blogeditor · 18 de septiembre de 2014
Por: Edgar Guerra Blanco
La formación, irrupción pública y estrategias de combate de los Grupos de Autodefensa en Michoacán constituyen un episodio de coyuntura que adquiere un significado particular en el contexto de la guerra contra las drogas emprendida por el gobierno federal, desde diciembre de 2006, en esta entidad de la República.
Los Grupos de Autodefensa testimonian, hasta cierto punto, los resultados de la estrategia gubernamental –fallida o parcialmente exitosa, según el enfoque- y exponen parte de sus consecuencias y efectos, como el reacomodo de poder entre los grupos delictivos y cárteles del narcotráfico, la diversificación de las actividades de estos grupos, la indolencia o complicidad de las autoridades de los tres niveles de gobierno y el alza de los índices de violencia plasmados en, por ejemplo, la tasa de homicidios violentos, el número de secuestros y de extorsión. Sin embargo, tal singular episodio de acción defensiva, simbolizado por hombres y mujeres -combatientes todos-, embozados, fuertemente armados y pertrechados en defensa de sus poblaciones y comunidades, no son únicamente expresiones del momento, sino también, cristalizaciones de procesos históricos de larga data. En efecto, toda coyuntura, es cierto, muestra el azar y la contingencia, pero también, tendencias estructurales de más largo plazo que es necesario investigar para, así, explicar y comprender este tan singular momento de nuestra vida pública.
Preocupa, sin embargo, que el conocimiento de lo coyuntural se construya únicamente a partir de la investigación de lo coyuntural y, más aún, que este conocimiento se adquiera con herramientas que, si bien ofrecen una imagen nítida y una narrativa coherente sobre el fenómeno, no extraen aquellos mecanismos inmersos en las profundidades de la vida cotidiana (por usar una frase de Melucci) que nos permitan conocer estos episodios en toda su complejidad y multidimensionalidad.
En efecto, si observamos la enorme cantidad de páginas que se ha escrito sobre el tema, una inmensa proporción de éstas proviene, en su mayor parte, del periodismo. Si bien estos textos nos brindan testimonios de primera mano, extraídos y escritos in situ, muchas de las veces desde la incertidumbre y el peligro, al mismo tiempo adolecen del enfoque que sobre la base de métodos y teorías aporta la ciencia, esa otra forma de conocimiento de la “cosa”, que es fundamental para que la sociedad comprenda mejor lo que acontece y, eventualmente, actúe al respecto.
No es que la mirada periodística sea equivocada o innecesaria, por el contrario, cumple una importante función social al abastecernos de conocimiento oportuno y concreto para formar nuestros juicios diarios y tomar decisiones. Sin embargo, por más fidedigno el relato, por más completo y abarcador de las diferentes posturas y por más profundo y variado, su lógica de observación y los canales de su narrativa obedecen a los criterios de lo noticioso que, con todas sus virtudes, se resuelven en su propia lógica, que es distinta a los que aporta el estudio científico. En todo caso, y esto no es menor, el trabajo del periodismo nos alerta sobre las preocupaciones que inquietan a la sociedad y nos informa sobre aquello que es necesario investigar.
Circunscribir el conocimiento de los Grupos de Autodefensa a las crónicas y a los análisis de coyuntura acarrea, pues, sus riesgos. Uno es, en este sentido, el remplazo de las descripciones científicas por los juicios normativos. Por ejemplo: es lugar común que las conceptualizaciones más usuales sobre los Grupos de Autodefensa se bifurquen, irreconciliablemente, sobre la base de una distinción que, por lo demás, parte de un viejo debate entre formas modernas y formas tradicionales de sociedad.
En efecto, un breve vistazo a lo que en la prensa nacional y en la comentocracia se dijo y opinó sobre los orígenes, objetivos y formas de organización, comunicación y acción pública de las Autodefensas partía de o 1) entender a las Autodefensas como grupos autónomos, con sus propias formas de financiamiento, toma de decisiones y estructuración de objetivos –entre los cuales destaca restablecer el orden y la legalidad en sus poblaciones ante la ausencia de autoridades de gobierno, así como la aplicación del Estado de derecho; con estrategias y tácticas de comunicación imaginativas y modernas, que combinan con maestría medios de comunicación masivos con la magia digital de las redes sociales o 2) pintar una imagen de las Autodefensas como organizaciones o grupos heterónomos, financiados por fuerzas al margen de la ley (la hipótesis más común es que son financiados por un cártel rival al de Los Caballeros Templarios, el Cártel Jalisco Nueva Generación), sin capacidad de articular objetivos propios sino sólo los que designan sus financiadores; además, estas descripciones conceden que cuando los Grupos de Autodefensa fijan un objetivo propio éste responde más a la necesidad de venganza que a un genuino compromiso con la ley y la justicia.
Finalmente, estos análisis concluyen que los mecanismos y dinámicas internas de las Autodefensas, así como su imagen pública, se construyen sobre viejos esquemas organizativos en los que priva el liderazgo carismático, las disputas internas por el mando único disfrazado de centralismo democrático y un discurso sin claridad, sin originalidad y sin consistencia. Ambas posturas, si se fija uno bien, derivan en posiciones normativas irreconciliables y en posturas políticas que afectan, inevitablemente, la toma de decisiones sobre un problema sumamente complejo. En fin.
Lo cierto es que sobre las Autodefensas se ha construido, ya a través de los medios de comunicación, ya como resultado del encuentro entre el discurso del gobierno, la sociedad organizada y el de los propios grupos, un andamiaje de supuestos, medias verdades, sentido común y de conclusiones impecables que, desafortunadamente, no pocas veces parten de axiomas equivocados sino es que malintencionados. De ahí la necesidad de alertar sobre la escasez de estudios científicos sobre el tema.
Bien es cierto que los tiempos de la sociología, la historia o la antropología son bien distintos a los de la prensa escrita o los de la radio y televisión. Pero es hora ya de iniciar el trabajo colectivo de investigación académica, que no sólo se preocupe por investigar los efectos y consecuencias de la guerra contra las drogas sino que aborde el fenómeno de las Autodefensas desde la perspectiva de los actores; es decir, que indague, de forma sistemática y disciplinada, en la prehistoria de estos grupos, así como en su estructura organizativa, dinámica, evolución y efectos para, de esta forma, observarlos y explicarlos, haciendo eco de Marcel Mauss, como un “hecho social total”.