blogeditor · 12 de septiembre de 2016
“Los gobiernos necesitan pastores y carniceros”.
Voltaire
Hagan un ejercicio que hice ayer: relájense, tómense su té verde y cierren los ojos. A continuación pongan su mente en blanco e imagínense lo que está pasando en ese momento en los Pinos. Sí, Enrique Peña Nieto está ahí. Sí, es el presidente. Es irreal, surreal, contra natura. Invita a pensar en tu vida, en lo que haces en México, en por qué estás aquí o ahí, sentado o parado, en por qué trabajar por este país la mayoría de las veces no te retribuye nada, en por qué pagar impuestos, en por qué no organizar una marcha que proteja a tu familia de la diversidad de pensamientos; sí, ser un activista. No, hay que pagar la renta, la gasolina o el transporte, la comida…
Ahora después de hacer ese ejercicio, analicemos la siguiente frase: “los mexicanos tienen a los gobernantes que se merecen”. Si quieren reemplacen “gobernantes” por televisión, cine, periodistas, historiadores, sacerdotes, etc. Todo queda bien. La idea del mal gobernante está presente como un personaje eterno en nuestra historia. El problema es que no todos “los mexicanos” (nos damos la licencia para hablarnos como un conjunto) nos pondríamos de acuerdo en quienes son esos malos o buenos gobernantes.
¿No están hartos de tener que lidiar con los fans de los partidos políticos? ¿De los bots, de tus amigos del face que se la pasan posteando los artículos manipulados por los mismos políticos para santificarse o denotar sus opiniones llenas de hipocresía, de baños de pureza, de debates sin lógica, de la política casera?
¿Entonces la frase “los mexicanos tenemos el gobernante que nos merecemos” es una especie de resignación o castigo? ¿Los mexicanos elegimos a nuestros gobernantes de manera errada? ¿Uno puede simplemente equivocarse en una elección? ¿La elección no es un acto de preferencias y popularidad, y por lo tanto subjetiva, y en eso no caben simples “errores” sino pesan otros factores más importantes, como la manipulación mediática o el contexto social?
¿O será que los mexicanos debemos ser castigados por haberlos elegido? ¿Debemos serlo por ir la mayoría de las veces a votar pensando en nuestros intereses de grupo, ya sea político o económico, pero no en el conjunto del país? ¿Debemos ser castigados por no hacer un voto de conciencia, por votar por el mal menor pensando que es la única salida, cuando un abrumador voto en blanco bastaría para remecer las bases de nuestra débil democracia y espantar a más de un político, tal cual sucede en el magnífico Ensayo de la lucidez de José Saramago? ¿Es como el huevo y la gallina o en realidad sí hay una salida para que las siguientes elecciones haya un candidato de calidad en medio de una sociedad conformista y de una política mediocre?
Yo lo escribí algún día: “Nosotros hacemos los chistes y los políticos son los que se ríen de nosotros”, porque mientras existen infinidad de críticas y chistes y quejas, los gobernantes manejan los hilos como mejor les conviene, sin importar lo que pensemos y lo mucho que expresemos nuestra desilusión.
Se me ocurre que sí pues, los mexicanos tenemos a los gobernantes que nos merecemos y no por votar por ellos, sino por no hacer nada por sacarlos de una patada del trono presidencial.