Días de sangre en una isla sin pan

Diana Delgado Cabañez · 6 de marzo de 2026

Días de sangre en una isla sin pan

Hay que pensar en la sangre. En la que baja cada veintiocho días, puntual o a destiempo, en un lugar donde falta el pan y falta la luz, pero donde sobre todo falta lo que ninguna lista oficial de donaciones anota primero.

En el corazón de la colonia Roma existe un territorio donde el asfalto fue derrotado por la clorofila. El Huerto Roma Verde huele a albahaca, a lavanda y a tierra húmeda. En el fondo, una oficina de madera que suele ser espacio de bioconstrucción sirve hoy como una bodega desbordada de pasta de dientes, comida para perros y toallas menstruales. Desde que el gobierno de Donald Trump intensificó el bloqueo contra Cuba, los acopios en Ciudad de México no han parado de salir: llevan latas de atún, cobijas, antibióticos. Pero en este jardín urbano, Laia Cerqueda y Mariela Ayala preparan un envío distinto para una misión transcaribeña.

Mariela, de Amor Primal Partería, conoce el cuerpo de las mujeres desde adentro, sabe cómo se abre, cómo sangra y cómo se cura. Juntas trabajan en Despiertas Escuela, proyecto que creó la Weycup, una copa menstrual. La idea de este recipiente de silicona que recolecta el flujo no es nueva —se patentó en los años treinta y se popularizó hace apenas una década como bandera ecológica—, pero en manos de ellas se vuelve una herramienta de guerra contra la escasez.

Menstruar en Cuba hoy es una gestión de la precariedad. Las toallas sanitarias desaparecieron casi por completo de las tiendas; cuando llegan, son pedazos de papel que se deshacen entre las piernas, dejando una estela de incomodidad y estigma. El desabastecimiento empuja a las mujeres al uso de trapos de tela o algodón industrial, materiales que lastiman y multiplican el riesgo de infecciones.

La copa menstrual es una forma de resiliencia. A diferencia de la toalla que se agota y contamina, la copa es un capital. Una sola unidad enviada desde este huerto puede liberar a una mujer de la preocupación por su periodo durante diez años. Una década de autonomía.

menstruación Cuba

Laia y Mariela quieren entregar dignidad. El plan es ambicioso y los números aprietan: necesitan alrededor de 400 mil pesos para el objetivo completo y apenas rondan los 90 mil, pero la red se expande. Desde Venezuela, la marca Ama Cup prepara un lote de 616 copas, mientras que Despiertas ya puso de su propia cosecha 416 copas menstruales WeyCup para la donación de kits menstruales a Cuba.

Hay que pensar en la sangre. El reloj corre y las cajas se acumulan. No saben exactamente con cuánto se irán, pero saben que el 21 de marzo aterrizarán con lo recolectado. En el corazón de la colonia Roma se gesta una revolución que no utiliza balas, sino silicona y tela.