Mi última cena

Antonio Rosique · 6 de febrero de 2012

Mi última cena

 

“En mi última cena…Tomaría un buen pan, porque es símbolo de nacimiento, de vida y muerte, de compartir, de compañerismo y amistad (…) Yo mismo haría el pan”.
                                                                                                                                                                           Joël Robuchon
 
 
 
¿Qué comerías en tu última cena? ¿Pan y vino? ¿Caviar iraní? ¿Una ensalada con lechugas excepcionales? ¿Un cochinillo? ¿Pozole? ¿Qué beberías? ¿Una cerveza artesanal? ¿Tequila? ¿Mezcal? ¿Un tinto de Mendoza? ¿Sake ceremonial japonés? ¿Todas opciones las anteriores? Si pudieses elegir… ¿A quién le pedirías que cocinara para tí antes de despedirte del mundo? ¿A tu madre o a un chef con tres estrellas Michelin?¿Organizarías una cena íntima y familiar o preferirías una bacanal con potencial de orgía romana? ¿Recurrirías a los sabores de tu infancia o probarías el platillo más lujoso y sofisticado? ¿Cenarías en la cocina de tu casa o abordo de un velero en el Mediterráneo? ¿Regresarías a la mesa de tu abuela o reservarías un privado en el restaurante de Alain Ducasse, “Le Jules Verne”, en la torre Eiffel? 
 
Este delicioso ejercicio de imaginación, personalidad y cosmovisión es el que realizó Ferrán Adriá, considerado uno de los artistas culinarios más influyentes de nuestra época, para la siempre inspiradora y refrescante revista El País Semanal (Febrero 5, 2012). Adría le hizo esta fabulosa pregunta a 20 grandes cocineros del mundo, entre ellos, al mexicano Enrique Olvera, creador del maravilloso restaurante Pujol. Olvera respondió: “En mi última comida en la Tierra habría tequila y cerveza, mucho de ambos, a raudales. El menú estaría compuesto, exclusivamente, por mole negro. Me gustaría que el ambiente fuera de estilo hogareño y familiar, rodeado de mi gente más cercana y de amigos, todos sentados en una vieja hacienda, mientras suena música de una marimba. La elaboración de la comida correría a cargo de mi equipo del restaurante Pujol”. 
 
ENO
 

Coincidentemente, hace unos días, un domingo frío y lluvioso en el que quería comida informal pero memorable y -sobre todo- un lugar sencillo e íntimo, visité “ENO”, rincón gourmet creado por Enrique Olvera, en el que lleva a su máxima expresión el concepto de la lonchería de barrio. Ubicado a un costado de su afamado “Pujol”, justo en la esquina de Horacio y Petrarca (Polanco, Ciudad de México), ENO se enorgullece por hornear pan todos los días, por preparar sopas ingeniosas y diferentes, ensaladas, aguas frescas y tortas con ingredientes de altísima calidad. Un clásico como la torta de jamón serrano compite -sin temor a equivocarme- por el título de la mejor de la ciudad. Además, ENO ofrece cinco o seis botellas de vino extraordinario, incluyendo el muy recomendable ENO, vino mexicano especialmente diseñado por Hugo D´Acosta para Enrique Olvera. Una tarde con una botella de vino y un par de “bocatas” oscila en los 1500 pesos, dinero muy bien gastado, diría yo.