Mi relación con Raquel Tibol

blogeditor · 17 de marzo de 2015

Mi relación con Raquel Tibol

No conocí personalmente a Raquel Tibol, la historiadora y crítica del arte, pero desde los 17 años, cuando empecé a leer de manera sistemática textos sobre el arte -ahora tengo 67, han pasado 50 años- ella fue lectura obligada. En muchas ocasiones no estaba de acuerdo con su crítica, pero era siempre un referente.

De la lectura de sus artículos que aparecían en revistas y periódicos, de sus programas en la radio, y también de sus libros aprendí mucho sobre el arte en general y en particular del que se hizo en México la segunda mitad del siglo XX. Su manera de abordar los textos, su crítica dura y directa, tan poco común en la cultura mexicana, me llamaron la atención.

Al morir tenía 91 años. Nació el 14 de diciembre de 1923 en Basavilvaso, provincia de Entre Ríos, Argentina, y murió en la en Ciudad de México el 22 de febrero de 2015. En mayo de 1953 conoció en Santiago de Chile a Diego Rivera, quien la invitó a venir a México y ese mismo año se trasladó al país. En 1961, ocho años después de su llegada, se nacionalizó mexicana. En 1957, a los 34 años, se casó con Boris Rosen Jelomer, especialista en literatura mexicana del siglo XIX, que murió en 2005.

[contextly_sidebar id=”G68C8UA7x045tzA9O6MwxPUxS87GmVoj”]En la segunda mitad del siglo XX, ella fue la crítica de arte más reconocida, también polémica, que hubo en México. Nunca temió dar su opinión de lo que pensaba del gobierno, los artistas, los galeristas y los coleccionistas. Ella de sí decía “soy una persona que no hace concesiones, me cueste lo que me cueste. Hay que ser honesto en esta vida: una cosa es ser agnóstica y otra cosa es dejar a un lado lo que es honestidad, lo que es rigor, lo que debe ser”.

Y de su trabajo planteó que “hay que combatir cualquier tipo de corrupción en cualquiera de los terrenos, que hay que estar en contra de los gobernantes mentirosos y corruptos. Casi todo lo que escribo tiene un contenido de trasfondo social aunque me refiera a otros temas menos sociales”.

Siempre condenó el amiguismo tan común en la cultura política y artística de México y de él decía que “para mí no es un valor que deba entrar en mi análisis”, y añadía que “uno puede ejercer una crítica dura, más allá de cualquier compromiso y amiguismo y eso ¿qué tal en el país del amiguismo? Fue cuando me inventé un lema: cultivar un enemigo cada día, y mucha gente se lo tomó en serio (…) Qué bueno, ¿verdad? Me hice la fama de la bruja escaldufa”.

Como lo escribió Antonio Espinoza en la celebración del 90 aniversario de la crítica: “sería imposible concebir la vida artística e intelectual de México en la segunda mitad del siglo XX sin la presencia activa de Tibol”. Me hubiera gustado de manera personal darle las gracias de lo que me enseñó. Lo hago ahora cuando ya no puede oírme.

 

@RubenAguilar