blogeditor · 15 de enero de 2013
Por: Guido Lara (@guidolara)
El mantra Mover a México, presente en los discursos clave del Presidente Enrique Peña Nieto y en su publicidad oficial, es consistente con una agenda de gobierno plenamente modernizadora.
El concepto Modernización impulsado por Carlos Salinas de Gortari y su gobierno, cayó en desgracia debido a los saldos negativos con que se cerró esa gestión. Palabras como Modernización o Solidaridad fueron chupadas por el diablo o, si se quiere, por el chupacabras.
Lamentablemente el uso y abuso de algunos conceptos los aleja del discurso público, no tanto por su contenido, sino por ser asociados con determinados personajes o fuerzas políticas. Un paso importante en el dominio de la agenda pública es evitar ciertos posicionamientos “malditos” (ejemplo: Privatizaciones y/o Nacionalizaciones, paradójico no) por lo que implica firmeza y determinación retomar términos y reactualizarlos. Modernización es uno de ellos.
Salinas encabezó un proyecto modernizador, Peña lo ha iniciado con claridad. Es importante no caer en la comparación perezosa y esquemática. Salinas impuso una modernización autoritaria, quiso cambiar el sistema económico, sin cambiar el sistema político. Aunque realizó cambios relevantes, es poco probable que la historia no considere su gestión como un fracaso.
Unas voces señalan que una restauración autoritaria está en camino, otros que dicha restauración es imposible. Sin decir “de esta agua no beberé” me inclino a ver con claridad la enorme dificultad que implicaría un retorno a la Presidencia Imperial.
Casi un cuarto de siglo después la sociedad mexicana es muy distinta: plural, diversificada, abierta al mundo, conectada, con mayor libertad de expresión, un ecosistema mediático mucho más rico (ej. 12 millones de mexicanos en Twitter). Somos más modernos que entonces.
A esta sociedad ya no se le embauca fácil. Ilustrémoslo con un simple indicador de grado de modernización: en 1988 había 6 millones de mexicanos con educación superior. Hoy somos 15 millones ¡9 millones de mexicanos más! con mejores elementos para hacerse un juicio propio, opinar, movilizarse, decidir y en su momento votar. Una modernización autoritaria no pasaría suavemente.
El nuevo gobierno arranca con una vocación de modernización incluyente. En el marco del Pacto por México sumó a los tres principales partidos políticos: Peña “si los ve y si los oye”. Como gobernador, candidato y Presidente, con palabras y hechos siempre ha dado la mayor relevancia al verbo unir (botón de muestra el reciente mensaje a la nación). Se abre así un gran espacio para la política, las negociaciones, los acuerdos y las reformas de fondo.
México anda movido y qué bueno. Karl Deutsch equiparó el término “movilización social” para definir casi todos los aspectos sociodemográficos de la modernización. La movilización social es el proceso mediante el cual las grandes agrupaciones de viejos vínculos sociales, económicos y psicológicos se desgastan y se rompen, y las personas quedan libres para absorber nuevas pautas de socialización y de conducta (a mover el koolo, diría Illya Kuryaki y los Valderrama).
El nuevo gobierno priista va bien y rápido. Está actuando con el mismo dinamismo y efectividad que sus “neovoladores de Papantla”, protagonistas de su audaz y refrescante spot publicitario inaugural. Pero cuidado en irnos tan rápido con la finta y dejar libre la cancha para ver el partido desde la tribuna. Ya lo hicimos con Salinas, ya lo hicimos con Fox. De buenos comienzos y buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Andamos movidos, lo cual es valioso, pero insuficiente. El diablo está en los detalles y cuidado con la letra chiquita de las nuevas reformas, pues por allí se pueden colar los “usual suspects”, los poderes fácticos o simplemente la mala política pública o la improvisación legislativa. Llega el momento de que no fallemos los penaltis.
* Guido Lara es doctor en Teoría de la Comunicación y Métodos de Investigación Social por la Universidad Complutense de Madrid y comunicólogo por la Universidad Iberoamericana. Presidente Fundador de Lexia.