Redacción Animal Político · 4 de junio de 2024
Este año el Día Mundial de la Salud se conmemoró bajo el lema “Mi salud, mi derecho”, que hace énfasis en la defensa, entre otros aspectos, del derecho a la salud de todas las personas sin discriminación.
Hay que recordar que la OMS despatologizó a las identidades trans, es decir, dejó de considerarlas una enfermedad y las incluyó en las condiciones relativas a la salud sexual con el fin de facilitar el acceso a los servicios de salud.
Para la mayoría de las personas trans en México el acceso a servicios de salud que atiendan necesidades específicas y brinden atención de forma oportuna, gratuita y sin sesgos de discriminación es un pendiente a cubrir por el Estado.
La autohormonización, el uso de modelantes corporales y la práctica de cirugías de reafirmación de género por personal no certificado son factores que impactan negativamente en la salud de las personas trans. Todo ello a contracorriente del artículo 4 constitucional que estipula que toda persona tiene derecho a la protección de la salud, o del Protocolo para el Acceso sin Discriminación a la Prestación de Servicios de Atención Médica de las personas LGBTTTI.
Desde el Centro de Apoyo a las Identidades Trans observamos que si bien el derecho a la identidad de género es un derecho fundamental, no se ha considerado su interdependencia con otros, entre ellos el derecho a la salud. Evidenciamos que no existe una armonización legislativa y normativa a nivel federal ni estatal en torno a garantizar el acceso a derechos bajo la mirada de los principios constitucionales de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad.
Una buena práctica en este tema ocurrió en 2008 cuando se reformó el Código Civil para el reconocimiento a la identidad de género, y que fue acompañada por la reforma a la Ley de Salud del entonces Distrito Federal, que sentó las bases para la atención a personas trans en la Clínica Condesa. Dicho proceso fue acompañado por activistas y organizaciones trans.
En 2023 con la inauguración de la Unidad de Salud Integral para Personas Trans en la Ciudad de México se abre un nuevo capítulo en la atención de la salud de personas trans, que además de considerar el componente de prestación de servicios sanitarios incorpora la visión comunitaria como un elemento que contribuye al estado de bienestar físico, mental y social, y no solo como la ausencia de afecciones o enfermedades entre las personas trans usuarias.
Cabe señalar que la Ciudad de México es la única entidad federativa del país que cuenta con servicios de salud específicos para personas trans. El Estado de México podría también contar con un programa de salud específico, pues la actual gobernadora Delfina Gómez se comprometió durante su campaña a crear las llamadas Clínicas Arcoíris. Desde el Centro de Apoyo a las Identidades Trans consideramos que con voluntad política dichos espacios pueden sentar las bases de un programa de atención a la salud de las personas trans en el estado.
México es el segundo país en el mundo con la mayor cantidad de transfeminicidios en números absolutos, por lo que es necesario no solo abordar esta problemática desde la visión punitivista, sino reconocer que el acceso de las personas trans a servicios de salud contribuirá a mejorar la calidad y la expectativa de vida.
La salud como un derecho de las personas trans se ve amenazada por las barreras, el estigma y la discriminación, y también por los dircursos antiderechos, que tienen como base la necropolítica, es decir, un discurso que señala que hay personas que valen más que otras, que no merecen los mismos derechos y, por tanto, que hay vidas que importan más que otras.
El ámbito internacional también nos despierta preocupación; por ejemplo, en Estados Unidos se vive un retroceso legislativo que afecta derechos, en particular el de la salud de las personas trans.
Bajo el lema “Mi salud, mi derecho” hagamos frente a la muerte y la violencia de la que son víctimas las personas trans y, notoriamente, las mujeres trans; respondamos con herramientas para la vida que contribuyan a incrementar su capital social y reducir las brechas de desigualdad. En el caso de la salud es necesario que las instituciones la aborden con un enfoque de derechos humanos, no discriminación y participación comunitaria.
* Rocio Suárez Hernández es Coordinadora General del Centro de Apoyo a las Identidades Trans (@CentroTrans).