blogeditor · 7 de agosto de 2020
Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.
Carlos Bardem, “Mongo Blanco”.
Lo primero que atrapa la atención lectora al sumergirse en una novela profundísima como lo es “Mongo Blanco” (el éxito de ventas en España que ahora publica en exclusiva para México y Latinoamérica el Fondo de Cultura Económica), es el tiempo que llevó a Carlos Bardem, su autor, realizar la investigación necesaria para trazar con suficientes elementos la compleja existencia de su personaje principal. Cinco obsesivos años averiguando todo acerca de Pedro Blanco Fernández de Trava, mejor conocido, precisamente, como el Mongo, uno de los esclavistas más célebres de España, hombre que durante el siglo XIX asentó una gran fortuna traficando con la vida de seres humanos que habían ingresado al mundo con la gracia de haber nacido negros y se fueron de él con la desgracia de haberse topado con un comerciante despiadado. Cinco años de internarse por entre los vericuetos mentales de un hombre que alcanzó un enorme poder y cuya épica se encuentra narrada con brillantez por Bardem, quien pese a su conocimiento del personaje no permite que la narración se tuerza emitiendo algún tipo de juicio que oriente los designios del lector. Lo segundo, naturalmente, es la historia de un hombre errático y salvaje, dueño de enormes habilidades y personalidad, que aprendió a ponerle precio a la vida de semejantes que no ostentaban su mismo color de piel.
“A latigazos, atados de a dos y engrilletados, salen los negros a cubierta. Unos lloran, otros tascan con odio los dientes. O cantan en lamentos profundos. El contramaestre vuelve a azotar aire y espaldas con la tralla. Murmuran en sus lenguas, sudan sangre. Los muleques, los críos, lloran entre hipidos y tiemblan pese a un calor de mil demonios que debería hacerles sentir en casa. Las mujeres lloran con rabia por el dolor de sus hijos. Todos hieden a sudor rancio y mierda, las fragancias del miedo”. Desde su arranque, de alguna forma, la novela mueve constantemente a la reflexión sobre los racismos del pasado y el presente, una densa maraña que recubre algún tipo de monstruosidad pero que también se ve magnificada durante el desarrollo de la historia por la ambición desmedida que llevó al Mongo Fernández de Trava a amasar una fortuna teñida con el sufrimiento de los demás.
Envilecido por el poder, enfrentado por sus propios demonios a disyuntivas de carácter ético y, a la postre, presa de su propia y salvaje perversidad, el personaje centralísimo de “Mongo Blanco” es también un pretexto que permite al autor reflexionar sobre la inmensa complejidad de la naturaleza humana. En suma, una historia tan terrible como apasionante que permite explorar, llevado por la gran pluma de Bardem, un momento de la historia del mundo nodal para comprender qué clase de seres humanos somos -o podemos llegar a ser- cuando las condiciones a nuestro alcance apuntan hacia la más rasante superficie o la más densa oscuridad.