blogeditor · 27 de noviembre de 2021
Los derechos humanos no se ejercen solos, hay que defenderlos para vivirlos y respetarlos con empatía para dejar a otros vivirlos. En eso nos quedamos en el articulo anterior. Y ahora, ¿qué son los derechos humanos?
Son prerrogativas que corresponden a todos los seres humanos, sin distinción alguna, cuyo ejercicio es indispensable para el desarrollo de la vida. Son inherentes al ser y estar en la vida.
Conócelos en la CNDH i, pero tienes que saber que no basta con eso. Los derechos humanos deben convertirse en una creencia de la cultura para que sean una vivencia en la sociedad. El envejecimiento saludable depende de contar con una cultura favorable para la vejez, en una sociedad para todas las edades.
Puestos en papel, los derechos humanos son pautas de conducta, pero inmateriales. Igual que personajes literarios, viven cuando les prestamos nuestra vida para vivir. Sin nosotros, son letras sin lector, sin sentido.
Aquí, en nuestro cuerpo, es donde toman vida y materia. Los derechos humanos somos las personas ejerciendo la vida, buscando la plenitud, respetando a los demás en el ejercicio de su vida.
En el mundo de la literatura, los personajes nunca harán otra cosa más allá del fin de la obra; no podrán enamorarse de otra persona; no migrarán después de la ultima hoja; no encontrarán a seres queridos; no conocerán un mundo cambiante; incluso no serán más maltratados por sus gobiernos de lo que hayan sido entre sus páginas.
Entre el mundo de la obra y el mundo de la vida hay ilimitada complejidad.
Esa complejidad es la distancia entre una sociedad con derechos humanos de manual y una con derechos humanos vivos. De esos que caminan en dos pies.
Todo esfuerzo por hacer disminuir las realidades para que quepan en las ideas constreñidas en la cabeza de alguien, es resultado de la imposibilidad de pensamiento complejo y eso orilla hacia la necia fantasía. Como esta: Las mujeres que reclaman sus derechos son neoliberales. No tienen de qué quejarse, están siendo utilizadas. Ergo, no piensan por sí mismas y los derechos humanos son neoliberales.
Cuando la fantasía es necedad se convierte en sandez. Como la visión de manual, de cartilla moral.
Por eso los derechos humanos no deben ser vistos como metas. Porque no son estáticos, crecen y se desarrollan y no piden permiso. Son aspectos vitales de la existencia de las personas con nombre e identidad. Personas con un Yo en el mundo, uno que respira.
(Suspiro).
El tabú de la vejez
¿Por qué el envejecimiento demográfico no es un tema en la agenda pública y escasamente lo es en las conversaciones privadas? ¿Por qué se repite esta ausencia, como una inercia en todos los estratos de la vida pública?
Pues veamos. Quizá porque la vejez recuerda a la finitud, la finitud llama a la incertidumbre, la incertidumbre al miedo, y el miedo es una de las emociones que fuimos educados para rechazar como parte de nuestra experiencia.
Contemplar a los mayores en ese lugar que ahora les toca, en el sitio en la vida que ya tienen, hace vernos a nosotros mismos en nuestro propio lugar en el tiempo: estamos en ciclo de vida de nuestros mayores, que primero fue suyo, antes que nuestro.
Es más, no solo estamos, pertenecemos al ciclo de SU vida. Y darse cuenta de eso nos hace sentir vulnerables.
Sabes que un día dejan de estar y sin importar la edad que tengas toca comprobar el nunca más sentirte por tu cuenta en la vida. Te conviertes en persona grande en tu propia línea de vida, en tu ciclo. Porque no hay otra generación que ponga el cuerpo entre tú y el fin de la vida.
Es un escenario tan habitual y tan poco tratado con bondad y empatía. Hay poco acompañamiento social en la vejez y en la transición de la muerte, tanto para los que se van como para las familias que lo sobrellevan.
La vejez y nuestra relación con la vejez, evidente o no, está en todos lados. Se pretende que se ve, pero no se observa, hacemos más para hacerla invisible pero mirar a la vejez desde la distancia es incongruente.
Cuando una personas común, como tú y yo, aceptamos nuestro miedo le damos un lugar en nuestra vida, y si tiene su lugar no estará luchando por explotar.
Acepta que tus mayores, paso a paso, se están yendo, o se han ido; acepta que tú envejeces; acepta la inminencia de tu muerte. Porque hacer de algo un tema vedado es crear una negación hacia una expresión de la vida, y la negación es también una forma de muerte, ¿cuál es la prisa?
Aceptando nuestra muerte, lo que sigue es aceptar nuestra vida y a lo que a ella pertenece, como la vejez.
La cultura favorable para la vejez en una sociedad para todas las edades
Entonces, hablemos abiertamente del envejecimiento en la familia, con las amistades, en donde sea, porque la vejez es transversal a la vida.
En el año 2014 en el Municipio de Querétaro, coordiné junto con Norma Saeb Camargo la investigación, diseño e implementación de políticas públicas a favor de las personas adultas mayores, de manera transversal en la administración pública. Viene al caso decir que Norma es adulta mayor, con larga trayectoria en la promoción de los derechos humanos. Las personas mayores DEBEN participar en los esfuerzos de implementación de políticas y acciones. De hecho, fue su idea. Me conquistó la idea.
Fue un ejercicio especial, puesto que los municipios no tienen una visión de largo alcance. De hecho, legalmente no pueden, están impedidos por un mal entendido de la autonomía municipal.
Es un sinsentido, los municipios son el primer orden de gobierno en relacionarse con la ciudadanía. Son los que administran el territorio en donde se hacen realidad todas las políticas, leyes y acciones del Estado. Cuando deberían de contar con mayor alcance para administrar el desarrollo de la población, son los ámbitos gubernamentales más débiles de México. Son los más lejanos de conocer, asumir, fomentar y respetar los derechos humanos. En fin.
En su momento, fuimos el único municipio en el país en publicar una postura frente al envejecimiento demográfico e implementar acciones concretas en la administración. Por supuesto que al comenzar la siguiente administración, todo ello desapareció.
Organizamos la implementación en rubros según el campo de los derechos humanos involucrados. Y ahora me sirven en este artículo para proponer la conversación imaginaria sobre una cultura favorable para la vejez, en al menos siete áreas de la vida diaria:
¿Deseamos condiciones de empatía hacia nosotros en el futuro? Entonces hay que modelar esas condiciones frente a nuestros menores. Si hoy convertimos la indiferencia en normal, no habrá mucho que reclamar a la indiferencia futura.
Y no es solo tener una cultura favorable con la vejez de nuestras madres y padres. Se requiere en todos los contextos.
Todos comenzamos a envejecer el día en que nacemos. Propiciar el envejecimiento saludable de las personas adultas mayores es hacer un autopase hacia el futuro.
Vivimos en tensión entre el tabú y la apertura. Y siempre gana la apertura.
Todos debemos tener alguna postura, pensamiento, sin importar la edad, niños pequeños incluidos. Por eso hablo de la vejez, aunque sé que tengo una visión de solo cuatro décadas.
Pienso en los menores y en los mayores, y veo que soy grande y aún pequeño. Hay sabidurías que aún no están en mis años. Pero ya hay duelos que me permiten ver la fluidez extraña del tiempo. Como que todos, desde niños, ya somos las personas mayores del después.
* Carlos Romo Cardona (@RomCardona) es Maestro en Estudios Humanísticos con especialidad en literatura (Tecnológico de Monterrey). Ha implementado iniciativas para incrementar calidad de vida, valor agregado y rentabilidad en el sector público (educación, social, diseño de políticas y evaluación pública) y privado (branding, producción artística, investigación y tecnologías educativas).
i CNDH (2021) ¿Cuáles son los Derechos Humanos? Comisión Nacional de Derechos Humanos. Disponible aquí.