blogeditor · 4 de abril de 2020
Con sus excelentes escuelas de medicina, epidemiológicos bien preparados, un sistema de salud pública para habitantes de bajos ingresos, y oferta de hospitales y farmacias, México está en una posición relativamente privilegiada comparado con otros países en América Latina respeto al combate contra el coronavirus.
Pero aunque México tiene muchas de las herramientas que necesita para responder a la pandemia, problemas fundamentales -algunos históricos y algunos causados por cambios recientes de las políticas de salud pública- causan ansiedad entre expertos respecto a que el sistema de salud podría ser rebasado si el virus se propaga como esta predicho.
“La ventaja principal en México es que tenemos un buen sistema de vigilancia epidemiológica,” explicó Fatima Masse, investigadora del Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO). “Pero estoy preocupada sobre la ausencia de claridad al respeto de las pruebas de coronavirus, si podemos estar seguros del número de casos”.
Parte del reto es geografía. La oferta de 4,629 hospitales en México es alta comparada con estándares internacionales. Con 37.5 instalaciones por cada millón de habitantes, la oferta en México está casi igual que Alemania (37.3) y casi el doble que en los Estados Unidos (17.1), Canadá (19.7) o Italia (17.6).
Pero debido a que un porcentaje importante de la población se encuentra distribuida en comunidades aisladas en regiones montañosas como Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Tabasco, muchos hospitales son pequeños y poco preparados para enfrentar una pandemia de gran escala. Aunque su número total de hospitales es alto, México tiene solo 1.3 camas de hospital por cada mil residentes. En Italia, donde el sistema de salud ya está desbordado, el número de camas per cápita es casi el doble que en México. Esfuerzos para detener la proliferación del virus también podrían ser afectados por el hecho que 56% de los trabajadores en México laboran en la economía informal y no tienen la facilidad de enfrentar fácilmente los costos de quedar en casa.
“Es un accidente de ferrocarril que puedes predecir pero no puedes frenar,” explicó Tony Payan, un académico que estudia asuntos políticos en México y que trabaja en el Baker Institute en Rice University en Texas.
Cambios recientes al sistema de salud hechos por el presidente Andrés Manuel Lopez Obrador, quien ha minimizado los riesgos del virus y sigue organizando eventos públicos aunque ahora con menos gente, podrían complicar la dinámica. Cuando empezó su sexenio el 1 de diciembre en 2018, Lopez Obrador prometió transformar radicalmente el sistema de salud pública en México con la meta de garantizar el acceso gratuito a servicios de salud y a medicina, “como en Canadá o los países Nórdicos”.
Más de 12.3 millones de habitantes usan servicios subsidiados del IMSS-Bienestar y 50 millones más dependen del servicio de seguro publico (Seguro Popular) que Lopez Obrador ha reorganizado como el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI).
Aunque Lopez Obrador dice que el INSABI ya está listo para ofrecer servicio sin costo, la implementación del nuevo programa ha sufrido problemas y los protocolos internos y la legislación secundaria todavía están en proceso de ser establecidos. Juan Antonio Ferrer, director de INSABI, es el exjefe del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y no tiene experiencia en temas de salud pública. Muchos expertos están preocupados porque la transición desde el Seguro Popular al INSABI se encuentra a medias y que, aunque gente con condiciones de salud graves podrían buscar tratamiento, otros servicios de salud van a caer en el olvido.
“El sistema de INSABI no está ni cerca de ser listo,” dijo Payan.
Algunos expertos dicen que INSABI y por lo general el sistema de salud pública en México van a necesitar un aumento significativo del presupuesto federal para tener alguna posibilidad de mitigar el impacto del coronavirus.
“No hay presupuesto. Si tenemos 6,000 pacientes no tendremos los recursos”, explicó Xavier Tello, consultor en políticas públicas del sector salud.
Como sucede con en el resto de América Latina, el gasto público en servicios de salud en México es mucho menor que el 9% del PIB recomendado por la OCDE. En México la incapacidad de aumentar la recaudación de impuestos ha sido un problema de largo plazo –el país capta solamente 16.1% de PIB en impuestos, la tercera parte de los países Nórdicos que el presidente busca emular. Hasta ahora, como parte de su plan de “austeridad republicana”, Lopez Obrador ha rechazado la idea de aumentar el gasto público y, sin un cambio significativo, buscar recursos adicionales para enfrentar el coronavirus no será fácil.
“Desafortunadamente el gasto en salud pública ha sido afectado. Es preocupante que vamos a enfrentar esta crisis de coronavirus en este contexto. No estaremos tan preparados como debemos ser,” explicó Mariana Campos, investigadora de México Evalúa.
Pero aún hay razones por ser optimista, especialmente mientras el número de casos sigue siendo relativamente bajo. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es reconocida como una de las mejores escuelas de medicina en América Latina y algunos de los hospitales privados y públicos en México han sido celebrado mundialmente por su alta calidad y precios accesibles.
México también tiene una red amplia de más que 31,000 farmacias, de las cuales 22,000 ofrecen el servicio de consulta media, y cuenta hasta el momento con 51 hospitales y laboratorios privados y públicos certificados para realizar pruebas de coronavirus.
Comparado con Italia y Estados Unidos, la población en México es relativamente joven. Solo el 7% de la población mexicana es mayor de 65 años, mientras que casi 16% lo es en los Estados Unidos y 23% en Italia.
Todo esto en conjunto significa que México estaba preparado para enfrentar la primera fase del contagio del virus, pero no está claro si el sistema sea capaz de aguantar un aumento masivo en el número de pacientes con síntomas graves.
Representantes de la Secretaria de Salud de la administración de Lopez Obrador han dicho públicamente que un contagio generalizado es una posibilidad, pero no han explicado cómo México podría enfrentar el problema de ofrecer servicios de salud a miles de pacientes de alto riesgo de manera simultánea. La Secretaria de Salud calcula que en una situación de contagio masivo el 6% de los pacientes podrían experimentar síntomas graves. Por ello hasta ahora la estrategia se ha centrado en alargar el periodo de contagio para no colapsar el sistema de salud ni reventar la economía del país, sobre todo los que viven al día, de acuerdo con el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell.
En tanto, aunque ya reconoció la amenaza del coronavirus, López Obrador sigue organizando y asistiendo a eventos públicos, mientras el número de casos casos confirmados sigue creciendo.
* Nathaniel Parish Flannery es analista en temas de política pública en México y América Latina.
Este texto fue publicado originalmente en inglés en Americas Quarterly. Se reproduce actualizado con permiso del autor.