Maricela Rosales · 5 de diciembre de 2011
Me gustaría contratar a una persona que llevara las estadísticas de toda mi vida: cuántas veces he bailado, cuántos amigos he tenido, cuántas oportunidades de besar a alguien he dejado ir, de qué color me he vestido en más ocasiones, cuántas horas he dormido en cada casa diferente, en qué hombre he invertido más pensamientos…
Alguna vez a mí también me preguntaron cuáles son los tres libros que habían marcado mi vida, dudé varias veces, aunque por lo general siempre respondo “el siguiente”.
Géneros varios, ya he platicado que el terror y suspenso son mis favoritos, pero debo decir que me inclino mucho por los de desarrollo humano y filosofía.
Ya me estoy enredando como el Señor Peña. Quién le iba a decir que su respuesta produciría tantas carcajadas y que el RT del novio de su hija sobre “la prole” no solo moleste, sino que provoque para seguir burlándose y seguir riendo. Claro, lo simpático de la situación sólo durará unos días, pues llegará algún otro tema chusco y dejará de ser novedad.
¿Será verdad que la mayoría de los mexicanos nunca en su vida han terminado de leer un libro completo? Y que como lo dijo uno de mis followers: la “prole” jamás se enterará que la hija de Peña les dijo “prole” y que tampoco les importa, pues están más interesados en ver cómo satisfacer sus necesidades más inmediatas.
Eso no justifica los errores. Para nada. En fin, por lo pronto aquí están mis tres libros:
Vivir sin Arrepentimiento; De Arnaud Maitland, Arnaud era un holandés muy vital, con sentido del humor y aire de galán de cine francés, pero su vida no fue un camino de rosas. La progresiva decadencia de su madre, que padeció el mal de Alzheimer, la desestabilización que ésto provocó en el grupo familiar, el toparse con el sufrimiento, la vejez y la muerte lo enfrentaron con emociones oscuras. Miedo, desesperación, culpa, inercia… y remordimientos.
“Aprendí a hablar con los dos lados de la boca: a favor de unos y de otros, ¡es lo que hacen los abogados!”, Arnaud trabajó en compañías navieras en Nueva York y en Hong Kong. Comenzó a leer sobre filosofía oriental, estudió con el lama Tarthang Tulku y obtuvo una maestría en Filosofía y Psicología en Budismo Tibetano en la Universidad de Berkeley (California). La debacle de su madre inspiró su libro “Vivir sin arrepentimiento” (Editorial Norma), donde se basa en enseñanzas budistas para reflexionar sobre las emociones negativas y enseña a no temer al sufrimiento propio o al de los demás.
La sabiduría del corazón; De Jack Kornfield, este libro recoge perlas de la sabiduría de todos los tiempos y tradiciones para alimentar el espíritu en la vida cotidiana, elogiado en todo el mundo. Contiene una deliciosa recopilación de lecciones espirituales de Oriente y Occidente para despertar la reflexión y elevar el ánimo. Incluye cuentos Zen, jasídicos, cristianos, sufíes, aborígenes americanos… un tesoro de joyas inspiradoras para enriquecer el corazón.
Y en tercer sitio creo que sería Los cuatro estados sublimes, de Nyanaponika Thera, otro hermoso libro sobre espiritualidad que habla de cuatro estados: el amor, la compasión, la alegría altruista y la ecuanimidad.
Ahora recuerdo que hace tiempo alguna vez leí que la ganadora del Nobel de Literatura, la austriaca Elfriede Jelinek, no acudió a recoger su premio por una enfermedad que la imposibilitaba…”la fobia social”.
Hay excusas para todo y es bueno saber que puedes declarar una patología en vez de confesar tu mediocridad y torpeza: “Perdona amigo, pero no recuerdo cuáles son mis tres libros favoritos… ya sabes de lo de mi enfermedad”.
En cuanto a contratar a una persona para llevar las estadísticas de mi vida, esa contratación podría ser substituida por un “estadistómetro”. Pido a los científicos de Radio Shack que se pongan las pilas.
Hasta la próxima.