blogeditor · 27 de abril de 2016
Por: Luisa*
“A mí me violaron” es una frase que nunca pensé que fuera a pronunciar. No porque me creyera inmune, sino porque a la fecha me cuesta decirla en voz alta. No obstante, unas cuantas cervezas y una plática un poco acalorada me llevaron a confesarlo hace no mucho.
Es más, ni siquiera me gusta decir que me violaron porque siento que no estoy lo suficientemente “traumada” por el hecho. Porque no me pegaron ni me dejaron moretones; porque no me dejaron marcada físicamente; porque no me resistí al punto de arañarle la cara.
Fue un compañero de la universidad. Antes de esa noche ya me había tirado la onda y me había propuesto que fuéramos “amigos con beneficios”. Al principio le dije que no –él estaba clavado con una amiga y a mí el sexo casual nunca me llamó la atención–, pero después de un tiempo accedí. Una amiga en común nos invitó a cenar y él me dijo que me podía quedar a dormir si quería. Y sí quería.
Regresamos de la cena después de habernos tomado unas copas de vino y tuvimos relaciones. Esa primera ocasión fue con pleno consentimiento de ambas partes. Al final, para eso estábamos ahí y para eso me estaba quedando a dormir en su casa. Terminó el asunto, me puse la pijama y nos pusimos a charlar en lo que nos quedábamos dormidos.
[contextly_sidebar id=”ODvxUJSoiWkNqpRU7AkYxHCqvpoVUgWb”]Cuando yo ya estaba a punto de caer en los brazos de Morfeo, él se paró de la cama y fue al baño. Al volver, me arrancó los shorts de la pijama y los calzones de un solo movimiento y me dijo: “Tú no vas a dormir en mi cama si yo no te cojo dos veces”. Acto seguido me penetró. Mi cuerpo no estaba preparado, por lo que no estaba lubricado. Yo lo único que quería hacer era dormir; ya era tarde. Adormilada le dije eso, pero él lo ignoró. No tenía energía para quitármelo de encima y sabía que cualquier intento iba a ser sin éxito. No duró mucho. Esa noche me costó mucho trabajo dormir.
Al día siguiente me desperté temprano y me fui. Había sangre en mis calzones; producto de heridas que causó en mi cuerpo, pero que estaban limitadas a una única zona. En el momento yo no entendí lo que me había pasado. Me tomó como dos meses comprender que me había violado. Yo misma intenté convencerme de que no había sido así, que yo no le había dicho que no quería, que yo no me había resistido. “Tú no vas a dormir en mi cama si yo no te cojo dos veces”. Por alguna razón en específico, durante esos meses estuve expuesta a mucha literatura feminista y leí mucho sobre el acoso y el abuso sexual. Finalmente lo admití: había sido víctima de una violación.
Cuando, entre copas, pronuncié la frase que nunca me vi diciendo, el chavo con el que estaba hablando –abogado– me respondió que si yo estaba en su casa y en su cama, no podía ser violación. Lamentablemente no es el único que piensa así. Mi violador seguramente comparte el sentimiento. Finalmente yo accedí a una relación de amigos con beneficios, yo decidí ir a su casa, yo decidí acostarme con él. Yo, yo, yo. Si no quería acostarme con él, ¿qué hacía en su casa, en su cama? Si no quería acostarme con él, ¿por qué había tenido relaciones con él dos horas antes? Si no quería acostarme con él, ¿por qué no salí corriendo despavorida?
Me da vergüenza esconderme tras el anonimato para publicar este texto. Me da todavía más vergüenza que, casi dos años y medio después, jamás he reunido el coraje para decirle lo que me hizo. Mi violador no sabe que es violador y yo no he hecho nada para cambiarlo. Es muy posible que yo no sea la única ni la última. Nuestra cultura le reafirma que si una mujer está en su cama, su cuerpo está disponible para él, cuando y como quiera.
A mí me violaron. Un hombre me penetró sin mi consentimiento. Un hombre abusó de mí. Soy parte de esa cifra terrorífica de la Secretaría de Salud: nos violan cada cuatro minutos. Y yo fui una de las “afortunadas”, porque aunque sí experimenté violencia sexual, no fue acompañada por violencia física. Soy afortunada porque sigo viva; muchas otras mexicanas no pueden decir lo mismo.
#VivasNosQueremos
* El nombre es un seudónimo de la autora.