobre proyecciones de apoyo financiero, como sobre el apoyo financiero otorgado y movilizado. Esta provisión de información se deberá hacer cada dos años, con datos cuantitativos y cualitativos, mientras que para los países en desarrollo el financiamiento es voluntario.
El Acuerdo deja una brecha para el período previo al 2020, no obstante es importante que los países no dejen de fortalecer sus instituciones, ni sus objetivos de mitigación y adaptación al 2020. También es necesario mejorar los mecanismos implementación, verificación y medición de los proyectos, es decir, saber cuáles son los impactos en la reducción de emisiones.
Sobre el tema de adaptación se dieron importantes avances dentro del Acuerdo, ya que se reconoció como un objetivo mundial aumentar dicha capacidad, fortalecer la resiliencia y reducir de la vulnerabilidad.
Un enfoque renovado es la creación de capacidades, el cual será una clave para el éxito de la próxima aplicación de los compromisos de los países y, por lo tanto, va a ser un elemento esencial para la implementación de proyectos de transporte.
Sin duda, este Acuerdo es el inicio del cambio de las actuales políticas de desarrollo, evitando el uso de los combustibles fósiles y promoviendo el uso de energías renovables. Involucrando la gestión pública y privada a nivel global y local. Modificando la forma en que elegimos movemos impacta directamente en la reducción de la temperatura de la tierra. El impulso de políticas que promuevan el enfoque de mejorar, evitar y cambiar en el transporte podría darle a los países, pero sobre todo a las personas que los habitan, una oportunidad para movernos ganar la lucha contra el cambio climático.