Mi muy personal México
Alejandro Hope · 17 de septiembre de 2013
México, 16 de septiembre. Día de asueto obligatorio. Todo cerrado. Pocas ganas de escribir sobre crimen y castigo, violencia o drogas. Más ganas de hacer algo personal, una lista de lo que quiero y odio de este país nuestro.
[contextly_sidebar id=”6d715b3da0739a43cd824e8ce0fa0b9a”]De México odio:
- La inmovilidad social, el hecho aborrecible de que la gran mayoría de los mexicanos vamos a morir en el mismo escalón donde nacimos.
- Los mafiosos de Michoacán y Tamaulipas y Sinaloa y tantos lugares más.
- La ausencia de nuevos ricos (salvo entre la clase política), de dinero recién hecho, de historias a la Steve Jobs.
- La solemnidad al viejo estilo posrevolucionario.
- Casi todo lo relacionado con el sistema de justicia: la indiferencia del ministerio público, la desidia de muchos jueces, la tortura en los separos, la incompetencia de los defensores de oficio, el infierno de las prisiones.
- La Liga MX y, en general, todo lo conectado con el futbol nacional.
- Las ciudades planas, expansivas, inhumanas.
- La indiferencia ante la muerte, la tolerancia ante la violencia, la estadística de homicidios, saber que un mexicano es asesinado cada 25 minutos.
- La falta de respeto al conocimiento entre las élites, la ausencia de un Oxford, un Harvard o una grande école.
- Los títulos imbéciles en español que los distribuidores le ponen a las películas de Hollywood.
- El racismo, embozado o manifiesto, el clasismo, la misoginia rampante, tuits como éstos o como éste.
- El Monumento a la Raza, la Fuente de Petróleos y, en general, el arte escultórico del alto priísmo.
- El desprecio por los consumidores, el mal servicio como política sistemática de demasiadas empresas.
- La depredación a gran escala de nuestro patrimonio natural y cultural.
- La pancita.
- La mayoría de los conductores de automóvil (me incluyo en ese número).
De México amo:
- La impresionante generosidad de millones y las historias maravillosas como ésta.
- Las jacarandas en marzo y las calles pobladas de morado.
- La capacidad para reírse de sí mismo, para no tomarse demasiado en serio, para producir a un Jorge Ibargüengoitia, un Carlos Monsivaís o un Germán Dehesa.
- El olor de la masa en el comal y de los frijoles en la olla.
- La valentía de Alejo Garza Tamés y Marisol Valles.
- Palenque envuelto en neblina y Teotihuacán inundado de sol.
- El heroísmo de Ciudad Juárez, Tijuana y Monterrey.
- La alucinante capacidad para el trabajo de la mayoría de sus habitantes.
- Bellas Artes, a la luz de una tarde de octubre.
- Todo lo que nos queda del barroco, con un lugar especial para Santo Domingo en Oaxaca y la Capilla del Rosario en Puebla.
- Los problemas que sí se resuelven, casi sin darnos cuenta.
- La casi total inexistencia de extremismo político.
- El espíritu abierto, tolerante, experimentador de millones de jóvenes.
- La calle de Madero, peatonalizada y revivida.
- Las tlayudas con asiento en un mercado de Oaxaca.
- El tozudo idealismo de muchísimos.
- El misterioso proceso de volverse mexicano, mi hija de diez años, cantando el Himno Nacional, y mi hijo de siete, recorriendo fascinado el Castillo de Chapultepec.
- El hecho sorprendente de que, a pesar de todas nuestras miserias, somos un pueblo irremediablemente feliz.
Tengan un feliz septiembre. Se lo merecen (como dice el buen Leonardo Curzio).