blogeditor · 16 de abril de 2014
Por: Narciso Suárez Flores
A raíz del aniversario 20 del inicio del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá, me he encontrado con un sinnúmero de artículos, columnas, reportajes y demás, relacionados al desempeño de México en términos de comercio internacional. Particularmente, me ha llamado la atención la gran cantidad de descalificaciones hacia cualquier estudio académico o estadística del gobierno que, aunque sea sutilmente, infiera que México es un líder en términos de comercio internacional y una potencia exportadora.
Que si la apertura comercial no nos ha beneficiado, que si no ha impulsado el crecimiento, que si tampoco ha generado más y mejores empleos, que si hemos perdido independencia, y algunos otros comentarios, son deducciones que siguen siendo objeto de debate, el cual resulta interminable si sólo se argumenta el contrafactual. Sin embargo, se puede entender la posición crítica hacia la apertura comercial que ciertas personas suelen tener, con base en su ideología o agenda política.
En el afán de criticar a México ─como un “algo” que equivale al Gobierno─ se puede caer en el despropósito de “llevarse entre las patas” la labor sobresaliente que muchos emprendedores, científicos, ingenieros, obreros, académicos y también servidores públicos, han llevado a cabo para fomentar los diferentes sectores exportadores de este país. Otra parte de estas críticas proviene de personas genuinamente interesadas en identificar áreas de oportunidad que permitan desarrollar iniciativas que ayuden a mejorar el entorno económico del país. Hasta aquí, todo bien.
Ahora, e independientemente de los motivos de estas críticas, cuando los argumentos usados proceden de datos incompletos o descontextualizados es cuando surge la necesidad de tratar de complementar estos datos y ampliar un poco el contexto. Por lo tanto trataré de refutar y contextualizar un par de argumentos (algunos en periódicos o revistas prestigio[i]) que se han convertido en lugares comunes para descalificar o minimizar, al menos, al sector exportador mexicano:
Automáticamente pienso en un par de imágenes, que me causan algo de náuseas, cuando oigo o leo algo así. Por un lado, siento que los que dicen esto se imaginan a personas tan sólo soldando metales. Por otro lado, pienso en la reacción que tendrían ingenieros mexicanos que ensamblan fuselajes de aviones, en la planta de Bombardier en Querétaro, o de equipo médico de alta tecnología, en la planta de GE en Ciudad Juárez, al leer u oír un comentario así. Pero bueno, dejémonos de ejemplos sesgados o experiencias anecdóticas, y mejor tratemos de mostrar una imagen más amplia sobre lo que se produce, manufactura y exporta en México.
Como se muestra en la figura 1, a principios de la década de los noventa, y antes de la entrada en vigor del TLCAN, casi dos terceras partes de las exportaciones de México estaban concentradas en manufacturas de baja tecnología, materias primas, petróleo y derivados. Una vez que el TLCAN entró en vigor, esta composición empezó a cambiar gradualmente hacia manufacturas con mayor intensidad en tecnología. En 2010, por ejemplo, esa composición de casi dos terceras partes, de las exportaciones totales de México, pasó a ser producto de manufacturas de media alta y alta tecnología. También, es importante observar que este último segmento, el de manufacturas de alta tecnología, es el que experimentó las tasas de crecimiento más altas de 1990 al 2010 (Crecimiento Anual Compuesto del 26 %)[ii].
Por lo tanto, cuando alguien menciona que México es un país de pura mano de obra o de manufacturas baratas, creo que sería de gran ayuda que mostrara con base en qué está haciendo esta afirmación. Aunque sin duda México sigue manufacturando cosas de bajo valor, es necesario segmentar el sector manufacturero para ver a mayor detalle lo que está ocurriendo. Creo que es un error hacer inferencias sobre la calidad de las exportaciones manufactureras a partir de cifras agregadas de este sector: no es lo mismo, en ningún sentido, ensamblar una turbina de un avión que pintar un tornillo.
Otro ejemplo que refleja la importancia, tanto en volumen como en calidad, de las exportaciones de México es su participación en el total de exportaciones de Latinoamérica (LATAM). Si observamos la figura 2, podemos ver que del total de exportaciones de LATAM en el 2012, México exportó 41 %. Si excluimos a los energéticos, México exportó más que todo el resto de LATAM en su conjunto. Y si sólo nos quedamos con el total de exportaciones manufactureras de alta tecnología, México exportó el 86 % de lo que exporta LATAM; casi todas. Por cierto, no hay que perder del radar que la población y PIB de México representan alrededor del 17% y 21 %de todo LATAM, respectivamente.
Vamos, más allá de las cifras agregadas, también hay que usar algo de sentido común: si México solo ofreciera mano de obra barata y ensamblaje básico, ¿haría sentido que este país sea el que mayor inversión extranjera directa en el sector de manufacturas aeroespaciales recibió en el mundo durante el período 1990 – 2010? (Ver este estudio. Para no batallar, ir directamente a página 20).
Por las razones anteriormente mencionadas, y muchas otras, no es casualidad que México se ubique en la posición 24 (mejor que todos los países de LATAM y de los BRIC), de un total de 124 países, en el Índice de Complejidad Económica 2011 que desarrolla y publica el MIT Media Lab. Este índice mide los conocimientos y capacidades productivas acumuladas de los países, y utiliza dos variables generales para hacer esta medición: la diversidad de productos que se exportan y el grado de especialización que requieren dichos productos.
Por último, si llegaras a medio convencer a un crítico obstinado de que lo anterior es cierto, un posible contraargumento sería el siguiente:
Aunque este tema tiene varias aristas, de entrada, definitivamente es parcialmente correcto. Intentaré mostrar algunas razones por las que también es parcialmente incorrecto.
Para empezar a entender la dinámica del comercio internacional de hoy en día, creo que es importante identificar y reconocer el cada vez más relevante rol de las cadenas globales de valor. Recientemente la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) publicó este documento que analiza la importancia que las cadenas de valor tienen en el desarrollo económico de los países. En él se trata de medir el valor agregado, de las exportaciones de cada país, que proviene de insumos locales y del exterior.
De acuerdo a dicho documento, el valor agregado local de las exportaciones globales es de alrededor del 72 %. Este porcentaje es menor para los países desarrollados (69 %) que para los países en desarrollo (75 %). En México, esta cifra es cercana al 70 % (similar a países desarrollados). Como muestra la figura 3, una razón que explica la menor proporción de valor agregado local sobre el total de las exportaciones de algunos países, es que producen y exportan bienes más sofisticados ─con más componentes y bienes intermedios─ que los países con mayores proporciones de valor agregado local ─materias primas y productos de extracción, que requieren menos etapas y procesos para su exportación final.
Por otro lado, la figura 4 muestra la relación entre el cambio en la proporción de valor agregado local en las exportaciones y el crecimiento del valor agregado local exportado (por cierto, no se pretende inferir causalidad). Como se observa, la gran mayoría de los países de la muestra (74% de ellos) disminuyeron la proporción de valor agregado local usado en sus exportaciones. Aun así, el valor agregado local total en las exportaciones ha crecido para estos países. Casos notables son China e India, quienes disminuyeron la proporción de valor agregado local dentro de sus exportaciones en 2 % y 1 % anual, pero el valor agregado local exportado aumentó a ritmos del 15 % y 13 % anual, respectivamente. México, cuya proporción de valor agregado local en sus exportaciones disminuyó anualmente en 0.5 %, experimentó un crecimiento anual de más del 7% en el valor agregado local exportado. Como vimos anteriormente, China y México exportan en su mayoría manufacturas sofisticadas que requieren muchos insumos intermedios para su elaboración. Es decir, requieren de una integración más sólida a las cadenas globales de valor.
En contraste, hay una serie de países, como Noruega, Brasil y Rusia, cuya proporción de valor agregado local en sus exportaciones creció en este período y cuyo valor agregado local en las exportaciones también creció a un ritmo alto. Esto se debe, en gran medida, al tipo de productos básicos que exportan y que, en su mayoría, no requieren de tantos bienes intermedios y procesos para su elaboración.
La integración a las cadenas globales de valor es un paso necesario para países con las características exportadoras de México, China o Corea del Sur. Sin embargo, en algunos países se sigue viendo a la importación de bienes intermedios como una amenaza al desarrollo económico y no como un acelerador o complemento. Como lo mencionó hace algunos años Alejandro Jara, Director General Adjunto de la Organización Mundial de Comercio (OMC), “las viejas políticas ‘mercantilistas’, basadas en la visión de que el comercio es una competencia entre ‘nosotros’ y ‘ellos’, no sólo distan de ser óptimas (aunque tampoco solían serlo, incluso cuando el mundo era redondo), sino que son un anacronismo total en nuestro nuevo mundo más plano”. Esto no quiere decir que se deje de competir con otros países por incrementar la participación de mercado en diferentes sectores y países. Esa competencia es real y ha provocado que México pierda ventajas comparativas en algunos sectores, sobre todo después de la incorporación de China a la OMC en el 2001, lo cual se ha demostrado en estudios como Amoroso, et al., 2009. Sin embargo, la dinámica de las cadenas globales de valor simplemente requiere estar más abiertos a la complementariedad potencial que existe entre sectores de diferentes países, y dejar un poco atrás esa visión de “nosotros” vs “ellos”.
En otras palabras, el concepto de “ganar-ganar” aún mucha gente no lo cree. Vamos, es como preferir tener 50 % de 100, en lugar de 100 % de 10. Aunque al parecer muchos sí preferirían tener 10 y presumir “independencia”. Cada quién.
* Narciso Suárez Flores es director general adjunto de Abt Associates México. Anteriormente fue Secretario Técnico de Competitividad en la Secretaría de Economía y consultor de la firma A.T. Kearney. Es licenciado en economía por el ITESM campus Monterrey y tiene una maestría en políticas públicas por la Universidad de Chicago.
[i] Ver:“El TLCAN, 20 años después”, El Universal, Enero 2014; “Veinte años de TLCAN: el protectorado mexicano”, La Jornada, Enero 2014; “Exportaciones con poco valor agregado”, El Financiero, Febrero 2014; “¿De qué le sirve a México ser el país con más libre comercio del mundo”, BBC Mundo, Mayo 2013; entre otros.
[ii] La clasificación utilizada de acuerdo a este documento de la OCDE.