blogeditor · 10 de julio de 2012
Me provoca enorme preocupación el llamado a la rebelión y la lucha armada que hay hoy en las redes sociales. He leído en Facebook y Twitter a varios partidarios de AMLO que amenazan con levantarse en armas. Bueno, a decir verdad, amenazan con muchas cosas. Uno de ellos amenazó con promover que México me quite mi ciudadanía mexicana por naturalización, lo cual no creo enteramente factible – quizás tan factible como que estos sujetos de marras se levanten en armas. Sin embargo, si tu interlocutor te dice que dará su sangre por evitar que Enrique Peña Nieto llegue al poder, y a la vez por imponer a AMLO, es inevitable sentir un ligero escalofrío.
Esta actitud post-electoral dice mucho de nuestra idiosincrasia. Quienes leen este blog (los cinco que leen a Alejandro Hope menos cuatro) habrán visto que elijo títulos relacionados con música. Hoy elegí al Himno Nacional Mexicano, símbolo patrio enormemente belicista y beligerante. La versión original lo era mucho más. Estaba cargada de loas al dictador Santa Anna y su extremidad inferior mutilada. A pesar de que hoy tenemos una versión descremada, nuestro símbolo patrio musical refleja una voluntad arquetípica del Estado por enseñarnos una doctrina de adoración a las guerras y los guerreros; a los que toman el poder por la vía armada. El currículum de historia, desde la primaria hasta la universidad en algunos casos, tiene el mensaje implícito que el cambio social se logra cuando nos levantamos en armas.
Nada hay más falso. ¿Cuál es la evidencia? Pues miren: Según Angus Maddison, en su fantástico libro Contours of the World Economy, 1-2030 AD: Essays in Macro-Economic History, el PIB per cápita de México era más alto en 1820 que en 1877. Tener 71 gobernantes e innumerables luchas intestinas por el poder entre 1821 y 1876 nos generó complicaciones. El PIB per cápita en 1820 era de 759 dólares (a precios constantes de 1990) , y en 1870 era de 674. Casi 14% de contracción del ingreso de cada mexicano en menos de 50 años.
Del PIB durante la revolución hay mucha información contradictoria, pero la base de datos de Oxford sobre el crecimiento latinoamericano (OxLad) sugiere que entre 1910 y 1921, el período revolucionario, crecimos al 0.7% anual en términos reales.
¿Y eso qué? Bueno, si crees en que el crecimiento económico es lo que saca a la gente de la pobreza, entonces es muy relevante. En realidad, en el agregado las sociedades no obtienen nada de la lucha armada por el poder. Solamente pobreza, muertos y un cambio de tiranos; no una abolición real de la tiranía.
Francamente, creo que tenemos que cambiar la narrativa del libro de historia. Dejar de entronizar a los héroes bélicos y generar más espacio para los héroes institucionales. La gente excepcional de los períodos críticos de la historia de México, como Morelos o Juárez, deberían pintar más por sus ideales y acción en la administración pública que por sus glorias militares. Del período revolucionario, francamente, no se me ocurre mucha gente excepcional por ser institucional y pacífica. Si se le ocurre a los lectores, por favor cuéntenme.
Una propuesta que pongo en la mesa es que cambiemos el himno nacional. No sé a ustedes, pero a mí me llega más al alma algo como esto que escribió Fernando Delgadillo, que las loas al héroe de Zempoala. Habrá quien se identifique más con el Huapango de Moncayo. En todo caso, creo que habría que volver a hacer el concurso de la música y letra que captura mejor la esencia de ser mexicano.
Los españoles de plano le quitaron la letra a la Marcha Real. Nadie se identificaba ya con la versión carlista: …Guerra al perjuro/traidor y masón/que con su aliento impuro/hunde la nación. Tampoco era del agrado popular la versión de 1928 de Don José María Pemán, que fue el himno franquista: ¡Triunfa España! /Los yunques y las ruedas/canten al compás/nuevos himnos de fe. La versión republicana de la guerra que hizo Pemán, que se cantaba en los colegios de republicanos exiliados en México, nunca fue oficial. Diversos intentos de nuevas letras, del presidente Aznar y del Comité Olímpico Español de 2007, tampoco lograron consenso como versión oficial.
Me horroriza que nosotros ni siquiera nos planteemos hacer lo mismo. Es espeluznante, tanto como los que hoy piensan que el clarín con su bélico acento/los convoca a lidiar con valor.