México DF, ¿ciudad segura?

blogeditor · 20 de mayo de 2013

México DF, ¿ciudad segura?

No tengo todos los datos duros.

No sé si hay más realidad que la percepción.

Pero en fechas recientes, las conversaciones vuelven a esos giros de los noventa. Con algo de vergüenza, pero vuelven.

Me robaron las partes del carro. Me asaltaron en el transporte público. Entraron a robar a mi casa. Entraron a robar a mi oficina. Me robaron el coche. Me dieron cristalazo y se llevaron mi computadora. Me arrancaron el celular. Me…

Testimonios aislados que se suman. Eso que le llaman crimen de calle. No es la violencia gráfica de aquellas zonas del país. No son los cuerpos amontonados ni los mutilados. No es el cerco que viven regiones de Michoacán, ni el ansia perpetua ante ese miedo indescriptible que sabe a muerte. No, acá es algo más pequeño. Más de calle. Un poco hormiga.

Prefiero guardar el dinero que me paga. Para llevármelo de vez en vez. Es que, ¿sabe?, roban en el transporte. Casi siempre. O bueno, seguido. Y luego golpean. Ya van tres veces en las últimas semanas. Tres veces.

Claro que tres veces no es nada. Al final es sólo un asalto.

Vivir en el Distrito Federal, en la capital de este mexicano país, ha sido un triunfo cultural. Acá nos quedamos mientras muchos, por ahí de los ochenta, huían diciendo que la ciudad se había vuelto intransitable, insegura, sucia y contaminada. El país se llenó, muy a su pesar, de chilangos en fuga. Pero muchos más nos quedamos acá. Superamos esos periodos de contaminación galopante y pajaritos que caían, literal, del cielo. Fuimos viendo cómo, de a poco, se iban recuperando barrios. Y se apostó por una ciudad incluyente, amable. Aprendimos a no tomar el taxi en la calle, a tomar la cerveza en la terraza de banqueta y a tomar el sol en el parque de la colonia. A tomarlo todo. Aprendimos a no valorarnos tan en serio, a abrazar el sentido del humor y a volver a constituirnos en el centro de las atenciones.

Ser del Distrito Federal se convirtió en marca de prestigio.

Vivir en el Distrito Federal adquirió calidad de distinción.

El “haz patria, mata un chilango” de los años ochenta/noventa, se fue mutando en otro tipo de murmullo. Menos violento. Yo me fui del DF porque estaba horrible. Ahora quisiera regresar. Pssss sí, manito, así es.

Pero algo ha cambiado en los tiempos que corren. De pronto, yo que me muevo por la ciudad en coche, a pie, en metro, en metrobús, en colectivo, en bicicleta, en…vuelvo a voltear con cuidado para ver si estoy segura. El oscuro de la calle es menos interesante, y el hormigueo está a flor de piel. Pasamos de ser sólo peatones, a sospechosos comunes.

Y al final, nada es tan grave como para alarmarnos.

A menos de que sea por acumulación.

Este fin de semana, el reciente, el de ayer… un robo a oficina, otro a casa habitación. En unas horas, a unas cuadras de distancia. Sin violencia (aunque el robo ya es violencia, ¿o no?). La policía llegó rápido, y amable. Los robos no fueron escandalosos. Una televisión, un par de computadoras. Revisamos todo, volvimos a cerrar ventanas. La historia es un poco la de siempre. La culpa la tenemos nosotros, había unas llaves muy a la vista. Alguien dejó unas llaves muy a la vista.

La víctima siempre tiene la culpa.

Salimos a la calle. Al cerrar la puerta sentí que algo ya no era lo mismo. Ese jardín abierto, del que nos sentíamos tan orgullosos, un jardín de todos, amablemente descuidado, ya no sonreía desde la hospitalidad. El intruso, el que roba, el que violenta, tiene esa prerrogativa: la de la resignificación. Los lugares atracados nunca vuelven a ser los mismos. Por ahí ya se desplegó una primera capa de miedo.

Las conversaciones después, esas sí, son un poco las de siempre.

Qué bueno que no les pasó nada, qué bueno que no estaban ahí, qué bueno que se fueron rápido. A nosotros nos pasó ayer, hace una semana, hace un mes, hace varios días, uno y otro. Es por el Sur, hacia la Álvaro Obregón, pero también en la Benito Juárez, es que yo vivo en la Cuauhtémoc, y nosotros en la Miguel Hidalgo no cantamos mal las rancheras. Sí, hombre, son crímenes como chiquitos, de esos que no ameritan ni que llames a la policía. Para qué. ¿Para qué? De plano.

Las conversaciones, pues, son un poco las de siempre.

Qué raro es ver en la pantalla de tu computadora la ruta que sigue el ladrón de tu teléfono. Lo tuiteó @ruleiro y los demás asentimos. Pssss sí, es raro manito. Violencia hormiga en tiempos de tecnología.

Sigo creyendo que vivo en una ciudad segura. O quiero seguir creyendo que vivo en una ciudad segura. Decir que no, nos obligaría a una resimbolización de la que no saldríamos tan bien parados. Reconozcamos: nos gusta decir que vivimos en una ciudad segura.

Con reverente disculpa a mis amigos de la Laguna, de Michoacán, de Tamaulipas, de Guerrero, de Morelos… ya sé que los crímenes que padecemos los chilangos son casi fresas. Pero pues son los que son.

Reitero, no tengo todos los datos duros, porque los que hay tampoco me dicen mucho.

Tampoco sé si hay más realidad que la pura percepción.

Lo que sí: las calles han dejado de ser un poquito las de antes, y llegar de noche a tu casa ya tiene otra vez ese temblor de adrenalina.

Puede que no sea mala idea que comencemos a hablar del tema.