blogeditor · 17 de enero de 2022
Cuando escribíamos el libro Seguridad Pública en México (UNAM, 1994) nos preguntábamos qué sería si en el futuro los militares ocupaban masivamente la función, sin éxito. El futuro nos alcanzó. ¿Qué sigue?
México creó el Sistema Nacional de Seguridad Pública con una reforma constitucional en 1994 y casi treinta años después los resultados son desastrosos. Zedillo, Fox, Calderón, Peña y López Obrador, cinco sexenios sin haber logrado madurar un aparato de Estado orientado por políticas precisamente de Estado profesionales, especializadas y sujetas a rendición de cuentas.
Pasaron décadas y el Estado mexicano no ha construido una versión oficial basada en métodos aceptados que demuestre qué funciona y qué no funciona para reducir las violencias. Por el contrario, el país es rehén de un efecto inercial propio del llamado modelo incremental, según el cual a más recursos más seguridad.
Se sigue informando, como hace décadas, que el crecimiento en el despliegue no necesariamente equivale a la mejora de la seguridad. Se sigue enseñando, también como hace décadas, que los recursos faltan y por eso las estrategias fallan. Todo es parte de un mismo desastre donde las decisiones están disociadas de las metodologías aceptadas para comprobar su eficacia.
¿Qué sigue? Veo dos opciones: endurecimiento en vía militar o cambio en vía civil. La primera opción nos llevaría a un agujero cada vez más profundo, es decir, más violencias y cada vez más oscuridad respecto a las atrocidades y en torno al desempeño militar y las consecuencias y daños asociados a su intervención. La segunda alternativa implicaría la emergencia de nuevos liderazgos políticos civiles dispuestos a reconocer el fallo estructural y sistémico, para entonces encabezar la reconstrucción del desastre.
No sabemos qué sigue, pero por lo pronto estamos entrando en un escenario desconocido en el México contemporáneo. El espejismo de la solución por la vía militar se está desmoronando, de cara a un sistema político que no sabe procesar y una sociedad que no sabe descifrar una misión militar fracasada. Viene el coletazo del despropósito transexenal y los riesgos implicados son impredecibles.
El destino nos alcanzó.