Joel Aguirre · 20 de agosto de 2026
Por Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey
Las ciudades mexicanas tienen hoy más habitantes y ocupan más territorio que hace tres décadas, pero sus centros están cada vez menos poblados. Un estudio del Centro para el Futuro de las Ciudades, que analizó 70 zonas metropolitanas del país entre 1990 y 2020, encontró un patrón común: mientras la población se desplazó hacia las periferias, las zonas centrales perdieron habitantes de manera sistemática.
La magnitud del fenómeno es considerable. En esas tres décadas, las zonas centrales perdieron 2.5 millones de habitantes, mientras las áreas intermedias ganaron 5.8 millones; las lejanas, 16.1 millones, y las periféricas, 11.7 millones. En 1990, cerca del 40 por ciento de la población de las ciudades analizadas vivía cerca del centro; para 2020 la proporción había caído a 22 por ciento.
El fenómeno se observa incluso en las principales metrópolis. Monterrey pasó de 485,000 habitantes en sus primeros cinco kilómetros alrededor del centro en 1990 a 377,000 en 2020; Guadalajara perdió más de 200,000 residentes en esa misma zona y la Ciudad de México, 166,000. Esto ocurrió mientras la población total de las tres ciudades continuaba creciendo.
El problema no es solamente dónde vive la gente. Los centros urbanos concentran buena parte de la infraestructura, el transporte, los empleos, las escuelas y los servicios, mientras que una proporción creciente de la vivienda se localiza lejos de ellos. El resultado son ciudades en las que millones de personas deben recorrer mayores distancias para llegar al trabajo, estudiar o acceder a servicios básicos.
La investigación muestra además que este patrón no era inevitable. Los investigadores construyeron un escenario para estimar qué habría ocurrido si las ciudades hubieran mantenido la densidad promedio que tenían en 1990. El resultado es revelador: actualmente habría 4.7 millones más de personas viviendo en las zonas centrales, cerca de empleos, transporte y servicios.
Detrás de la expansión existen diversos factores. Construir vivienda en zonas consolidadas suele enfrentar mayores costos, regulaciones y trámites, mientras que el suelo periférico resulta más barato. Durante décadas, esto favoreció un modelo en el que resultó más sencillo extender la ciudad que aprovechar mejor las áreas que ya contaban con infraestructura y servicios.
Las consecuencias trascienden la planeación urbana. Una ciudad extendida requiere más infraestructura, incrementa las distancias y los costos de movilidad y puede profundizar las desigualdades entre quienes tienen acceso a un automóvil y quienes dependen del transporte público. El documento advierte que este modelo también implica costos ambientales, sociales y de calidad de vida.
El hallazgo plantea un desafío para las políticas de vivienda y desarrollo urbano: México no solo necesita construir más vivienda, sino decidir dónde construirla. Recuperar población en zonas consolidadas, facilitar vivienda asequible y aprovechar infraestructura existente podría ayudar a contener la expansión periférica. Después de tres décadas de crecimiento hacia afuera, la pregunta para las ciudades mexicanas es: ¿qué tan lejos tendrán que vivir sus habitantes para encontrar vivienda, empleo y oportunidades?
*El Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey investiga, innova y actúa para transformar las ciudades en entornos sostenibles, humanos y prósperos. Tiene como objetivo incidir para cambiar el modelo urbano en México y contribuir a mejorar la calidad de vida.♦