Morena entre los traspiés y las ligas estiradas

Redacción Animal Político · 10 de marzo de 2026

Por: Armando Luna Franco

Claudia Sheinbaum inició la semana pasada con la presentación de la reforma electoral, y terminó con la ceremonia por el Día Internacional de la Mujer, en medio de la élite militar de nuestro país. Ambos acontecimientos son testimonios muy contundentes sobre la relación que guarda la presidenta con las fuerzas sociales y políticas de nuestro país, y sirven de ejemplo de dos dinámicas que han caracterizado no sólo a su presidencia, sino al morenismo en su conjunto: los traspiés y el estiramiento de ligas. Con lo primero me refiero a los errores y malos manejos que tiene el oficialismo para negociar e implementar su programa de gobierno; con lo segundo me refiero a generar tensiones innecesarias para lograr sus objetivos.

El primer caso ha sido suficientemente comentado en medios y yo lo he hecho en otros espacios. Más que reiterar puntos, me interesa lo que siguió a la reforma: el anuncio de que era probable que hubiera un plan B mediante las reformas a leyes secundarias que no requieren mayorías calificadas, así como el rechazo de los partidos aliados de Morena a la propuesta presentada. Una reforma electoral que tardó en darse a conocer, pésimamente comunicada, que de todas maneras intentará pasar por el Congreso. El manejo de la presidenta dio lugar a una comedia de errores que le ha costado políticamente, mientras que tensa la liga de la reforma hasta que su objetivo ya no es del todo claro.

El segundo caso es todavía más extenso, y podría considerarse hasta estructural en el morenismo. Conocida es la relación que guarda el oficialismo con los movimientos sociales que no logra cooptar a su interior: la defensa del territorio, los feminismos, las madres y los colectivos de búsqueda, los pueblos indígenas y el antaño pleito con el neozapatismo. En una traición a sus principios de izquierda, el morenismo es incapaz de escuchar y dar lugar en su programa a las causas que estos movimientos representan, y más que incorporarlos, busca su desprestigio y la marginación pública. En el caso de la presidenta, desde su etapa como jefa de gobierno en la Ciudad de México, fue clara su negativa a atender los reclamos de los movimientos feministas, acompañados de la represión y la persecución policial.

Los traspiés con los feminismos y los otros movimientos sociales son claros porque reiteradamente demuestran insensibilidad, así como la indolencia y la impunidad comentadas la semana pasada. Para ser un gobierno popular, el morenismo es particularmente omiso e indiferente ante las expresiones organizadas que impugnan su causa social y su representatividad. Por su parte, Sheinbaum y el morenismo estiran la liga con movimientos como los feminismos al perseguirlos con los cuerpos policiacos, como ocurrió en la Ciudad de México o en Oaxaca, mientras que actúa negligentemente ante situaciones como la ocurrida en Morelos, con la desaparición de tres estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y la muerte de dos de ellas.

Una presidenta que usó el estandarte del feminismo para llegar al poder mientras ignora a las feministas, un partido que prometió un cambio en favor del pueblo y la democracia, pero busca una reforma contraria a sus principios y a la voluntad popular. En lugar de buscar hacer las cosas bien, aprovechando el gran apoyo popular que presumen mantener, tropiezan por la soberbia política de saberse mayoría formal, mientras que estiran la liga, sin ninguna responsabilidad política, para ampliar su margen de maniobra más allá de un cuestionado apoyo popular. Entre traspiés y ligas estiradas desgastan nuestra democracia.