Miroslava, la voz que no quiso callar

blogeditor · 23 de marzo de 2022

Miroslava, la voz que no quiso callar

Durante la marcha del 8 de marzo de este año conocí a Guadalupe, estudiante de periodismo —al igual que yo—. Como parte de mi trabajo, me acerqué a ella para preguntarle sobre el cartel que alzaba. Minutos antes me había llamado mucho la atención por las imágenes que tenía. Una cartulina negra con palabras escritas en tinta blanca roja y, en la parte inferior, dos fotografías: de un lado, el exgobernador de Baja California, Jaime Bonilla, y del otro, la periodista Lourdes Maldonado, quien laboraba en ese estado de la república.

“Somos la voz de las que ya NO están”, decía en el mismo lado donde Guadalupe había pegado estas dos fotos. Platiqué muy brevemente con ella. Me dijo que los gritos de exigencia de justicia durante la marcha también serían para las periodistas asesinadas. A las dos se nos salieron las lágrimas y nos abrazamos. No nos conocíamos, pero las dos lloramos por lo mismo: en México siguen asesinando a periodistas por su labor.

El caso de Lourdes, asesinada en su casa de Tijuana el 23 de enero de este año, generó una serie de movilizaciones a lo largo del país, debido a que con ella se sumaban 3 asesinatos de periodistas en menos de un mes. Ahora, cuando casi comienza abril, las organizaciones de la sociedad civil y colectivos de periodistas han documentado más de 6 asesinatos en estos tres primeros meses del 2022.

En marzo de 2017 ocurrió algo similar. Con el asesinato de la periodista chihuahuense Miroslava Breach se contabilizaban 3 asesinatos de periodistas en tan sólo un mes: el 3, Cecilio Pineda en Guerrero; el 19, Ricardo Monlui en Veracruz y, finalmente, el 23 de marzo, exactamente hace 5 años, el de Miroslava en Chihuahua.

Con el caso de Miroslava la sociedad mexicana y el gremio periodístico tomaron las calles a lo largo del país para exigir justicia por la muerte de la periodista, quien era colaboradora de La Jornada en Chihuahua. A ella también la asesinaron afuera de su casa, en un intento por callarla debido a los temas que investigaba y de los cuales escribía.

Miros, como le decían sus seres queridos y personas cercanas a ella, se dedicaba a documentar casos de violaciones de derechos humanos, como agresiones contra activistas ambientalistas, defensores de derechos humanos y líderes indígenas de la comunidad de los Tarahumara en la sierra chihuahuense, o los feminicidios en la zona norte del país, como el caso de la activista Marisela Escobedo, asesinada en diciembre de 2010 en ese mismo estado mientras exigía justicia por el feminicidio de su hija Rubí.

Pero hubo un tema que a Miroslava le interesaba mucho desde décadas atrás: la relación del narcotráfico con el poder político. El Colectivo 23 de marzo y el proyecto Defensores de la Democracia han reunido una serie de notas y reportajes que la periodista chihuahuense  publicó a lo largo de los últimos años, en los cuales retrata cómo un grupo en particular, Los Salazares o Los Salazar, se fueron infiltrando en la política local. Las investigaciones que Miroslava llevaba a cabo demostraban que candidatos del Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tenían fuertes nexos con este grupo o habían sido escogidos específicamente para cooptar los cargos públicos del estado y, así, ir “ganando terreno”.

También había publicado sobre las infiltraciones del crimen organizado a instituciones de seguridad pública y, en particular, decidió retratar el caso de su lugar natal: Chínipas, un municipio ubicado en la Sierra Madre Occidental en Chihuahua, desde donde Los Salazar operaban y donde también imponían candidatos para controlar la zona. Actualmente, uno de los exalcaldes de dicho municipio, Hugo Amed Schultz, se encuentra preso por ser partícipe auxiliador del asesinato de Miroslava. La sentencia llegó después de 4 años del asesinato, en junio de 2021, gracias al apoyo de organizaciones como Propuesta Cívica, quienes también han trabajado en el caso del periodista sinaloense Javier Valdez.

Los familiares y amigos de Miroslava la han retratado, a través de reportajes, como una mujer fuerte, valiente y que no temía alzar la voz ante las injusticias. De igual manera, se documentó que, durante mucho tiempo, recibió amenazas para que dejara de escribir e investigar. Incluso grabaciones que se presentaron en las audiencias sobre su caso dan cuenta de los niveles de persecución y acoso que sufría por parte de quienes querían silenciarla. Sin embargo, aunque ella sabía que estaba en peligro, siempre estuvo comprometida con su labor y quienes la conocían cuentan de la rigurosidad y seriedad con la que llevaba a cabo su trabajo.

También a través de una columna política publicada en el medio El Norte de Juárez o Norte Digital, Miroslava, que utilizaba el seudónimo de dicho espacio, “Don Mirone”, también denunciaba todo aquello que reporteaba, especialmente sobre la política y el narcotráfico, así como los casos de lavado de dinero y enriquecimiento ilícito, como el caso del exgobernador César Duarte, quien actualmente se encuentra preso en una prisión de Estados Unidos por desvío de recursos.

Así, Miros no dejó de publicar sobre los temas que tanto le importaban, sobre todo porque sabía el valor de dicha información para la sociedad chihuahuense y porque le causaba enojo e indignación que la violencia y la corrupción imperaran en su estado.

Poco después de su asesinato, una de sus compañeras de labor, Patricia Mayorga, periodista y colaboradora de Proceso, tuvo que refugiarse en otro país debido a que también había recibido amenazas por los últimos temas que habían reporteado juntas, el de las infiltraciones del narcotráfico a los gobiernos municipales de Chihuahua. Asimismo, el medio donde publicaba sus columnas políticas, El Norte de Juárez, cerró temporalmente por falta de garantías de seguridad para llevar a cabo la labor periodística y por deudas que instituciones públicas tenían con el espacio.

A pesar de que Miroslava era cercana al exgobernador de Chihuahua de 2016 a 2021, Javier Corral, y que este conocía el ambiente de inseguridad en el que ella desarrollaba su labor, nunca tuvo protección y durante el tiempo de su gestión, la investigación sobre el asesinato avanzó despacio. Finalmente, la familia de Miros declaró que obtuvo la siguiente respuesta por parte de Corral al exigir justicia por su caso: “(Fue callada) por pisarle los callos al diablo”. Esta frase, junto a la que ella siempre repetía sobre su trabajo, “El silencio es complicidad” se ha quedado permanentemente marcada en una placa conmemorativa colocada frente a la entrada posterior del palacio de gobierno de Chihuahua.

Aunque a través de un par de aprehensiones y sentencias el Estado mexicano ha proporcionado a medias la justicia para su caso, todavía quedan varias cuestiones pendientes en torno a la muerte de Miroslava y no sólo sobre ello, sino también sobre lo que ella investigó y que, para las autoridades, pareciera que quedó en el olvido.

De esta manera, cada pluma que silencian es una pérdida para la sociedad y para el gremio en general. Y así como el asesinato de Miroslava o de Lourdes, de Armando y los más de 150 periodistas mexicanxs durante las últimas décadas, la exigencia por la justicia y la reparación de los daños continúa y continuará. Pero no sólo eso, no debemos permitir que su trabajo, esa labor que llevaron a cabo con pasión y preocupaciones, se quede en el olvido. No sólo levantemos la voz por sus asesinatos, también hagámoslo por las injusticias por las que ellas y ellos lo dieron todo. Seamos esa voz que Guadalupe mencionó en su cartel: la voz de quienes ya no están, de quienes quisieron silenciar sus plumas, la voz de quienes nos han arrebatado. Así como dijo Armando Linares, periodista de Michoacán asesinado la semana pasada, “Nuestra única defensa es una pluma”.

* Estefanía Cervantes Juárez (@estef_cervantes) es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la FCPyS de la UNAM. Le interesa dedicarse al periodismo e investigar sobre derechos humanos. Cofundó Escritoras Universitarias (@EscritorasU) y actualmente es parte de la tercera generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de la UNAM.