blogeditor · 19 de junio de 2018
El comediante new age Russell Brand explicó qué es un migrante a la perfección: alguien que antes estaba en otro lado. Lo malo es que este cambio geográfico no es tan sencillo. La migración, en realidad, es un fenómeno complicado por nacionalismos, narrativas políticas, marañas administrativas y un largo etcétera. En este espacio abordaré estas complicaciones para ayudar a entender a la migración en general, pero también para ver cómo éstas se manifiestan en la cotidianidad de los migrantes.
Me centraré en los migrantes de Estados Unidos por muchas razones. La primera es que aquí trabajo y, por ende, es la migración que mejor entiendo. La segunda tiene que ver con que, como demostró el segundo debate presidencial en México, entender y atender al migrante mexicano en Estados Unidos es una prioridad económica, política y simbólica para nuestro país. Otro factor importante es que Estados Unidos es probablemente el país que más ha trabajado explícitamente en materia de política pública, legislación y jurisprudencia el tema de la migración. Este fenómeno ha estado tan al centro de la historia de este país que la manera en la que se ha desenvuelto (para bien y para mal) puede ser instructivo para reflexionar acerca de las políticas migratorias en México (que como trataré en otra columna son mucho más restrictivas que las americanas). Por último, es innegable el factor Trump. La retórica nacionalista de Trump ha puesto a los migrantes en el ojo del huracán y espero que este espacio pueda contribuir a darle claridad a lo que está pasando de este lado de la frontera.
Inauguro este espacio con un esfuerzo de hacer esto último. En futuras columnas profundizaré acerca del recuento que aquí hago, pero a año y medio de la inauguración de Trump, vale la pena hacer un ejercicio de síntesis de los profundos cambios que han ocurrido en política migratoria en Estados Unidos.
Antes de enlistar los cambios más profundos implementados por la actual administración, un poco de contexto. Lo primero es que las leyes migratorias en Estados Unidos – por lo menos en lo que se refiere a la detención y deportación de personas – han sido draconianas desde hace más de dos décadas. En 1996 se aprobaron leyes que facilitaron la deportación y redujeron la autoridad judicial para monitorear el cumplimiento de las leyes migratorias. Lo segundo es que el tema migratorio recae casi exclusivamente en el ejecutivo. No sólo la política pública, sino la policía de migrantes (“ICE”) y las cortes de inmigración también están bajo la autoridad del presidente.
Esto es importante porque Trump partió desde una posición relativamente cómoda para efectuar una política en contra de los migrantes. Las leyes no sólo le facilitan la deportación, sino que le dan la autoridad de hacerlas aún más severas. Por otro lado, Trump heredó a una agencia (el Departamento de Seguridad Interior – DHS) que lleva muchos años aplicando de manera muy rigurosa la ley migratoria. Tan es así, que si bien los arrestos de migrantes y deportaciones aumentaron en los últimos años, hoy siguen muy por debajo de los niveles vistos a la mitad de la administración de Obama.
Entonces, si no hay más arrestos, ¿cómo es que las cosas están peor? La respuesta a esa pregunta tiene que ver con los cambios cualitativos en política migratoria desde la llegada de Trump. (En las siguientes columnas exploraré algunos de estos cambios en detalle, pero por ahora un recuento nada más). Una lista:
Si bien la administración de Trump no ha logrado sacar a todos los migrantes que quisiera, ni prevenir la llegada de otros, los cambios implementados han sido exitosos en generar un ambiente de ansiedad y nerviosismo dentro de la comunidad migrante. También han movilizado a la base racista de Trump porque están viendo cómo lentamente se impone un programa de lo que ellos entienden como purgación y limpia.
Evidentemente no es un panorama alentador para nuestros paisanos ni para los miles de migrantes de todo el mundo que buscan una mejor vida en Estados Unidos. No obstante, para poder ayudarles necesitamos saber qué es lo que están viviendo. Espero este espacio contribuya un poco a eso.
Por último, no puedo dejar pasar esta columna inaugural sin darle las gracias a dos personas. Primero a Mala Madre por crear este espacio y por su confianza, y segundo a Julene Iriarte por ser la chispa del mismo.