Opinión y Análisis · 2 de noviembre de 2026
Por Rodrigo Romero Feregrino*
México, después de 21 meses con el brote del virus de sarampión y a pesar de dos plazos adicionales, podría perder la certificación sobre la eliminación del sarampión en la sexta reunión anual de la Comisión Regional de Monitoreo y Reverificación de la Eliminación del Sarampión y la Rubéola de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que se celebrará del 10 al 13 de noviembre de 2026.
Es muy probable que en esta reunión se concluya que existe un restablecimiento de la transmisión endémica porque México tuvo su primer caso en Chihuahua en febrero de 2025 y el virus sigue circulando. Se considera que un país no está libre de sarampión cuando el virus vuelve y la transmisión se sostiene continuamente por más de un año.
El continente americano perdió el estatus de eliminación en noviembre de 2025 porque se concluyó, en la quinta reunión de la Comisión celebrada en la Ciudad de México, que se había restablecido la transmisión endémica del sarampión en Canadá, mientras que los demás países, hasta ahora, mantienen su estatus de eliminación.
En lo que va del año 2026 se han notificado 56,753 casos y 81 muertes confirmadas de sarampión en 17 países, lo que supone un aumento de 4.8 veces en comparación con el mismo periodo del 2025, y México es el segundo país con más casos.
La OPS clasifica a México con transmisión comunitaria, donde existen casos confirmados que se producen en múltiples áreas geográficas con múltiples cadenas de transmisión identificables o no identificables. Enfrentamos un escenario doloroso con 20,350 casos y 50 muertes registradas en casi 21 meses y después de dos plazos adicionales, la respuesta ha sido tardía y sin la contundencia necesaria para controlarlo.
La pérdida de la certificación debe verse como una fuerte alerta sobre la necesidad de tomar acciones. Además de perder la reputación de líderes de vacunación en el mundo y el doloroso golpe a nuestro sistema de salud, debemos tener claro que esto es solo la punta del iceberg de las bajas coberturas, que podría repetirse con otras enfermedades prevenibles, como la polio, tosferina, rubéola, difteria y otras amenazas que creíamos superadas.
En México, los datos respaldan esta preocupación. En un estudio nacional en el que participamos, con casi 9,600 muestras de sangre de 31 estados tomadas a finales de 2024, solo 78 % de las personas tenía defensas contra el sarampión. La situación es peor entre los 10 y los 39 años, donde menos de 70 % está protegido. Esto podría deberse a que muchos no recibieron la segunda dosis de la vacuna triple viral, o a que la protección disminuyó durante los años en que el virus no circulaba. Además, en nuestro análisis de 19 años de vacunación encontramos diferencias entre las dosis compradas y las aplicadas.
Es un retroceso grave que representa una oportunidad de replantear acciones de todo el sistema de salud, en un entorno cada vez más desafiante, tanto nacional con un sistema fragmentado con recursos limitados, como internacional, en el que la vacunación, prevención y ciencia deben hacer un frente común contra la desinformación, las voces antivacunas y una creciente demanda de servicios de salud.
Ya se han puesto en marcha esfuerzos y colaboraciones buscando superar la falta de coordinación de todo el sistema de salud, que están cambiando la forma de enfrentar este brote, con 37 millones de vacunas aplicadas desde febrero de 2025, alianzas intersectoriales y una respuesta coordinada entre prevención, detección y manejo, pero a pesar de esto el virus sigue circulando.
La OPS recomienda que en la etapa posterior a la eliminación, cuanto más rápida y bien organizada sea la respuesta, mayor será la probabilidad de que la transmisión del virus del sarampión se detenga tan pronto como se detecte un caso.
Es indispensable actuar en dos frentes, contener los brotes actuales con vacunación masiva y, al mismo tiempo, planear un programa sostenible para prevenir que esto vuelva a suceder. Debemos aprender de esta crisis, no solo para recuperar la certificación de eliminación del sarampión, sino también para convertirnos nuevamente en un ejemplo de liderazgo en vacunación y salud pública, en el continente y, si es posible, en el mundo.
Para enfrentar estos desafíos necesitamos adoptar un seguimiento estandarizado de las coberturas de vacunación, invertir en vigilancia y serovigilancia epidemiológica rutinaria, intensificar las campañas de vacunación para recuperar coberturas, combatir la desinformación y fortalecer la comunicación.
Revisa tu cartilla y la de tu familia para completar los esquemas de vacunación. No podemos permitir que más personas enfermen, se compliquen o mueran por enfermedades prevenibles. Este es el momento de actuar con evidencia y responsabilidad. Podemos quedarnos de brazos cruzados ante el regreso de enfermedades que ya habíamos derrotado, o podemos transformar nuestro sistema de salud en el que merecen todos los mexicanos, no debemos de esperar más.♦
*El Dr. Rodrigo Romero Feregrino es coordinador general de la Asociación Mexicana de Vacunología. X: @DrRodrigoRomero