blogeditor · 10 de febrero de 2020
Toca volver a recordar las palabras de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien en abril de 2019 avisó que el Estado mexicano solicitó formalmente a su oficina asistencia técnica en materia de derechos humanos relacionados a la operación, transparencia y rendición de cuentas de la Guardia Nacional (GN). También dijo que “la creación de la GN puede abrir una oportunidad para crear una nueva fuerza policial de naturaleza civil capaz de lidiar con el inconmensurable flagelo del crimen organizado y de las grandes redes de narcotráfico, y hacerlo de forma respetuosa con los principios fundamentales de derechos humanos”. Celebró ella en la misma fecha la noticia de la -entonces- próxima publicación de las leyes nacionales de uso de la fuerza y de registro de detenciones.
Encontré este comunicado firmado por la Comisión Interamericana de DH y la oficina de Bachelet, emitido en noviembre pasado: “Ambos organismos expresan su profunda preocupación por los constantes actos de hostigamiento y amedrentamiento en contra de personas defensoras de personas migrantes y refugiadas en México. Según información pública, el 20 y el 23 de julio, efectivos de la Policía Federal, Policía Municipal, Policía Militar y Guardia Nacional habrían realizado acciones de inspección de migrantes en las puertas de la Casa del Migrante de Saltillo, en Coahuila, pese a que ello estaría prohibido por la Ley de Migración de México. Asimismo, frente a los reclamos por la supuesta arbitrariedad de esta operación, efectivos de las fuerzas de seguridad habrían procedido a tomar fotos y grabar con sus dispositivos a personal de la Casa”.
No encontré más información, por eso cabe preguntar lo siguiente: ¿Qué ha sucedido entre la oficina de Bachelet y la GN de abril pasado a la fecha? ¿Avanza el acuerdo de asistencia técnica? ¿Esa oficina internacional considera hoy que la GN cumple con el perfil propio de una “fuerza policial de naturaleza civil”? Según la ONU-DH, ¿es la GN, o está en la ruta de ser la institución “capaz de de lidiar con el inconmensurable flagelo del crimen organizado”? ¿Ese organismo internacional considera que la GN tiene o está en la ruta correcta hacia la construcción de las herramientas suficientes para realizar su labor respetando los DH?
Si fuera necesario hacer una sola pregunta, sería la siguiente: ¿cómo hace Bachelet para comprobar, por medios propios, qué hace la GN y cómo lo hace, en particular en materia de uso de la fuerza? La tiene difícil la ONU, como la tiene cualquiera que intente documentar y evaluar el ejercicio de la más delicada atribución del poder público. Las leyes que ella mencionó de uso de la fuerza y de registro de detenciones ya fueron promulgadas. Pero lo verdaderamente importante es el enfoque de la Alta Comisionada; es decir, si ella quiere saber de narrativas formales que le ofrece el Estado mexicano o si quiere alcanzar la mirada hasta las prácticas. Ahí está la esencia del desafío.
Sería gravísimo que la ONU-DH hubiera comprometido ese acompañamiento sin auténticamente “bajarlo” a terreno. Por eso, reitero, la pregunta es cómo hace ese organismo internacional para saber lo que está sucediendo en el despliegue de la GN.
Por ejemplo, ¿qué sabe la ONU respecto a las intervenciones de la GN sobre la población migrante? Apenas estuve en Tapachula varios días escuchando testimonios que incluyen eventos extraordinariamente delicados en materia de uso de la fuerza y DH, y que requieren, entre otras cosas, una reconstrucción compleja y especializada, a la manera de lo que hacen las entidades de supervisión externa de la policía (ver ejemplos avanzados aquí) aún no instaladas en nuestro país.
Las expectativas que Bachelet colocó sobre la Guardia Nacional en su mensaje de abril pasado fueron altísimas. López Obrador ha hecho lo propio y ya logró que la gran mayoría de las y los mexicanos crea que esa institución nos dará la seguridad anhelada. Si bien en nuestro país no ha madurado la claridad de que no habrá seguridad sin derechos humanos, estoy seguro que Bachelet sí la tiene. ¿Qué sucedió entonces con el acompañamiento que comprometió, a casi un año de su visita?