blogeditor · 31 de mayo de 2017
¿Las propuestas en las campañas electorales importan? ¿Son factor decisivo para el voto en uno u otro sentido, o para la abstención? ¿Quién entre los electores le pone atención a las propuestas y las puede distinguir? ¿Cuánto tiempo efectivo durante las campañas el debate se trata de las propuestas y cuánto de otras cosas?
Si miramos el caso de las elecciones del próximo domingo en el Estado de México, al menos desde el ángulo de la seguridad pública, mi hipótesis es que para todo efecto práctico las propuestas son lo de menos. Creo que la discusión no es si las y los candidatos saben o quieren saber sobre la inseguridad y la violencia y cómo resolverlos, más bien la pregunta es si necesitan saber y proponer algo serio para competir y ganar.
El Estado de México es un laboratorio extremo del fracaso de las políticas públicas en materia de seguridad pública y prevención del delito y la violencia. Todos los indicadores conocidos son negativos. Van algunos ejemplos. En el 2015 la tasa de víctimas de delito por cada 100 mil habitantes fue 45,795, mientras la media nacional equivalía a 28,202. En el 2014 la tasa de delitos en esa entidad duplicó la nacional. Si para el 2001 ahí no se denunció el 73 por ciento de los delitos, en el 2015 la cifra negra rebasó el 95 por ciento. Del 2001 al 2016 la percepción de inseguridad se movió desde el 55 hasta el 90 por ciento. Tal proporción de ciudadanos de 18 años o más que se sienten inseguros llevó al INEGI a calificar al Estado de México en el segundo peor lugar del país (en el 2011 estaba en el cuarto peor lugar nacional). Además, solamente 1 de cada 3 adultos confía en el ministerio público y en las policías ministerial y de tránsito.
Hay lugares en esa entidad federativa donde lo difícil es encontrar a algún adulto que no se sienta inseguro, como sucede en Ecatepec, donde la percepción de inseguridad registrada ha llegado a rebasar el 95 por ciento de los entrevistados. Es el caso más extremo en el país, comparando áreas urbanas, según el propio INEGI. La mayor parte de la gente en el Estado de México ya anidó una expectativa negativa: piensa que se sentirá más inseguro y que la delincuencia empeorará, también a decir de la misma fuente oficial.
Podemos suponer que una situación de tal gravedad obliga a quienes compiten por el poder a construir propuestas de solución sólidas y convincentes. De hecho hay quien ha referido que la inseguridad podría ser el factor de más peso en las elecciones del próximo domingo. ¿Pero en efecto es así? ¿El electorado en el Estado de México espera y exige buenas ideas? Si fuera el caso, entonces las y los candidatos a la gubernatura fallaron, según las críticas que se han vertido precisamente respecto a la superficialidad en sus propuestas. Algunos medios de comunicación han coincidido en el señalamiento.
Estamos ante algo que podría ir en contra de toda lógica, al menos si se le ve desde el discurso formal de la democracia, según el cual las elecciones se celebran para que los malos gobiernos se vayan y los buenos se queden. ¿Pero sucede así en la realidad? Acaso estamos ante algo muy diferente. Quizá habría que tener claro que en las elecciones no compiten las mejores ofertas electorales y lo que atestiguamos es una lucha entre grupos de poder donde la atracción del voto, por vías legales e ilegales, muy poco o nada tiene que ver con la calidad de los proyectos de gobierno.
La mayoría de los equipos de campaña aplica técnicas de investigación cualitativa que permiten a las y los candidatos ponderar su propuesta de cara a las problemáticas y demandas sociales. Quienes hacen esos ejercicios tal vez tienen el pulso fino de lo que está pasando y nos pueden explicar qué espacio ocupa la evaluación de las ofertas en la decisión del voto.
De lo único que estoy seguro es que la intuición en estos temas no funciona. Sabemos que la gran mayoría en el Estado de México está y se siente insegura, pero también sabemos que eso no provoca buenas ofertas en las elecciones y tampoco ha permitido documentar ahí que el voto expulsa a los gobiernos que no protegen a la gente.
Algo anda muy mal en la relación entre la definición formal de la democracia y la realidad. Habría que estudiar de entrada la fórmula que parece tener anestesiados a tantas y tantos mexiquenses.